UN ANÁLISIS DE LA REPRESENTACIÓN: EL DRAMA DE
LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA SEGÚN CAPA
Autor: Francisco Javier Valera Bernal
Profesor de Enseñanza Secundaria
Correo electrónico: [email protected]
ESPAÑA EN GUERRA. EL
DRAMA SEGÚN CAPA:
ANÁLISIS DE LA
REPRESENTACIÓN,
PROYECTADA A TRAVÉS
DE IMÁGENES FIJAS.
Se llamaba realmente Endre
Friedmann y había nacido en Budapest
en 1913. Este fotógrafo, que quería
reflejar
los
sentimientos
y
las
emociones, cubrió como reportero, la
resistencia republicana a la rebelión del
general Franco, en una guerra civil que
iba a traer muerte, horror, soledad,
hambre, miseria y desolación, y una
herida que se abriría para mucho
tiempo.
Los reflejos de esos hechos, las
consecuencias en las personas y en la
sociedad, sobre todo en el bando que él
eligió, quedan representadas en sus
imágenes fijas, a través de una cámara
que miraba para captar una situación y
que serviría de vía de información de lo
que allí estaba ocurriendo.
A Capa le preocupaba la lucha de
los ciudadanos por sobrevivir en
los vecindarios, constantemente
bombardeados, de la clase media
y baja. El aspecto físico y moral
de los personajes se muestra con
realismo en sus fotografías.
¿Qué realidad ha captado el
autor?: la guerra. ¿Cómo la
quiere representar?: como un
horror, porque él odiaba la
guerra.
La representación de las actitudes de los
personajes alcanza en Capa significados afectivos,
a través de gestos -niños jugando a la guerra-,
miradas de miedo -madre que mira al cielo-, y
retratos psicológicos -brigadista.
Lo auténticamente dramático es que las actitudes
captadas por la cámara eran lo cotidiano.
Los escenarios de Capa
son la realidad, son el
entorno de la guerra y
de lo que ésta significa,
destacando el campo de
batalla, las ciudades, los
barrios, las aldeas, los
campos, las estaciones y
los
caminos,
sí,
los
caminos de la muerte y
del exilio.
El juego de líneas diagonales buscando el
movimiento, sus planos profundos en perspectiva,
sus expresivas angulaciones de cámara y sus luces
duras, pretenden crear composiciones al servicio de
un centro de interés único: los personajes.
Su manejo de los recursos temporales es magistral,
intentando dejar una huella de la historia y tratando
de congelar la muerte.
El predominio del lenguaje visual es
evidente y las ilustraciones de las
imágenes,
añadidas
posteriormente,
ejercen funciones de anclaje o de relevo.
Lo único a destacar es la función de
anclaje del texto escrito en el vagón,
que refuerza vivamente el significado
simbólico, ideológico y político de los
puños levantados de los soldados en el
tren.
Defiende los postulados de izquierda de la
República
española,
pero
desde
una
perspectiva humanitaria, solidaria y realista.
Sus representaciones desprenden ideología,
pero no es menos cierto que se desprende
más realismo cuando muestra a una sociedad
que se destroza y se mutila.
Odiaba la guerra y murió cuando sólo tenía
cuarenta años al pisar una mina terrestre en mayo
de 1954, mientras cubría las guerra de Indochina.
Acompañaría así a su novia, Gerda Taro, que
moriría aplastada por un tanque en julio de 1937
en la guerra española. Ambos murieron en su lugar
de trabajo, ambos sufrieron también la guerra y a
ambos los separó la guerra porque, "tristes guerras
si no es amor la empresa y tristes armas si no son
las palabras..." (Miguel Hernández).
Francisco Javier Valera Bernal
1999
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El drama de la guerra civil española según CAPA