¿Quién fue María?
Fue una mujer judía de Nazaret.
Vivió entre finales del siglo I antes de Cristo y la
primera parte del I siglo desluces de cristo,
según la narración del Nuevo Testamento.
María es mencionada por su nombre por
primera vez al escribirse el evangelio según San
Marcos.
Los evangelios hacen aparecer a María cuando
narran la concepción de Jesús. Según lo que
narran se puede ver que María en ese momento
era prometida de José de Nazaret, quien era
carpintero.
María y una profecía de sufrimiento.
Con motivo de la presentación de Jesús en el Templo para dar cumplimiento a la
ley que ordena que todo hombre, ha de ser consagrado al Señor, se produce un
nuevo signo de inseguridad para María. Simeón reconoce en el hijo de María la
salvación, luz para iluminar a los buenos y gloria del pueblo de Dios, Israel.
María, durante la
adolescencia de Jesús
Después de sufrir la pérdida de su hijo en el
Templo y de haberlo buscado durante tres días,
al encontrarlo María le pregunta: «Hijo, ¿por qué
te has portado así con nosotros? ¡Mira, tu padre
y yo, angustiados, te andábamos buscando!» La
expresión deja traslucir el dolor y la
preocupación de una madre, que incluso habla
en nombre de José, lo que remarca la gran
personalidad de María.
María: la que guardó y cumplió
las palabras de Jesús
Es de notar que esta segunda frase no sólo se refiere a
la respuesta dada por Jesús en el Templo a los doce
años, sino que es razonable extenderla a todo lo que
Jesús le dijo en los diálogos que con ella tendría durante
los años que pasó junto a sus padres. También es claro
que el evangelista señala que María conservaba esas
palabras a pesar de que ni ella ni José habían entendido
la respuesta de Jesús en el templo: que «convenía que
él se ocupara de las cosas de su Padre». Juan de
Maldonado comenta que no podía María dejar de
comprender que Jesús llamara a Dios «su Padre», ni
tampoco podía resultarle extraño que él se considerara
obligado a ocuparse de las cosas de Dios. Lo que María
aún no comprendía era «a qué cosas llamaba Jesús las
cosas de su Padre: de enseñar primero a los hombres, y
luego de morir por ellos».
María durante el ministerio público de Jesús.
Durante el ministerio público de Jesús, María aparece mencionada en los Evangelios
como "su madre", una situación especial que no pertenece a ningún otro miembro de la
comunidad. «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» exclamó una
voz entre la muchedumbre, y siguen ahora exclamando los cristianos. Como se
señalará más adelante, se suele poner particular relieve en la virginidad de María, en su
concepción inmaculada o, sobre todo, en su maternidad divina. Jesús respondió:
«Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Cristo no dice
que haya otros seres más dichosos que su madre. Lo que sí afirma es que la razón
principal de la bienaventuranza de María consiste, no sólo en haber concebido al Hijo
de Dios, sino en haber escuchado su palabra y haberla puesto en práctica, en haber
creído en él, de la misma forma que lo había señalado antes Isabel: "Feliz de ti por
haber creído”.
Mayo, mes de María.
El mismo sentimiento que había inspirado a los servidores de María a honrarla cada día
mediante prácticas, cada semana con la devoción del sábado, cada mes por la
celebración de alguno de sus misterios, los ha llevado, en los últimos tiempos a
consagrarle cada año un mes entero. Y para ello han elegido el más bello de los
meses, mes en el que no había ninguna fiesta particular. La Iglesia ha alentado esta
devoción hacia la Santísima Virgen. Por dos rescriptos, del 21 de marzo de 1815 y del
18 de junio de 1822, Pío VII concede las indulgencias siguientes, aplicables a las almas
del Purgatorio.
Influencia de María en la vida de la Iglesia.
1. Después de haber reflexionado sobre la dimensión mariana de la vida eclesial, nos
disponemos ahora a poner de relieve la inmensa riqueza espiritual que María
comunica a la Iglesia con su ejemplo y su intercesión.
Ante todo, deseamos considerar brevemente algunos aspectos significativos de la
personalidad de María, que a cada uno de los fieles brindan indicaciones valiosas para
acoger y realizar plenamente su propia vacación.
María nos ha precedido en el camino de la fe; al creer en el mensaje del ángel, es la
primera en acoger, y de modo perfecto, el misterio de la encarnación. Su itinerario de
creyente empieza incluso antes del inicio de su maternidad divina, y se desarrolla y
profundiza durante toda su experiencia terrenal. Su fe es una fe audaz que, en la
anunciación, cree lo humanamente imposible, y en Caná impulsa a Jesús a realizar su
primer milagro, provocando la manifestación de sus poderes mesiánicos.
María educa a los cristianos para que vivan la fe como un camino que compromete e
implica, y que en todas las edades y situaciones de la vida requiere audacia y
perseverancia constante.
2. A la fe de María está unida su bondad a la voluntad divina. Creyendo en la palabra
de Dios, pudo acogerla plenamente en su existencia, y mostrándose disponible al
soberano designio divino, aceptó todo lo que se le pedía de lo alto.
Así, la presencia de la Virgen en la Iglesia anima a los cristianos a ponerse cada día a
la escucha de la palabra del Señor, para comprender su designio de amor en las
diversas situaciones diarias, colaborando fielmente en su realización.
3. De ese modo, María educa a la comunidad de los creyentes para que miren al futuro
con pleno abandono en Dios. En la experiencia personal de la Virgen la esperanza se
enriquece con motivaciones siempre nuevas. Desde la anunciación, María concentra las
expectativas del antiguo Israel en el Hijo de Dios encarnado en su seno virginal. Su
esperanza se refuerza en las fases sucesivas de la vida oculta en Nazaret y del
ministerio público de Jesús. Su gran fe en la palabra de Cristo, que había anunciado su
resurrección al tercer día, evitó que vacilara incluso frente al drama de la cruz; conservó
su esperanza en el cumplimiento de la obra mesiánica, esperando sin titubear la
mañana de la resurrección, después de las tinieblas del Viernes Santo.
En su arduo camino a lo largo de la historia, entre el ya de la salvación recibida y el
todavía no de su plena realización, la comunidad de los creyentes sabe que puede
contar con la ayuda de la Madre de la esperanza, quien habiendo experimentado la
victoria de Cristo sobre el poder de la muerte, le comunica una capacidad siempre
nueva de espera del futuro de Dios y de abandono en las promesas del Señor.
Páginas visitadas.
http://www.corazones.org/maria/ensenanza/influencia_vida_igle
sia.htm
http://www.aciprensa.com/Maria/primerdia.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa
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