Ascenso y descenso se necesitan mutuamente.
Ascenso para celebrar y gozar los avances de la fe.
Descenso para afirmar la fe en medio de la vida.
“Sólo puede avanzar en el reino de Dios
quien ama la tierra y a Dios en un mismo aliento.”
D. Bonhoeffer
Marcos 9, 2-10 // Segundo domingo de Cuaresma –B- // 8 marzo 2009
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago
y a Juan, los llevó a solas a un monte alto y se transfiguró ante
ellos. 3 Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador,
como ningún batanero del mundo podría blanquearlos. 4 Se les
aparecieron también Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
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Jesús los lleva a un monte, lugar clásico de una revelación importante. Ellos le
acompañan sin saber muy bien dónde van ni para qué.
La luminosidad de la Transfiguración es anticipo de la gloria del Resucitado;
una gloria que, sin embargo, no evita la dureza del camino.
Elías y Moisés –los profetas y la ley- representan la historia y el significado
del pueblo de Jesús. Historia que tiene en Jesús su cumplimiento pleno.
Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
–Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Vamos a hacer tres tiendas: una para
ti, otra para Moisés y otra para Elías.
6 Estaban tan asustados que no sabía
lo que decía.
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Camino a
jerusalén
A los discípulos no se les pide que se queden
obnubilados contemplando algo inaudito,
sino que sigan el camino emprendido a Jerusalén.
Enseñanza válida para [email protected] [email protected] de todos
los tiempos.
La experiencia religiosa no supone huida de la
vida, sino encarnación en ella, con nuevo ánimo
y con un rostro alegre y transfigurado.
¿Qué transfiguración de la realidad aporto?
¿Qué luz desprende mi encuentro con Dios?
¿A qué muero para que nazca el Reino?
Vino entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz desde
la nube:
–Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.
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“Nube” para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría,
bendición... Siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia
y la compañía gratificante de Dios.
El Padre da testimonio a favor de su Hijo. Confirma que el camino que sigue
y enseña es el adecuado y lo pone como norma de vida y seguimiento para [email protected]
Contemplar a Jesús, escucharle , estar [email protected] a la vida de quienes peor lo pasan
nos conducirá a las respuestas que Dios espera de [email protected]
De pronto, cuando
miraron alrededor,
vieron sólo a Jesús
con ellos.
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Él siempre está cerca, nos quita todo temor, se queda con [email protected],
le podemos ver, oír y sentir.
A [email protected] nos regala, en nuestro camino, momentos de transfiguración.
Momentos que nos ayudan a fortalecer la fe, a activar la esperanza,
a encender el amor, a disipar dudas, a no caer en la rutina y el desánimo,
a descubrir la solidaridad.
Momentos de plenitud que nos hacen gustar las primicias del Reino.
El encuentro con Él nos transfigura.
Al bajar del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que
habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de
entre los muertos.
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Todo pasa en un instante. Lo suficiente para recobrar fuerzas y razones y no
apartarse de Él.
Jesús no quiere que se divulgue su mesianismo hasta que vea los ánimos preparados.
Sólo a la luz de la resurrección será posible comprender la transfiguración en todo
su alcance y profundidad.
Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí
sobre lo que significaría aquello de resucitar de entre los
muertos.
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Al comenzar el camino de la cruz, Jesús ya nos propone el destino último
de este camino: su gloria y la nuestra.
La entrega y la muerte tienen sentido: conducen a la resurrección, a la vida plena.
La luz vence a las tinieblas.
[email protected] podemos celebrarlo ya.
¿Qué quiere decir para mí “resucitar de entre los muertos”?
La brisa que alienta todas mis horas,
la lluvia que empapa mis células,
la luz que ilumina mi caminar,
el fuego que acrisola mi vida entera.
La nube que me acompaña de día
y de noche,
el perfume que penetra por todas
las rendijas,
el techo que me cobija de toda inclemencia,
eres Tú.
Tú, la mano que sostiene,
la sonrisa que relaja,
el rostro que serena,
el regazo que acoge, Tú.
Tú has puesto en lo más íntimo de mi ser
el anhelo de vivir y de gozar,
el deseo de abrir mi corazón,
de contemplar la amplitud del mundo,
de conocerte más y más,
de estar en silencio... Contigo.
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Cuaresma II domingo -B- 8-3-09