El evangelio de esta semana junta dos aspectos de gran relevancia. Primero,
presenta una de las condiciones más difíciles para toda organización y en particular para
los grupos o instituciones eclesiales: la tolerancia. Y segundo, señala que la ruta hacia la
plenitud se decide aquí en la tierra, pasando obligatoriamente por la felicidad del otro: no
ser causa de hundimiento de nadie.
La tolerancia es mucho más que una cierta actitud permisiva respecto a situaciones o
personas. Qué fácil resulta estar a gusto con los que tenemos cierta afinidad, con los
que hacen nuestra misma ruta, con quienes son de nuestro grupo. Pero qué difícil hacer
la ruta con los que no pertenecen a nuestro grupo, con los distintos, y mucho más con
los que resultan ingratos o adversarios.
Ante la actuación tan empobrecedora de los discípulos frente a los que no son de su
círculo de pertencia, Jesús ha respondido de modo muy firme: “No le impidan a nadie
hacer el bien. Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor”. Jesús conoce muy bien
lo pernicioso de los grupos cerrados, dado que terminan haciéndose arrogantes,
excluyentes, mezquinos e intolerantes. Terminan viviendo para sí mismos, en cuyo seno
no puede haber vida, sino muerte.
[  ]
La relación que surge de conjuntos excluyentes sólo se extiende a los miembros de esos
conjuntos y en cuanto son miembros. Así como la satisfacción que pudiera darse en esos
grupos, también se extiende solamente a aquellos en los que se encuentra tal satisfacción y en
cuanto se la encuentra (Cf. P. Trigo). Claramente que estos tipos de grupos disfrutan de la
mutua complacencia y del espíritu de cuerpo. Pero nada de esto tiene que ver con la
compenetración humana y mucho menos con la comunión.
La máxima, “quien no está contra nosotros, está a nuestro favor”, no se reduce a la
simple amplitud, tan vital para cualquier organización, y cuánto más para los hombres y mujeres
que nos consideramos miembros de la Iglesia. Sino que se convierte en criterio de
discernimiento para toda nuestra actuación cuando nos decidimos a responder
auténticamente a los retos tan complejos de nuestro mundo, donde necesitamos sumar
esfuerzos, convocar voluntades y crear puentes para el diálogo.
Discernir lo que está o no a favor de lo que hacemos por el bien del mundo pasa
necesariamente por la tolerancia, la alteridad, la inclusión y la valoración recíproca. Los
tiempos actuales exigen una conexión interactiva que se concreta en vínculos frecuentes y
estrechos. Es casi imposible no estar permanentemente entre otros formando con ellos
múltiples redes. Por eso mismo hace falta tener un alto grado de benevolencia hacia los demás,
para que la vida no se vuelva un infierno.
[  ]
La segunda parte de este evangelio nos ofrece una consigna cargada de simbología: “córtate
la mano, córtate el pie y sácate el ojo, si te son ocasión de pecado; es preferible entrar manco, cojo y
tuerto al Reino, a la Vida, que ir a parar con todos tus órganos a la más profunda infelicidad”. No ser
causa o motivo de hundimiento de nadie es un aspecto de la vida y de la convivencia humana
que amerita especial cuidado.
El evangelio tan sólo nombra tres órganos del cuerpo humano: la mano, el pie y el ojo. Pudiera
haber señalado otros tantos, sin embargo con los indicados basta para hacer referencia a la
condición de auto-sustentación de la persona, es decir, al valerse por sí mismo.
Valerse por sí mismo es uno de los aspectos más importante en toda persona. Y eso mismo
sirve de cara a nuestra actuación hacia los demás. A quien se convierta en fuente de tropiezo, de
infelicidad y destrucción de otra persona, “más le valdría que le pusieran al cuello una de esas
enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar”. Porque lo más radical del hombre es convertirse
en posibilidad de felicidad y realización para los demás, y en consecuencia, para sí mismo. De
ahí que Jesús proponga la felicidad del otro como condición indispensable para nuestra salvación.
La simbología del “córtate la mano, córtate el pie y sácate el ojo, si te son ocasión de pecado”
nos está invitando al continuo ejercicio de evitar en todo momento las múltiples maneras de herir
a otras personas, y a promover incansablemente actitudes que generen fraternidad, sanación
mutua y comunión.
[  ]
En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: Hemos visto a uno que expulsaba a los
demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos. Pero Jesús le
respondió: No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que
luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a
nuestro favor.
Todo aquel que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo,
les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría
que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.
Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la
vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu
pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que
con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado,
sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos
ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Palabra del
Señor.
[  ]
Al final,
rezo el Padrenuestro,
saboreando cada palabra.
[]
Me sereno para esta cita con Dios.
Me acomodo con una postura que implique todo mi ser.
Al ritmo de la respiración doy lugar al silencio.
[ Una y otra vez repito este ejercicio ]
[  ]
NOTA: La oración preparatoria me ayuda a experimentar libertad de
apegos. La repito tantas veces como quiera, dejando que resuene en mí.
NOTA: Este paso merece hacerlo con esmero. Le dedico unos 10 minutos.
[ Sigo adelante  ]
Señor,
que en todo momento
seamos beneficiosos para los demás.
[]
Cuánto lograríamos si nos atreviéramos a tocar a todos
con mano de amistad, de apoyo y fraternidad
 Que nunca nos invadan amarguras por los
triunfos ajenos, ni durezas de corazón
frente a quien nos resulta extraño. Porque
unas manos retiradas y ausentes del otro
destruyen el bien al despreciar la amistad
que sólo nace de la confianza.
 Al contrario, que nuestra alegría brote
serena y gozosa ante lo bueno que
experimenta la gente y en especial
aquellas personas que nos resultan
ingratas.
[]
Cuánto favorecería que nuestros pasos se dirigieran
al necesitado, al pobre y al que está distante
 Que no nos dominen los prejuicios, ni
nos acobarden los retos, ni mucho
menos nos mueva el inconfesado
deseo de aplastar al adversario o
enemigo. Porque unos pasos
andados sobre la infelicidad ajena,
mata la belleza de la humanidad,
matando así la esperanza.
 Al contrario, que sintamos la energía
que produce unas sendas transitadas
junto a muchas personas.
[]
Cuánto ayudaría mirar a todas las personas
con mirada de inclusión, reconocimiento y benevolencia
 Que no nos devore la envidia, ni la
arrogancia, ni vivamos en el
sectarismo mezquino que niega
cabida a los que no son de nuestro
grupo o de nuestro parecer. Porque
una mirada que solo ve lo suyo y a
los suyos, tuerce la verdad al perder
la perspectiva que nace del amor.
 Al contrario, que nuestra mirada sea
capaz de rehacer siempre todas las
cosas.
[]
APRENDERÁS
Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y
socorrer a un alma... Y aprenderás que compañía no siempre significa
seguridad... Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada
al frente, con la gracia de un adulto y no con la tristeza de un niño... Aprenderás
que hablar puede aliviar los dolores del alma...
Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos
destruirla, y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto
de la vida... Aprenderás que las verdaderas amistades continúan creciendo a
pesar de las distancias... Y que los buenos amigos son la familia que nos
permitimos elegir... Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si
estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian... Descubrirás que muchas
veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre
debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos
seguros de cuando será la última vez que las veamos...
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen
influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que
hacemos... Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los
demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar... Descubrirás que lleva
mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto...
Aprenderás que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad,
porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos
lados... Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica. Descubrirás que
algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea
una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene que ver más con lo
que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos. Aprenderás que
hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se
debe decir que los sueños son tonterías, porque estarás matando la esperanza...
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no
te da el derecho de ser cruel... Descubrirás que solo porque alguien no te ama de
la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque
hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo... No siempre
es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a
perdonarte a ti mismo... Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas,
también serás juzgado y en algún momento condenado...
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo
tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que
alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes
soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas
cuando creías que no se podía más. Es que realmente la vida vale cuando tienes
el valor de ¡enfrentarla! (William Shakespeare).
[ Comienza el Cierre de la oración ]
Para centrar la experiencia vivida en la Oración,
respondo en forma sencilla las siguientes interrogantes:
[ Termino con la oración siguiente  ]
Descargar

Diapositiva 1