Ejem
plo
de
vida
cristi
ana
Encuentro con Don Bosco
Compañía de la Inmaculada
En los años que Domingo Savio estuvo en el Oratorio estaba reciente
la proclamación del dogma de la Inmaculada. Este hecho y la
devoción que se tenía a María, motivaron a Domingo a dar el nombre
de Compañía de la Inmaculada a un grupo de amigos que se reunían
para ayudarse y hacer el bien.
Entre los compromisos que adquirían los miembros de esta Compañía
estaban la frecuencia de los sacramentos, procurar imitar a Jesús, y el
acercarse a los compañeros menos ejemplares para tratar de ayudarles a
mejorar. Domingo Savio supo escoger a los mejores compañeros para la
Compañía de la Inmaculada, justamente los mismos en quienes Don Bosco se
fijó después para invitarles a ser los primeros salesianos.
Sus últimos días
En los últimos días que Domingo pasó en su
casa, recibió la visita del párroco y estuvo
charlando con él durante un buen rato. Sus
últimas palabras fueron: No lloréis, yo veo
ya al Señor y a la Virgen que me esperan con
los brazos abiertos.
Y con estas palabras expiró tranquilamente.
Eran las diez de la noche del lunes 9 de marzo
de 1857. Domingo tenía 14 años y once meses.
Al día siguiente, su padre escribió a Don Bosco
comunicándole la muerte del hijo y los últimos
momentos de su vida. Cuando llegó la noticia al
Oratorio todos la recibieron con sentido dolor.
Don Bosco se lo comunicó a los chicos y les
recomendó vivamente que lo tomaran como
modelo.
La fama de la santidad
Esta fama no sólo la tenía dentro del Oratorio y en los ambientes salesianos, Domingo era
reconocido como santo, invocado y venerado por muchos fieles, su imagen estaba en
muchos hogares. A la familia le llegaban peticiones de algún objeto que hubiese
pertenecido a Domingo. Su hermana Teresa cuenta cómo tuvieron que repartir todos sus
objetos entre los chicos del Oratorio que llegaban a visitar la tumba de Domingo.
Y la familia se sentía orgullosa de ser reconocida como los parientes del niño santo.
La fama de santidad de Domingo aumentaba con el tiempo porque respondía a las
invocaciones que se le hacían.
Con esto, Domingo no hacía más que continuar lo que ya había iniciado en vida: ser
un hilo conductor de la gracia de Dios para todos los que le rodeaban.
El entusiasmo y simpatía por la figura de Domingo Savio fue también compartido por
los Papas. Con gran alegría y sin ahorrar elogios para el «pequeño gigante de la
santidad » Pío XI le declaró Venerable el 9 de julio de 1933, Pío XII lo proclamó Beato
el 5 de marzo de 1950, y Santo el 12 de junio de 1954. Muchos miles de adolescentes
llenaban la Plaza de San Pedro y aplaudieron con fuerza al primer santo de 15 años.
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