Quién
fue
San
Pedro
Claver
Pase de diapositivas manual
Pedro Claver ha pasado a la historia con el sobrenombre
de “el esclavo de los negros”. Vivió en Cartagena de Indias,
principal puerto de la recién descubierta América del Sur.
Dedicó su vida a defender y ayudar a los esclavos que cazaban
los “negreros” en Africa, para venderlos en América como si
fueran ganado.
“Después de la vida de Cristo –dijo el papa León XIII- ninguna
vida me ha conmovido tanto como la de San Pedro Claver”.
Nació en Verdú (Lérida) en 1580, el menor de 5 hijos de una
familia de labradores acomodados. Su madre murió cuando él
tenía 13 años. De su juventud, apenas se puede señalar nada
especial. Fue un chaval normal.
Recordaba mucho a su madre y las palabras que le solía repetir:
“Dios te dirá lo que tienes que hacer”.
Y también: “Tú sé bueno y no sueñes con ser muy rico. Piensa
más bien en ser como los santos…”
Empezó a pensar en hacerse cura y, para poder estudiar, su
padre le mandó con 16 años a casa de sus tíos de Barcelona.
Tuvo que esforzarse mucho, porque en el pueblo no se estudiaba
gran cosa y los jóvenes de la ciudad sabían más que él.
Desde su ventana veía todos los día la casa de los jesuitas. Y le
fueron entrando poco a poco ganas de ser como ellos: “Siempre
que podía me iba allí para hablar con ellos. Y decidí estudiar muy
duro para conseguir que me admitieran como jesuita”.
A los 22 años se hace por fin jesuita “decidido –como él mismo
escribió- a hacer sólo lo que hacía Jesús: ayudar a los hombres,
sin miedo al cansancio ni al sufrimiento, ni siquiera a la muerte”.
En 1605 le destinaron al colegio “Montesión”, de Palma de Mallorca,
donde entabló gran amistad con el hermano portero, el que más
tarde sería San Alonso Rodríguez.
Pedro siempre llamó al hermano Alonso “su maestro”.
El Hermano Alonso no había podido conseguir lo que siempre soñó:
ir de misionero a las jóvenes tierras de América. Todas las noches
hablaba un ratito con Pedro y, poco a poco, le fue inculcando la idea
de que él sí podría realizar ese gran sueño misionero…
Y en 1610, Pedro consiguió su sueño: el destino a América, tenía
30 años. Partió de Sevilla para Cartagena, de donde ya no
regresaría. Durante el viaje empezó a ayudar en el mismo barco:
hizo de enfermero y hasta de cocinero para la gente más pobre.
En una libreta llevaba los consejos que le había dado el hermano
Alonso: “No pienses en hacer más que lo que hizo Jesús”. “Si te
insultan o se ríen, piensa que así te parecerás más a Jesús”. Etc.
En Cartagena, conoció a otro gran hombre, el P. Sandoval, que
se dedicaba a atender a los negros que llegaban de África como
esclavos. A Pedro le nombraron su ayudante. Pero al año
siguiente, destinaron a Sandoval al Perú y Pedro se quedó solo.
Y allí va a permanecer durante 40 años. Las cosas no le iban a
resultar fáciles. “Si fueran fáciles se harían solas” –solía decir. Y
es que no disponía de medios materiales, ni le iban a comprender
su labor muchas personas ricas e influyentes…
Habitación de
Pedro Claver que
se enseña en
Cartagena.
Vivía en una habitación muy pobre y humilde. Desde su ventana
podía contemplar el mar y las naves de los negreros cuando se
iban aproximando a la costa. Era su observatorio estratégico.
En cuanto llegaba un barco “negrero”, Pedro saltaba a cubierta y les
consolaba y curaba, repartiéndoles también fruta y alimentos… Los
esclavos no podían entender: ¡unos blancos los cazaban y ahora
venía otro para ayudarles y consolarles… !
Para poder comunicarse con ellos, aprendió la lengua de Angola y
usaba intérpretes para otras lenguas.
Sin embargo, la lengua en la que mejor se hacía entender era la del
cariño y la acogida.
Lo de los esclavos era un negocio redondo, pero “terrible”:
comerciantes europeos sin escrúpulos, cazaban en África a los
negros como si fueran animales, los amontonaban en bodegas de
sus barcos y los llevaban a América para vender en los mercados.
Algunas personas se oponían, y protestaban ante las autoridades
por la existencia del mercado de esclavos; pero otros decían que
los negros no tenían alma y que no eran personas…
Pedro decidió defenderlos costara lo que costara: “¡Qué más
quisiera yo que poder liberarlos a todos! Pero no puedo hacerlo”.
Empezaron a denunciarle ante el obispo y las autoridades, hasta
intentar incluso que se le prohibiera hablar con los negros.
Iglesia y casa de
Pedro Claver
en Cartagena (Colombia)
En Cartagena, Claver es acusado de contaminar la iglesia con los
negros. Muchos ricos y poderosos de la ciudad le desprecian y le
denuncian, pero él no se inmuta. Se ha trazado un camino y piensa
seguirlo hasta la muerte.
Cartagena de Indias
Unas señoras devotas protestan: “los negros dan mal olor y se pierde
la devoción. Sería mejor una capilla aparte para ellos”. Pedro Claver
les contesta: “Mis negros están lavados con la sangre de Jesucristo,
y son hijos de Dios con los mismos títulos que lo sois vosotras”.
Consiguió al menos que ningún esclavo saliese de la ciudad de
Cartagena sin haber sido instruido y bautizado por él. De este
modo, reconoció haber bautizado a no menos de trescientos mil.
La ceremonia del bautismo se hacía con mucha solemnidad y
quedaba grabada en la mente de los negros. Sabía que una
buena representación o una buena imagen era el mejor método
de enseñanza para poderse comunicar con ellos.
Se hizo célebre un enorme cuadro con Jesús en la Cruz. Un
sacerdote recogía su sangre y la echaba sobre un negro arrodillado.
En la parte inferior, había dos grupos de negros: unos limpios y
sonrientes, y otros sucios y tristes sin bautizar… Eran sus métodos…
Pero por encima de todos estos métodos, se hacía entender a
través de la bondad y el cariño que ponía en atenderles. Y ése
era el mejor argumento y el que más les convencía.
Con los blancos era serio y con los negros muy cariñoso.
Como tenía fama de santo, todo el mundo quería confesarse con
él. Algunas grandes damas no querían esperar y se “colaban” en la
fila de los negros; salía Pedro Claver y las mandaba a la cola.
Había muchas enfermedades contagiosas y Pedro atendía a
todos, negros, blancos, incurables… También a los condenados
a muerte, y otros marginados…
Cuentan que solía extender su capa para que se recostara gente con
llagas, mientras les hacía la cama. Luego se la vestía, y no era raro
que la tuviera que lavar varias veces al día. La gente decía que
aquella capa, en lugar de oler mal, despedía un perfume especial…
A un negro llagado a quien
nadie socorría por lo
repugnante de su aspecto
y olor, lo visitó cuatro
veces al día durante
muchos meses. A otro
hermano negro lo acogió
en su propio aposento, con
escándalo de los de casa,
y le cedió su propia cama
hasta que le encontró otro
acomodo confortable.
Al fin, sucumbe también él y
cae víctima de una parálisis
rara, desconocida. Es la
última prueba.
Sufre porque no puede
visitar a sus enfermos... y a
los esclavos. Y Pedro Claver
pasa así cuatro años
impedido, sin poderse
mover.
El día 6 de septiembre de
1654 corre por la ciudad
una noticia: el Padre Claver
se está muriendo. Su
habitación se llena de
negros y de blancos. De
todas partes acude gente
que le quiere ver, que le
quiere oír por última vez,
que quiere tocar sus
manos. Así durante sus dos
últimos días.
El día de su muerte, se conmovió todo Cartagena. El puerto se
paralizó, los cañones dispararon salvas, para manifestar la
admiración por parte de todos, especialmente de los negros.
Los prodigios que
siguieron a su
muerte fueron
enseguida
abundantes.
Sin embargo, hubo
que esperar hasta
el año 1888 para
que lo declararan
santo.
San Pedro Claver:
un santo actual,
que tiene mucho que decir
al hombre moderno.
Todo un ejemplo de cómo
amar y defender al pobre y
al marginado,
ejemplo de lucha en favor
de los derechos humanos,
y de denuncia de toda
injusticia, racismo y
discriminación.
Los jesuitas, como Pedro
Claver, están presentes en
todos los rincones del mundo.
Su tarea es:
• Anunciar a Jesús y su
Evangelio
• Defender la fe y la justicia.
• Ayudar a muchos jóvenes a
crecer, para que cuando sean
mayores participen en la tarea
de hacer entre todos
¡un mundo mejor!
fin
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