PALABRAS
de
VIDA
Benedictinas Montserrat
Nuestra misión es hablar de Jesús
y tratar de vivir como Él,
entre tantas personas que creen, buscan,
esperan y aman.
Lucas 10,1-12.17-20
XIV Tiempo Ordinario –C-
Después de esto, el Señor designó a otros setenta [y dos] y los
envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares
que él pensaba visitar. Y les dio estas instrucciones: –La mies es
abundante, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de
la mies que envíe obreros a su mies.
Ante la misión, nadie está de más.
El anuncio de la Buena Noticia no puede limitarse a unos pocos ni a
determinados grupos. El encargo de llevar la Buena Nueva al mundo atañe
a [email protected] [email protected] [email protected] Las indicaciones de Jesús siguen siendo válidas;
pobreza, acogida, decisión, no violencia...
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio
de lobos. No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, ni saludéis a
nadie por el camino
El mensaje puede ser mal recibido, pero en la actitud de quien lo
comunica no puede faltar, comprensión, apertura, bondad...,
en coherencia con lo que se quiere comunicar.
Jesús nos invita a seguirle con el único equipaje que necesitó Él,
la palabra y el ejemplo.
Él no utilizó el dinero para influir ni el poder para imponer.
Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa. Si hay
allí gente de paz, vuestra paz recaerá sobre ellos; si no, se volverá a
vosotros. Quedaos en esa casa, y comed y bebed de lo que tengan,
porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en
casa.
Desear la paz, liberar, compartir vida y mesa...son modos concretos
de hacer visible la cercanía del Reino que trae salvación, rompe fronteras
y libera de todo lo que oprime o deshumaniza.
Si al entrar en un pueblo, os reciben bien, comed lo que os pongan.
Curad a los enfermos que haya en él, y decidles: Está llegando a
vosotros el reino de Dios.
Si pertenecemos a [email protected] [email protected] de Jesús, todo el mundo debe notar
que hemos comprendido el mensaje de compartir. Vivimos con plena confianza de
que Dios llevará a cabo su obra contando con nuestra disponibilidad para lograrlo.
No tener nada.
No llevar nada
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.
Solamente el Evangelio como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo, dada.
Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “más nada”!
Pedro Casaldáliga
Descargar

23 Tiempo Ordinario -C-