Son los jóvenes de la tecnología, el mundo del internet,
de las relaciones virtuales, de los juegos de computador.
Son los jóvenes de la generación “mírame” (look at me),
que ponen su imagen, sus fotografías y su información en
sitios públicos para darse a conocer. Aunque les cuesta
mucho abrir el corazón.
Son los jóvenes que aman la independencia, pero
abandonan cada vez más tarde la casa paterna.
Son los jóvenes de la provocación, a quienes les gustan
los tatuajes, pendientes, piercings y modas de colores
oscuros e intimidatorios.
Son los jóvenes que, aunque pueden tener inquietudes
espirituales, no suelen considerarse miembros de una
confesión religiosa en particular y tienden a generar un
concepto personal de Dios.
Son los jóvenes más preocupados por sus intereses,
gustos y diversiones, que por la vida política y social del
país en el cual viven.
Son los jóvenes globales, muy similares en diferentísimos
lugares del mundo.
Son los jóvenes que tienen por ideales la fama y la
fortuna.
Son los jóvenes de las emociones extremas, de las drogas
de diseño, de las fiestas electrónicas, de los encuentros
sexuales sin amor ni compromiso.
Son los jóvenes de la permisividad sexual, que tienden a
aceptar con naturalidad las diversas orientaciones
sexuales.
Son los jóvenes que necesitan admirar a personas
importantes, las cuales suelen ser personas cercanas a
ellos y, muy especialmente, aquellas personas que les han
aceptado y amado así como son.
Y son los jóvenes del mundo de hoy.
Son los jóvenes de nuestro tiempo.
Son los chicos con los que nos ha correspondido soñar.
Y es verdad que viven grandes dificultades.
Y que, en ocasiones, nos cuesta creer en ellos.
Pero son maravillosos.
Son nuestra esperanza.
Y aún son nuestro gran amor.
Y es que, con todo y sus dificultades, son obra creadora
de Dios.
Con todo y sus realidades difíciles, por ellos dio la vida
Cristo, nuestro Señor.
Y con todo y las cosas que nos cuestan de ellos, son los
llamados a ser la Iglesia del mañana, los consagrados del
futuro, los pastores del pueblo de Dios.
Son los obreros necesarios para la mies abundantísima
del Señor.
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