El Instituto de Formación Teológica
Intercongregacional de México, es un espacio
de colaboración entre familias religiosas para
formar pastores y demás agentes de pastoral
desde una Teología dialogante con el mundo
moderno y dispuesta siempre a dar razón de la
esperanza en Jesucristo Señor de la historia, el
cual nos convoca a extender el Reino de Dios
entre las mujeres y hombres de nuestro
tiempo.
En un mundo y en un país como el nuestro donde
el crimen organizado se extiende, donde las
muertes se cuentan por miles y donde el actual
modelo económico genera exclusión y
violencia, nuestro Instituto no puede quedarse
callado, fiel a su misión debe generar espacios
de diálogo, estudio y reflexión que le permita
pronunciar una palabra de esperanza fundada
en la realidad y en un Dios que quiere actuar
en ella.
Por eso si bien del Evangelio no se puede deducir
un proyecto específico de realización política,
económica, que sea y pueda llamarse cristiano
en sentido estricto. Sin embargo, el Evangelio
no es neutral: es beligerante, interpela y
compromete. Esta beligerancia procede de la
visión cristiana de la realidad desde la fe, en
un Dios que ama la vida.
El cristiano tiene obligación de realizar una acción
en el campo social y político, que se encamine a
la transformación de la situación anómala y
que desdice la voluntad divina, con el fin de
construir una ciudadanía que propicie la
construcción de una sociedad fundada en los
valores éticos de la justicia, solidaridad, la
verdad y el respeto a la dignidad del ser
humano
A partir de una sociedad pluralista como la
nuestra, la ética social de los cristianos tiene que
cuidar mucho su capacidad de diálogo con
todos. Supuesto ese talante de diálogo, hay que
preguntar qué aportamos los cristianos en este
encuentro de ideas y propuestas. La respuesta
no puede iniciar sino de lo que Jesús proclamó
como el Reinado de su Padre pero esto desde
argumentos sólidos y claros.
Los cristianos, podemos decir, creemos que este
mundo ha sido creado por Dios y que, por ello,
en él se manifiestan los planes de Dios. Planes
en los que se destaca la intención de que todo
hombre y mujer puedan vivir una vida digna
como hijos de Dios pero ¿Ofrecen las
instituciones y proyectos humanos actuales la
oportunidad de participar positivamente en los
planes y proyectos de Dios? Pero es válido
sólo quedarnos allí.
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Reconocer los auténticos valores humanos, que
van haciendo su aparición en las diversas
situaciones históricas de la vida humana;
Rechazar los contravalores, aunque se
presenten disfrazados de progreso y
racionalidad;
Proponer ideales globales, que aporten
principios de esperanza para la liberación
humana
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Explicar y presentar sistemáticamente las
dimensiones sociales de la vida humana y
cristiana. Antropología.
Iluminar y profundizar las realidades actuales con
la luz del Evangelio. Problematizar.
Alimentar el compromiso cristiano ante los
problemas concretos con un análisis científico de
ellos. Pistas.
Contribuir en la transformación de este mundo en
Reino de Dios. Proyectos concretos.
Posibilitar la conversión personal de quienes hoy
se sienten llamados a dar un cambio a su vida.
Misericordia.
La resurrección, que es la victoria sobre el mal del
mundo y sobre los que le obedecen, corrobora
este designio salvador de Dios para todas las
naciones, quienes ya no tienen que rendir
cuentas ante ningún hombre. Cristo inaugura
el nuevo pueblo de Dios en la Galilea de los
gentiles, que, después de ser los “últimos
invitados” a la fiesta del Reino, entran con
igualdad de oportunidades en los planes de
Dios.
No podemos olvidar que la fe cristiana no está
fundada siempre al lado del vencedor o el más
poderoso. Al contrario, está fundada en la
confesión de que Jesús de Nazaret resucitó.
Dicha confesión es el núcleo de nuestra fe.
Confesar que Jesús derrotado, condenado y
muerto por los poderes de su tiempo, resucitó,
es creer, en un Dios, que no está asociado con el
vencedor, sino con la víctima.
Esta fe permite distinguir la victoria y el poder de
la verdad y la justicia. Los discípulos de Jesús
no eran apresados por enseñar que hay vida
después de la muerte, sino por “anunciar, en
Jesús, la resurrección de los muertos” (Hech.
4,2). La gran novedad consiste en la afirmación
de la resurrección, no de los victoriosos y
poderosos, sino de alguien política y
religiosamente derrotado, que ante los ojos de
Dios era “el Santo y el Justo” (Hech. 3,14).
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De allí que el IFTIM no puede renunciar a su
tarea de elaborar y difundir una teologia en
consonancia con el Proyecto del Reino y
brindar a sus alumnos y profesores los medios
necesarios para lograrlos, así cada día
provinciales, autoridades, formadores y
alumnos estamos convocados a construir esas
mediaciones que nos permitan pronunciar esa
palabra profética y esperanzadora que nuestro
pueblo necesita.
Gracias
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Una Palabra de Esperanza desde el IFTIM