Rafael Alberti, más conocido por ser el poeta que pintaba con la
palabra, escribió una serie de cuatro poemas caligrafiados, cada
uno de los cuales corresponde a una estación y con ellos adjunta
dos dibujos dedicados a la época del año sobre la que habla y cuyo
cromatismo se identifica con el período del tiempo evocado.
En este cuadro se observa la influencia del expresionismo abstracto
de Kandinsky.
La litografía refleja el amor del poeta por la naturaleza transmitida a
través de su frescura y originalidad. Es pura alegría y está
minuciosamente trabajado.
Las figuras dibujadas con extrema delicadeza están conformadas con
curvas y rectas, olas y barcos, uvas y manzanas, todo aquello que
para él significa verano, pero, eso sí, siempre conservando el color
y la luz a los que tanta importancia concedió Alberti.
En este “Verano” de Alberti el poeta-pintor evoca sus recuerdos de
Cádiz, del mismo modo que observamos en su poema A la Pintura.
La inquieta personalidad de Alberti lo llevó a experimentar con todo
tipo de técnicas : acuarelas, témperas, serigrafías y, como es la
obra que nos ocupa, litografías, impresión de un dibujo a través de
una piedra plana y no de un relieve o superficie tallada.
Los colores básicos de la litografía son el azul y el rojo que combinados
entre sí dan lugar al violetas, amarillos y verdes.
Este cuadro de Alberti tiene todo el lirismo de sus versos y todo el
ritmo de sus composiciones métricas.
En Alberti la poesía y la pintura no son artes contrarias , se
complementan, se unen para expresar todas sus emociones.
¿Kandinsky o Alberti?
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