Santísima Trinidad –C30 de Mayo de 2010
Jesús es el Camino hacia el Padre.
El Espíritu ilumina el Camino y nuestro caminar.
Tendría que deciros muchas más cosas, pero no podríais entenderlas ahora.
Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que podáis entender
la verdad completa.
Jesús da a conocer TODO lo que ha oído
del Padre.
Para que vayamos entendiendo interviene
el Espíritu, memoria viva de Jesús.
Nos va conduciendo a una comprensión
de la Persona y el Mensaje de Jesús:
Verdad completa.
Es necesario estar [email protected] a la vida,
a la historia y a la voz del Espíritu que la
interpreta.
Si no estamos [email protected] a la acción del
Espíritu, lo que continuamente nos revela
y comunica puede pasar desapercibido,
dificultando y entorpeciendo la voluntad
de Dios.
Él no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído, y os
anunciará las cosas venideras. Él me glorificará, porque todo lo que os dé
a conocer, lo recibirá de mí.
El hablar del Espíritu no proviene de su propia autoridad, de la misma
manera que tampoco Jesús hablaba por propia iniciativa.
Oímos al Espíritu y lo “vemos” soplar bien fuerte en Jesús, cuando cura,
cuando habla, cuando mira, cuando se compadece, cuando se cansa...
Y lo seguimos sintiendo en el amor, la generosidad, la valentía, la ilusión...,
de tantas personas buenas que trabajan por el Reino, glorifican a Dios
con su vida y ayudan a mantener la fe y la esperanza.
Todo lo que tiene el Padre, es mío también; por eso os he dicho que todo lo que
el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí.
Dios es comunión interpersonal y comunicación de vida compartida.
Celebrar la Trinidad es descubrir con alegría que la fuente de nuestra
vida es un Dios-Comunidad, que estamos [email protected] a imagen y semejanza
de un Dios que es amor compartido y sentirnos [email protected] a buscar
nuestra verdadera felicidad en el compartir y en la solidaridad.
Sé poco de ti, Tú lo sabes.
Poco de tu intimidad,
poco de tus disfraces,
poco de tus reacciones,
poco de tus amores,
poco de tu misterio insondable.
Para amarte día a día,
te dejaré ser,
no pondré trabas a tu osadía
y me emborracharé
en tus fuentes de vida.
Como Padre/ Madre, Aitama,
mantén vivas nuestras vidas.
Como Hijo,
danos la fraternidad perdida.
Como Espíritu –huracán y brisa-,
lánzanos tu promesa última.
Sé poco de ti, Tú lo sabes.
Sé poco de ti,
abrázame.
F. Ulibarri,
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