Este
Salmo es una súplica
que toda la nación dirige al
“Pastor de Israel” (v. 2), en un
momento de grave calamidad.
El lirismo que caracteriza a
todo el poema aparece con
particular relieve en los vs. 9-12,
donde Israel es presentado como
una “vid” que el Señor sacó de
Egipto y plantó cuidadosamente
en la Tierra prometida.
El
recuerdo de aquella
solicitud hace más angustiosa la
situación presente (vs. 5-7, 13-14)
y confiere mayor intensidad a la
súplica de toda la comunidad,
expresada particularmente en el
estribillo de los vs. 4, 8 y 20.
1. CON ISRAEL
"Pastor de Israel, vuelve a salvar tu rebaño"... Qué bella es esta imagen del pastor que
vela sobre sus ovejas y las conduce a verdes pastos. El rey de Israel por excelencia, era
David, el pastorcito de Belén. Ahora bien, aquí, es Dios en persona quien es llamado el
"pastor", tal como lo habían anunciado ya muchos profetas. (Jeremías 31,10; Isaías
40,11; Ezequiel 34). "La viña plantada por tu mano". Otra imagen admirable y tradicional:
la "viña" es una de las plantas cuyo cultivo pide mayor cuidado. El amor del viñador
hacia su viña, es imagen del amor de Dios (Isaías 5,1-7; Jeremías 2,21; 5,10; 12,10Ezequiel 15,1 - 8; Oseas 10,1).
2. CON JESÚS
"Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas". (Juan 10,1 - 21). "Yo soy la verdadera
viña, y ustedes los sarmientos". (Juan 15,1 - 8). Jesús es la respuesta de Dios a esta
oración. El nombre de "Jesús" significa "Dios - salva". Y Jesús es, verdaderamente, el
"rostro" de Dios, el único rostro que podemos ver. Jesús es el rostro sonriente de Dios
hacia los pecadores, este rostro que salva. "No he venido para los sanos, sino para los
enfermos y los pecadores" (Mateo 9,12).
3. CON NUESTRO TIEMPO
Ese salmo es una "súplica colectiva". ¡Señor, estamos abatidos! ¡Sálvanos! Hay que
recitar este salmo en plural, en nombre de tantos hombres que tienen como pan
abundantes lágrimas. "¿Por qué alimentar tu cuerpo con el pan de lágrimas?. “Despierta,
Señor, ¡despierta tu poder y ven!”
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuando estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas
de nuestros vecinos,
nuestros enemigos
se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Siento alegría, Señor, al ver que puedo dirigirme a ti hoy con las mismas
palabras que tú inspiraste en otras edades; que puedo rezar por tu Iglesia la
oración que el salmista rezó por tu pueblo cuando tu palabra se hacía
Escritura y cada poeta era un profeta. Conozco la imagen de la vid y los
sarmientos y el muro alrededor y la destrucción del muro y su restauración a
cuenta tuya para protegerla. Me veo a mí mismo en cada palabra, en cada
sentimiento, y rezo hoy por tu vid con palabras que han sonado en tus oídos
desde el día en que tu pueblo comenzó a llamarse tu pueblo.
«Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste; le
preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país»
Con esa confianza rezo, y disfruto al rezar en unión de siglos con palabras de
otro tiempo y vivencias del mío. Bendita continuidad del pueblo de Dios que
sigue en peregrinación por el desierto del mundo.
«Señor Dios de los Ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve».
Señor, Pastor de Israel, tu has plantado a la Iglesia como viña
fecunda en medio de este mundo: haz que su sombra cubra las
montañas, que extienda sus sarmientos hasta el mar y sus brotas
hasta los confines de la tierra. Por Jesucristo. nuestro Señor.
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SALMO 79 - Ciudad Redonda