El cristianismo
Gabriel Ágreda
Según el relato del Capítulo II del Evangelio según
San Mateo, del Nuevo Testamento, el nacimiento
de un niño llamado Jesús (forma griega de Josué), a
finales del reinado de Herodes cumplía las diversas
profecías que aparecían en varias partes del
Antigua Testamento. Su lugar de nacimiento según
la tradición sería en Belén ya que mil años antes
había sido el lugar de nacimiento de David.
Durante el reinado de Augusto hacia el año 4AC
nació un hombre que fue aceptado como Mesías,
de nombre Joshua, o bien, Joshua el Mesías, la
forma griega de este nombre es Jesucristo. El año
29, durante el reinado de Tiberio, fue crucificado
como opositor político que aspiraba a ser rey de los
judíos. La creencia del carácter mesiánico de Jesús
no termina con su crucifixión, pues se difundió la
historia de que había resucitado de entre los
muertos. Con esto a las diversas sectas judías que
florecieron en ésta época, se añadió así una más: la
de los seguidores de las enseñanzas de Jesucristo, o
como pronto se llamaría la de los cristianos.
Los cristianos, que eran extremadamente pacifistas y partidarios de la no-violencia, se
retiraron a las montañas y no tomaron parte en la guerra. Los judíos supervivientes los
tildaro de traidores.
El cristianismo continuó desarrollándose durante el imperio romano asimilando algunos
pensamientos de otras filosofías, como: del Neoplatonismo, que era una mezcla entre el
racionalismo griego y el misticismo oriental, también extrae ideas del Estoicismo, del
Gnosticismo que resaltaba la maldad de la materia y del mundo, pensando, además, que
el conocimiento se encontraba inalcanzable e incognoscible. El cristianismo hace suyas
algunas concepciones del Mitraismo que era una forma de culto al Sol y su principal
festividad, que era el día del nacimiento del Sol, la celebraban el 25 de diciembre, este
culto tenia como principal defecto; que sólo los hombres podían participar en sus ritos,
en cambio la nueva religión y en sus comienzos la mujer jugaba un papel bastante
importante, además es la mujer la que enseña a los niños, por lo tanto influye
directamente
en
sus
futuras
creencias.
El cristianismo tomó de los egipcios y transfirió a la Virgen María características de la
diosa Isis, una de las diosas más populares, no tan sólo entre los egipcios sino que
también en todo el vasto imperio romano y era conocida como la hermosa “Reina de los
Cielos”. Esta similitud se ve reflejada en la particular forma, en que la imagen de la
Virgen toma al niño Jesús en su regazo, que es semejante a cómo se mostraba
frecuentemente a Isis con el niño Horus.
En el Oriente romano hallamos durante la
época apostólica dos principales focos de
cristianización: Siria y Asia Menor. La capital de
Siria era Antioquía, que había ocupado un lugar
destacado en la historia cristiana desde los
mismos orígenes de la Iglesia. En el siglo III la
acción misionera se extendió desde aquí hacia el
oriente, creándose un nuevo centro de difusión
evangélica en Edesa, capital de la región de
Osrohene. Este camino de penetración cristiana
prosiguió adelante en el siglo III: el Cristianismo
avanzó por Mesopotamia, se introdujo en Persia
y desde allí los misioneros cristianos llegaron a la
India. El Asia Menor fue otro gran foco cristiano
en esta época, y las iglesias se multiplicaron en
numerosas ciudades de todas las provincias. La
carta dirigida a Trajano por Plinio el Joven,
gobernador de Bitinia (¿a. 111?), acredita que el
Cristianismo se hallaba arraigado en la provincia.
Asia Menor fue también punto de partida de
la difusión del Cristianismo en Armenia, donde
halló tan buena acogida que el país se cristianizó
rápidamente en el siglo III.
En Palestina, la difusión de la fe fue más
difícil y, tras el ocaso del judeocristianismo,
las comunidades cristianas parecen estar
prácticamente limitadas a la población
griega de las ciudades. En cambio, en
Egipto, desde principios del siglo III se
advierte un vigoroso florecimiento de la
iglesia de Alejandría, que pronto fue
famosa en todo el mundo y que se
prestigió por entonces con la figura de
Orígenes. Alejandría desarrolló una
actividad misional entre la población
campesina del valle del Nilo, que se
cristianizó en grado considerable a lo largo
de este siglo. Por lo que hace a la Europa
oriental, Grecia quedó atrás en intensidad
de cristianización, comparada con la vecina
Asia Menor. Corinto parece haber sido el
principal centro de vida cristiana. En las
regiones balcánicas y danubianas el
Cristianismo había ya penetrado en el siglo
III, y la persecución de Diocleciano causó
numerosas víctimas.
En la parte occidental del Imperio, el Cristianismo arraigó prontamente
en la Urbe romana. La iglesia de Roma tuvo enseguida un elevado número
de miembros, y Tácito puede hablar de la «enorme muchedumbre» de los
que padecieron martirio en la persecución neroniana. La Italia meridional
tuvo también núcleos cristianos desde el siglo I, y San Pablo, al
desembarcar en Pozzuoli el año 61, se encontró con los hermanos de la
comunidad de aquel puerto de mar. En el siglo III, los cristianos de la ciudad
de Roma se contaban por millares y, esparcidas por la Península, habría tal
vez un centenar de comunidades organizadas.
El otro gran foco cristiano de Occidente fue el África latina, cuyo centro
principal era la vieja ciudad de Cartago. Esta región recibió el Cristianismo
en el siglo II, y antes de que terminase la centuria había dado ya mártires
de la fe. Los escritos de Tertuliano hacen pensar que, a finales de siglo, la
iglesia de Cartago era ya una notable y vigorosa comunidad. En el
transcurso del siglo III, el Cristianismo llegó a ser, probablemente, la religión
mayoritaria entre la población romanizada de las ciudades, y los sínodos
cartagineses permiten afirmar que, en torno al año 250, existían por lo
menos un centenar de comunidades, con obispo propio en cada una. El
esplendor del Cristianismo africano en el siglo III está inseparablemente
unido a la figura y a la obra del gran obispo mártir de Cartago, San Cipriano.
La cristianización, que fue tan intensa en las ciudades romanas de África,
apenas penetró, por el contrario, entre la población campesina de origen
púnico y en las tribus beréberes del interior. Esta deficiencia terminaría por
ser de funestas consecuencias para el destino cristiano del África romana.
2)La3)El
Persecución
de
303-305
dC
4)La Desaparición
5)El
Imperio
Cristianismo
Final
1)Hasta
Cristiano
delDiocleciano
Paganismo
200
en324-379
dC
600 dC
380-450
dC
dC
El Nuevo Testamento dice que los primeros
cristianos (comenzando por el propio
Jesús) sufrieron persecución a manos de
los jefes judíos de esa época. También
relata el principio de persecuciones por los
romanos. El término «los cristianos» es
usado con frecuencia en una forma
indiscriminada que ha sido causa de
controversia.
Según el Nuevo Testamento, la persecución
de los primeros cristianos continuó
después de la muerte de Jesús. Pedro y
Juan fueron encarcelados por los jefes
judíos, incluido el sumo sacerdote Ananías,
quien no obstante los liberó más tarde
(Hechos 4:1-21). En otro momento, todos
los apóstoles fueron encarcelados por el
sumo sacerdote y otros saduceos, pero
fueron liberados por un ángel (Hechos
5:17-18). Los apóstoles, tras haber
escapado, fueron llevados nuevamente
ante el Sanedrín, pero esta vez Gamaliel
(un rabino fariseo bien conocido de la
literatura rabínica) convenció al Sanedrín
de liberarlos (Hechos 5:27-40).
La razón más probable de la persecución fue, por parte de
los judíos, la evidente herejía que representaba la doctrina
cristiana desde un punto de vista de la doctrina tradicional
judío, ya que entre otras cosas, la idea de un Dios-Hombre
chocaba de frente con su arraigado monoteísmo (esto se
percibe claramente en la narración bíblica de los hechos de
los primeros cristianos). Es deducible además que a oídos
romanos, la predicación de los cristianos sobre el inminente
regreso del rey de los judíos y el establecimiento de su
reino, era sediciosa. Los romanos dieron a los judíos en ese
tiempo un autogobierno limitado; las principales
obligaciones de los líderes judíos eran recolectar impuestos
para Roma y mantener el orden civil. Así, los líderes judíos
tendrían que suprimir cualquier tesis sediciosa, como las
que defendían los cristianos. Esta oposición judía fue un
potente motor para plantar en Roma la semilla del odio al
incipiente cristianismo.
El edicto de Milán fue un edicto
del
emperador
romano
Constanino que fue promulgado
en 313 en el que se estableció
la libertad de culto en el
Imperio Romano y dio fin a las
persecuciones
contra
los
cristianos.
En el momento de la
promulgación
del
edicto,
existían en el Imperio cerca de
1.500 sedes episcopales y al
menos de 5 a 7 millones de
habitantes de los 50 que
componían
al
imperio
profesaban el cristianismo.1
Después de la aprobación, se
inició la etapa conocida por los
historiadores cristianos como la
Paz de la Iglesia.
Edicto de los emperadores Graciano, Valentiniano (II) y Teodosio
Augusto, al pueblo de la ciudad de Constantinopla.
«Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la
administración de nuestra clemencia profesen la religión que el
divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha
predicado como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan
el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro, hombre de
santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina
evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa
Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos
quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos
dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus
lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto,
primero de la venganza divina, y después serán castigados por
nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad
celestial.»
Dado el tercer día de las Kalendas de marzo en Tesalónica, en el
quinto consulado de Graciano Augusto y primero de Teodosio
Augusto.
Existieron tres destinos principales para los
peregrinos: Jerusalén, Roma y Compostela, pero
hubo otros muchos lugares que serán visitados
también, normalmente ligados a la existencia de
reliquias.
El proceso de peregrinación a Compostela se inicia casi
inmediatamente al descubrimiento del sepulcro del apóstol
Santiago el Mayor en el siglo IX aunque adquiere su auge
durante las últimas décadas del siglo XI, todo el XII y parte
del XIII.
Se establece una ruta principal llamada Camino Francés que
recorre más dos tercios de la Península Ibérica por su
extremo norte (de oeste a este) y que parte de
innumerables lugares de Europa que se van juntando en
Francia y que también pasan por otros santuarios con
reliquias de menor importancia.
La principal ruta de acceso a Roma fue la
Vía Francígena que arrancaba desde
Canterbury y atravesaba de noroeste a
sureste Francia y Suiza, para penetrar en
Italia por los Alpes. Se inicia a partir de la
visita del arzobispo de Canterbury,
Sigerico el Serio a finales del siglo X y sus
escritos con la descripción de las etapas.
Las peregrinaciones a Jerusalén y Tierra Santa ya existían
desde la Antigüedad tardía y ni siquiera la conquista
musulmana las había conseguido eliminar. Tal era el influjo y
prestigio de estas tierras donde habían vivido los personajes
sagrados del Nuevo Testamento y donde Cristo murió para
salvación de la humanidad.
San Benito (480-547), al establecer su famosa regla , creó el
modelo que se repitiría durante toda la Edad Media e influyó
decisivamente en la evolución de la arquitectura románica
(Cluny) y gótica (Císter).
Los monjes se levantaban muy temprano, antes
de amanecer y, se preparaban para la primera
oración del día, las Vigilias.
Como el resto de las oraciones eran comunes,
hechas en el coro (espacio junto al altar con un
grupo de sillas fijas, llamada sillería).
En ellas se leían y cantaban ciertas partes de la
Biblia y otros cantos (antífonas, himnos…),
escritos en latín, la lengua oficial de la Iglesia.
Estos son los famosos cantos gregorianos que
aún se siguen realizando en algunos
monasterios, como el de Silos, en Burgos.
Tras ello los monjes se aseaban en las letrinas
que tenían muchos monasterios (con agua del
río cercano) y se volvía a la iglesia, pues apenas
una hora después de Vígilias, empezaban los
Laudes (una nueva oración)
Comenzaba entonces realmente el día, con una hora
y media para el trabajo, volviéndose a rezar hora y
media después. La hora Tercia, normalmente
utilizada para oficiar misa.
Hasta la una de la tarde, los monjes se ocupaban
entonces del propio huerto (que servía para su
autoconsumo) o se encerraban en el scriptorium o
biblioteca, lleno de atriles. Que En esta habitación se
copiaban libros prestados por otros monasterLos
monjes volvían a reunirse para rezar junto en la hora
Sexta (en torno a la 13.20), tras la cual iban a comer.
La comida también era común, en una habitación
llamada refectorio. En ella se colocaban largas mesas
en donde los monjes lo hacían en completo silencio,
pues uno de ellos (por turno) leía desde el púlpito la
Regla o la Biblia.
El menú era bastante monótono, aunque sano. Normalmente se comían verduras y
hortalizas cocidas en una gran olla y aderezadas con un trozo de tocino o manteca. Se les
daba también a los monjes un trozo de pan y un cuartillo de vino. La carne se reservaba
para los domingos y celebraciones especiales, al igual que el pescado (algunos
monasterios llegaron a tener sus propias albercas en donde se criaban peces).
Evidentemente los monjes no se echaban la siesta, sino que volvían de nuevo a rezar conjuntamente en
la hora Nona (sobre las tres), para después seguir con su trabajo encomendado.
Además del huerto o el scriptorium los monjes se dedicaban a otros trabajos, como el de la botica. En
los principales monasterios existía una botica o farmacia en donde se realizaban fórmulas magistrales
(medicinas hechas con hierbas) para la comunidad y los pueblos cercanos. Muchas de estas fórmulas
venían del mundo romano o se aprendieron de los musulmanes y judíos (aunque existían numerosas
supersticiones, como creer que el cuerno de rinoceronte, que ellos creían que era el famoso unicornio,
era un antídoto contra el veneno)
Antes de la nueva oración se reunía toda la comunidad en la llamada Sala Capitular, leyéndose en ella un
capítulo de la Regla de San Benito. En esta reunión el abad (aquel que gobernaba el monasterio)
informaba sobre cuestiones cotidianas, se hacían confesiones públicas de los pecados y se castigaba a
los monjes que hubieses cometido alguna falta (faltar a algún rezo, hablar durante la comida, discutir
con un hermano…)
Tras un rato de tiempo libre en el que los monjes podían charlar, pasear por el claustro, rezar
particularmente…, de nuevo a la iglesia para oficiar las Vísperas (19 h), cenar (20 h) y, antes de dormir,
volver al rezo en la ceremonia llamada Completas, en la que se pedía protección a Dios ante los peligros
de la noche.
Los monjes se retiraban entonces al dormitorio, que tanto en Cluny como Císter era común (sólo el abad
tenía su dormitorio y despacho propio) en donde las camas estaban colocadas en largas filas. Si existían
dos pisos, este dormitorio se colocaba sobre la cocina (y en el lado sur del claustro) para combatir el frío
Las Cruzadas fueron una serie de
campañas militares impulsadas por el
papado y llevadas a cabo por gran
parte de la Europa latina cristiana,
principalmente por la Francia de los
Capetos y el Sacro Imperio Romano.
Las cruzadas, con el objetivo específico
inicial de restablecer el control
cristiano sobre Tierra Santa, se libraron
durante un período de casi doscientos
años, entre 1095 y 1291. Más tarde,
otras campañas en España y Europa
Oriental, de las que algunas no vieron
su final hasta el siglo XV, recibieron la
misma calificación. Las cruzadas fueron
sostenidas principalmente contra los
musulmanes, aunque también contra
los eslavos paganos, judíos, cristianos
ortodoxos griegos y rusos, mongoles,
cátaros, husitas, valdenses, prusianos y
contra enemigos políticos de los papas.
Los cruzados tomaron votos y se les
concedió indulgencia por los pecados
del pasado. Huvo 8 cruzadas
La Orden de los Pobres Caballeros
de Cristo y del Templo de Salomón
(en latín, Pauperes commilitones
Christi Templique Salomonici),
comúnmente conocida como los
Caballeros Templarios o la Orden
del Temple (en francés, Ordre du
Temple o Templiers) fue una de las
más famosas órdenes militares
cristianas. Esta organización se
mantuvo activa durante poco
menos de dos siglos. Fue fundada
en 1118 o 1119 por nueve
caballeros franceses liderados por
Hugo de Payens tras la Primera
Cruzada. Su propósito original era
proteger las vidas de los cristianos
que peregrinaron a Jerusalén tras
su conquista. Fueron reconocidos
por el Patriarca Latino de Jerusalén,
Garmond de Picquigny, el cual les
dio como regla la de los canónigos
agustinos del Santo Sepulcro.
Comenzada en el siglo XII y perfeccionada en el siglo XIII, la catedral gótica
sigue siendo uno de los grandes triunfos artísticos de la Alta Edad Media.
Encumbrándose casi como si fuese a tocar el cielo, fue un símbolo apropiado
de la preocupación de las gentes del medioevo respecto a Dios. Dos
innovaciones fundamentales del siglo XII posibilitaron la existencia de las
catedrales góticas. La combinación de las bóvedas acanaladas y de los arcos
punteados reemplazaron las bóvedas cilíndricas de las iglesias románicas y
permitió a los constructores hacer que las iglesias góticas fuesen más altas
que sus contrapartes románicas. La utilización de los arcos punteados y de las
bóvedas acanaladas creó una sensación de movimiento ascendente, una
sensación de ingravidez vertical que implicaba la energía de Dios. Otra
innovación técnica también resultó importante. El contrafuerte, básicamente
un pilar de piedra muy arqueado que se construía fuera de los muros,
posibilitó la distribución del peso de los techos abovedados de la iglesia en
dirección hacia abajo y hacia afuera, lo cual eliminaba los pesados muros
utilizados en las iglesias románicas, como soporte del peso de las enormes
bóvedas cilíndricas. Por tanto, las catedrales góticas se construyeron con
muros delgados que se complementaban con magníficos vitrales, lo cual
creaba un juego de luces en su interior, que variaba con el Sol en diferentes
momentos del día.
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