¡¡ Cuánto deseo cenar con vosotros/as!!
Jueves Santo . Juan 13, 1-15. 9 abril 2009
Muchos cuadros y estampas nos hacen imaginar esta Cena de forma
que no corresponde a la costumbre del tiempo.
Representan a Jesús comiendo sólo con los doce apóstoles.
La tradición de Israel reunía aquella noche a hombres y mujeres por igual.
Por lo tanto Jesús se reuniría con los doce y con los seguidores y seguidoras
que ordinariamente iban con Él en el grupo.
Y con su madre.
Antes de la fiesta de la pascua, Jesús, sabiendo que había llegado
la hora de dejar este mundo para ir al Padre, y habiendo amado
a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Amar es acoger, compartir, ponerse al servicio de los demás, respetando su
libertad y respondiendo siempre con amor.
Lo que distingue a los seguidores y seguidoras de Jesús no es la ley o el rito, sino
el amor profundo y universal.
La entrega “hasta el extremo” comienza por las entregas cercanas de cada día.
Estaban cenando y ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, hijo
de Simón, la idea de traicionar a Jesús.
Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había
venido y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y
se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar
los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Lavar los pies era expresión de acogida y de servicio, se realizaba con las
personas a las que se reconocía algún tipo de superioridad. Era misión de criados
o esclavos. En las casas donde no había esclavos, era tarea de las mujeres.
Jesús repite hoy con [email protected] los mismos gestos de su última cena. Quiere
reunirnos, sentarnos a su mesa compartiendo la fiesta y la comida, donde nada
falta ni nadie sobra, lavarnos los pies y mirarnos a los ojos y al corazón. Y que
hagamos lo mismo.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió:
–Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le contestó:
–Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora;
lo comprenderás después.
¿Me resisto, como Pedro, a entrar en el “juego del Evangelio”?.
Quien sigue a Jesús se pone de rodillas a su lado para lavar los pies
de quien lo necesita.
Pedro insistió:
–Jamás permitiré que me laves los pies.
Entonces Jesús le respondió:
–Si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos.
Simón Pedro reaccionó así:
–Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza.
No es fácil admitir la igualdad. La idea dominante es que la desigualdad es
legítima y necesaria, que cada cual debe ocupar su puesto. No aceptar el gesto
de Jesús significa no estar dispuest@ a portarse como Él. Jesús con su gesto
e iniciativa manifiesta que quiere una comunidad de iguales. En el fondo lo que no
coincide es la imagen de Dios que tiene Pedro con la que Jesús revela con su
actitud.
Jesús enseña que el servicio crea la igualdad. Que en su comunidad no hay jefes
sino servidores.. Nos enseña a amar como Él, a actuar como Él actúa.
Entonces dijo Jesús:
–El que se ha bañado sólo necesita lavarse los pies,
porque está completamente limpio; y vosotros estáis
limpios, aunque no todos.
11 Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar;
por eso dijo:
«Vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Todo ser humano es amable, no por sus méritos o cualidades, sino porque es amado
por Dios.
Todos los seres humanos, incluso los más difíciles, los que nos atrevemos a criticar
y a juzgar, son amados por Dios.
Él es el Agua que nos limpia a [email protected]
Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la
mesa y dijo a sus discípulos:
–¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis
Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy.
Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies,
vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros.
Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros.
Jesús propone su forma de actuar –acogida, servicio, compromiso, compasión,
comunión- como pauta de comportamiento para sus discí[email protected]
Su mensaje y su testimonio no buscan asegurar privilegios, sino servir.
En Jesús, Dios recobra su verdadero rostro deformado por el ser humano que había
proyectado en Él sus ambiciones, sus juicios, sus miedos, sus inseguridades,
sus crueldades....
Jesús nos llama e invita, no sólo a amar rompiendo todos los límites, también a
sentirnos [email protected] por un amor sin medida, incondicional, gratuito, entrañable...
¿Lo hemos comprendido? Si comprendemos el gesto y entendemos la lección,
tenemos claro lo que hemos de hacer: acoger, servir... amar hasta el extremo.
Cenar con l@ s amig@ s,
abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con mimo y respeto,
hacerse pan tierno compartido
y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios,
e invitar a tod@ s a hacer lo mismo.
Trabajar por la justicia,
empeñarse en una paz duradera;
decir no a las armas,
desvivirse en proyectos solidarios,
reducir nuestras cuentas y carteras.
Amar hasta el extremo,
e invitar a tod@ s a hacer lo mismo.
Crear desconcierto evangélico.
Amar como Él nos ama,
e invitar a tod@ s a hacer lo mismo.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
quedamos limpi@ s,
como niñ@ s recién bañados,
para descansar en tu regazo.
¡Lávame, Señor!
¡Lávanos, Señor!
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