Francisco…
…libertad, felicidad, lealtad,
verdad:
el hombre VERDADERO
En él se han realizado en plenitud las palabras de Jesús:
“…mi yugo es suave y mi carga ligera…”
Francisco, el “pobrecillo” de Asís…
…un hombre que es un Sol , surgido para iluminar la Iglesia,
un hombre que ha hecho de la pobreza su esposa
y de la Iglesia su único amor.
Cada uno de nosotros aspira en la propia vida a ser libre y feliz,
Pero ¿cuántos de nosotros piensan serlo
y en realidad no lo son?
Cuántos de nosotros recorren esta dimensión quién sabe dónde,
sin saber que cada día es el día justo para cambiar?
¿Y cuántos otros piensan haber “llegado”
o se creen “ser alguien”, cuando en verdad no son nada?
¡Francisco, “ovejilla del Señor”
era así, como todos nosotros!
Así: como cualquiera que mira la vida
con el filtro del amor propio y de la posesión;
así: como cualquiera vive la vida
con el filtro del interés propio, aunque
justificado, de salvaguardar;
así: como quien recorre la vida
y no la vive.
Y se llora ante vidas rotas;
y no se refleja ante los homicidios habituales
de todos los días,
porque: «…total, yo, ¿qué puedo hacer?»
Francisco era así, era justo como yo,
era justo como tú…
el Rey de las fiestas… aquel que se tenía que divertir,
que no quería pensar: ¡ya habrá tiempo para hacerlo…!
¡Y era preciso divertirse , porque, total,
antes o después llega el día
en que ya no se puede hacer!
¡Todos tienen derecho a divertirse…!
¡Y las fiestas de Francisco eran bellas y divertidas
entre vino, cantos y tantas risas…!
Y las fiestas de Francisco eran
para estar junto a Francisco
y cada uno para estar junto a los otros…
(como pasa hoy, ¿verdad?)
¡¡Francisco era de veras
el Rey de las fiestas!!
¡ Y no conseguía no serlo!
¡No podía impedirlo a sí mismo!
¡Y cómo era amado Francisco,
y cómo era buscado Francisco…!
«…no nos preocupemos esta noche,
que está Francisco que nos hace divertir y comer!».
Francisco era un sueño para todos aquellos que lo conocían;
como son tantos sueños para nosotros,
todas aquellas personas
que tienen algo más que nosotros,
quizá el auto, quizá una casa,
quizá una buena cuenta en el banco, quizá una novia
bellísima, quizá la posibilidad
de comprarse todo, quizá el éxito, quizá la suerte
de no tener que trabajar y sudar nunca,
¡¡¡…qué vida, muchachos!!!
Mas quien nos quita el velo de los ojos,
Es precisamente el propio Rey
de las fiestas, Francisco que…
…a un cierto punto de su vida torpe,
encontrando el verdadero Amor
en los ojos de un crucificado
y el verdadero Amor de un Padre fiel
amorosamente enamorado
de sus hijos,
¡encuentra la verdadera VIDA!
Francisco habla ahora al corazón de cada uno de nosotros:
“Heme con vosotros, hermanos, estoy aquí para hablaros,
a deciros cuánto amor se ha encendido en mí
cuando he encontrado el Amor, ante el crucifijo.
Me viene en mente el inicio de mi historia…
Yo, Francisco,
he experimentado a un cierto punto de la vida
una llamada, una alegría profunda…
Heme aquí, recuerdo claramente como si fuese entonces.
Pasaba junto a la iglesia de San Damián,
casi en ruinas y abandonada por todos.
Una fuerza desconocida me conducía dentro
de aquella iglesia, a rezar…Me postré ante el crucifijo,
y fui tocado por su gracia, me encontré cambiado…
Noté una sensación inexplicable, fuerte, nunca sentida antes.
De improviso aquella imagen de Cristo en cruz,
desde el cuadro me hablaba y me decía: “Francisco, ve,
repara mi casa que, como ves, está toda en ruinas”.
Fue para mí una invitación clara, una llamada…
Antes vivía en la riqueza, en las diversiones, en la seguridad, ahora me daba
cuenta de que me faltaba la verdadera Riqueza, es decir, la pobreza…
Y me enamoré perdidamente de la pobreza.
Fui abandonado de quien me amaba
por lo que tenía y no por lo que era.
Abracé una vida de compartir
con quién del amor no conocía ni siquiera la existencia…
el marginado fue para mí motivo de amor,
y motivo de vivir la vida,
gastándola por quien no la tenía…!
Solo quien es pobre sabe lo que es tener necesidad de la Riqueza.
Quien se empobrece de sí se enriquece de Dios.
Probad a mirar fijamente, intensamente el crucifijo,
contemplad el amor de Cristo por nosotros,
Jesús que se dona a nosotros...
“¡Oh, Jesús, Jesús!”
este es el Nombre que nos salva: basta pronunciarlo con fe…”
¡Yo quiero amarte, oh, Jesús!
Todo lo que tengo yo quiero darte, sin tener más miedo que el de ofenderte,
sin desear otra alegría sino aquella de adorarte.
Quiero perder todo por buscarte, quiero dejar todo por seguirte, quiero ignorar
todo para conocerte, quiero olvidar todo para recordarte.
Quiero, amable Jesús, en la llaga profunda de tu corazón reposar
y en las llamas de tu amor quemarme.
Quiero, en fin, en Ti trasfigurarme.
Hacer morir mi yo para recibir tu Vida,
perderme en Tí mi Dios, para reencontrarme.
Cuánta verdad hay en Francisco, cuánto amor,
cuánta lealtad para la propia vida de VIVIR
y no de transcurrir pasivamente…
Este hombre, que el mundo quería y soñaba,
como hijo y esposo, rico y elegante, potente y vencedor,
ha escogido, en cambio, ser de veras RICO de Vida,
de veras BELLO de Amor, de veras ESPOSO de la Vida…!
Y no ha sido un héroe de guerra,
ni un filósofo letrado que fascina
por su modo de decir las cosas
o por su dialéctica;
ha sido solo un
«pobrecillo»
que ha elegido el simple
Evangelio del Amor de Dios
Para ser feliz,
para morir sonriendo
y permanecer en el corazón del mundo
como ejemplo y faro de Luz verdadera…
…y no ha usado catapultas, caballos ni arcos, sino
FE, ESPERANZA y CARIDAD
en una humildad
dictada solo por la conciencia
de estar en el mundo, para el mundo;
de estar con los hombres para los hombres,
de entonar con sus gestos alabanzas al Señor
y evangelizar con su vida
para que todos conocieran la verdadera
Vida en el Amor de Jesús…!
Tenemos necesidad de Jesús.
Tanta gente, en nuestras calles,
siente la necesidad de este Amor, de esta paz…
estar con Jesús, para vivir en el Espíritu
e reencontrar al Padre.
¿Quién les anunciará el Amor estupendo de Dios?
Francisco estaba de veras muy ocupado con Jesús.
Llevaba siempre a Jesús en el corazón,
Jesús en los labios, Jesús en los oídos,
Jesús en los ojos, Jesús en las manos,
Jesús en todos los otros miembros de su cuerpo .
¡Vivir es bello si eliges
la Vida!
Y Francisco la ha escogido junto al Señor.
El amor vence siempre, y entonces con Francisco,
pasando por la cruz de Cristo,
«ama, y haz lo que quieras…»
(S. Agustín)
Ser testigos e un acto de amor, un acto de paz.
Francisco, danos tu ardor, danos tu fuerza.
Tu, Señor, nos guiarás en este nuestro camino.
¡Tu eres todo para nosotros...Dios mío y mi todo!
¡Ayer, hoy…
…y Siempre!
“Recordad...
aquel crucifijo me hablaba y me decía:
- Repara mi casa... Y yo fui. También a vosotros se os dice:
-Repara mi Iglesia,
-Empéñate en la Iglesia y en el mundo.-”
¿Lo sientes? En tu corazón ahora está naciendo el Amor...
y es dulcísimo
sentir todo este AMOR...
Vamos...
Ayúdame Señor…
…a encontrarte en cada hombre, en cada persona que entra en mi vida...
Oh, Señor alto y glorioso, ilumina el corazón mío. Dame fe recta.
Dame esperanza cierta. Dame caridad perfecta.
Dame humildad profunda, sensatez, discernimiento.
Haz que yo pueda siempre servir con alegría tus mandamientos...
Oh, Señor, haz que la ardiente y dulce fuerza de tu Amor lleve
mi corazón solamente a ti, hasta morir, como Francisco,
por amor del Amor tuyo, como tu moriste por amor del amor mío. Amén.
Elaborado por Antonio Barone
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