“… creía volver a Málaga con mi padre joven, vestido de blanco –de
alpaca- y yo niña en un coche de caballos. Algo en el aire, en las sombras
de los árboles, en el rumor del mar, en la brisa, en la sonrisa y en su
misterio familiar. Y siempre pensé que al haber sido arrancada tan pronto
de Andalucía tenía que darem el destino esa compensación de vivir en la
Habana (…). En la Habana recobré mis sentidos de niña y la cercanía del
misterio y esos sentires que eran al par del destierro y de la infancia, pues
todo niño se siente desterrado. Y por eso quise sentir mi destierro allí
donde se me ha confundido con mi infancia.”
“Recuerdo haber elegido sin pensarlo, a ciegas, sin apenas saber leer, un
pequeño libro de la colección filosófica a la que mi padre era afecto. Y yo
no sabía, no tenía idea de lo que era la filosofía y mucho menos de lo que
fuese ese autor cuyo nombre campeaba sobre el libro chiquito: Leibniz,
pude leer. Y ese libro lo guardé, creo que casi lo robé, y lo puse en un
cofre en que yo guardaba las cosas preciadas.”
A través de los artículos de El Liberal que escribió en los años 20 podemos
seguir su evolución que la transforma de una señorita burguesa, dedicada,
como ella misma dice, “a bordar mariposas” en una joven intelectual
plenamente insertada en el contexto social y político. Tiene ya definido por
esas fechas su ideal político que le va a guiar toda su vida: “una libertad
esencialmente democrática” que se ponga al servicio de los altos valores
morales y culturales, al servicio del espíritu, en vez de pretender señorearlo”.
“Era yo muy joven entonces, y estaba, como otros jóvenes, preocupada por
nuestra realidad”
“Contra uno y otro bando nos alzamos nosotros (…) en la defensa de los
valores universales del espíritu frente a los materialismos que amenazan
destruirlos: el materialismo capitalista que bajo (…) afirmaciones de libertad
mantiene una organización caótica y una explotación inicua y al materialismo
marxista, que es también explotación” “España tiene hoy en el mundo una
misión propia que cumplir: la defensa de los valores universales del espíritu
frente a los materialismos que amenazan destruirlos”
“Al salir de España en el año 1939 tuvimos que pasar la frontera de Francia
uno a uno (…). Y el hombre que me precedía llevaba a la espalda un cordero
del que me llegaba su aliento y que por un instante, de esos indelebles, de
esos que valen para siempre, por toda una eternidad, me miró. Y yo le miré.
Nos miramos el cordero y yo (…). Y yo me decía (…) que yo no volvería a
España sino detrás de aquel cordero. Y luego he vuelto. Y el cordero no
estaba esperándome al pie del avión (…). Y cuando he visto las imágenes
que me sacaron los fotógrafos que aguardaban, tan conmovedoras, tan
blancas, tan puras, entonces ví que el cordero era yo…”
(de don José) “Su muerte me ha hecho ver que le amaba aún más de lo que
creía, que le amaré siempre. Estoy hace muchos años alejándome de ciertos
aspectos de su pensamiento, de la Razón Histórica, concretamente. Mi
punto de partida es la (Razón) Vital, pero la he desenvuelto a mi modo. Eso
no importa. Seré su discípula siempre”
“Lo desconocido de Dios es la forma pura en que el hombre en su soledad
vive la ausencia: la forma pura de la soledad humana. Mas el hombre no
vive esta pura soledad sino en momentos raros; porque la soledad se da
en la madurez; es el signo y la prueba de la madurez de una vida. Adviene
cuando el pensamiento ha hecho el vacío en torno, cuando la conciencia
ha ido sustituyendo al alma (…). Y entonces cuando el pensamiento ha
cumplido su acción –un horizonte y unas cosas inteligibles convertidas en
conceptos-, se hace este vacío. El hombre está solo”
“¡Qué bien suenan Córdoba y Filosofía y cuánta alegría da el que anden
juntas! Juntas de nuevo en verdad sin haberse separado jamás. A través de
los altibajos de la histórica marea y atravesando desiertos y fronteras, la
vocación, diría filosófico-poética andaluza, no sólo se ha mantenido, sino que
ha dado señales de vida. Un destino intrahistórico quizás, como todos los
destinos, aun los individuales: son algo que se extingue y reaparece y no ya
en momentos y obras, sino en sombras, aromas, susurros, sentires y
pensares…”
“La Aurora, pues, es guía, también porque es raíz, presencia que nace de una
insoslayable atención, de una sostenida mirada. Un conocimiento, pues,
sostenido únicamente por la atención. Y la atención, aún a solas, es fuente de
conocimiento,..”
“la palabra tan dada a perderse, tan perdidiza en su renacer constante, en su
descendimiento y resurrección inmediata, visible, respirable”
“Así, pues, el conocimiento que aquí se invoca, por el que se suspira, este
conocimiento postula, pide, que la razón se haga poética sin dejar de ser
razón, que acoja el “sentir originario” sin coacción, libre casi naturalmente,
como una fysis devuelta a su original condición. Así, la Aurora se nos aparece
como la fysis misma de la razón poética”.
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