De su vida
Pocas son las cosas que sabemos de la vida de Heráclito de Éfeso. Nació hacia el 544 antes de
Cristo, aproximadamente, y vivió en Éfeso, ciudad enclavada en la costa Jonia, al norte de Mileto,
hasta su muerte, en el 484 antes de Cristo. Pertenecía a una familia aristocrática y, al parecer, no se
llevó muy bien con sus conciudadanos, si nos atenemos a alguno de los fragmentos que se
conservan de su libro, y a los testimonios de sus contemporáneos.
Heráclito
Influencia de su pensamiento en la
actiualidad
Quizás no pueda hablarse propiamente de
una influencia de Heráclito en nuestro
mundo, pero lo cierto es que muchos
grandes filósofos y físicos han acabado
dándole la razón. Su idea de Panta Rhei
(todo fluye) coincide casi exactamente
con el taoísmo y con el principio de
indeterminación de Heisenberg; su idea
de la lucha de los contrarios como motor
del cosmos es prácticamente idéntica a la
dialéctica hegeliana y a la interpretación
histórica de Marx; su espíritu aristocrático
y su interés por los aforismos y las
metáforas lo emparentan con Nietzsche, y
su visión del logos (espíritu) y su
relativismo moral coinciden con los
anhelos de espiritualidad y la actitud
posrracionalista
y
posmaterialista
identificables en ciertos sectores críticos
de
la
civilización
occidental
contemporánea.
Su concepción del mundo
Sustento que, el cosmos es un todo formado por un incesante ascenso y
descenso del devenir y del perecer, del cual todo surge y del cual todo
retorna. La naturaleza es un fluir constante, en el que nada permanece
inmóvil. "Nadie puede sumergirse dos veces en el mismo río”.
El sol es diferente cada día. El universo descansa en el cambio, pues es como
la luz de la vela, que a veces puede parecer fija y permanente, pero está en
continuo movimiento. “El mundo es un fuego inmortal, encendido con medida
y que con medida se apaga”.
Todo lo que existe, existe por la destrucción de otras cosas: “La guerra es la
madre de todas las cosas”. El mundo nace y se consolida a partir de la tensión
generada por la lucha entre los contrarios: sol y noche, calor y frío, verano e
invierno. Pero los contrarios no son contradictorios, sino contrastes o piezas
de un mismo puzzle. Lo que une a los contrastes es el logos (Espíritu).
El conocimiento no nace del pensamiento racional ni de la información
proporcionada por los sentidos. Una cosa es saber mucho y otra acumular
conocimientos. Para ir más allá, para trascender la realidad, es necesario
buscar en el interior de cada uno. Yo me he investigado a mí mismo, pero
reconozco que por muy lejos que vayas, nunca hallarás los límites del alma.
El logos nos enseña a actuar despiertos, y quienes no lo tienen actúan
dormidos. “Para los que están despiertos existe un cosmos unitario e idéntico;
para los que están dormidos, sólo existe su mundo particular, su propio
mundo de sombras, que no es otra cosa que un sueño”. La sabiduría sólo
puede ser expresada a través de palabras extraídas de la experiencia interior.
El logos sólo puede ser determinado mediante imágenes y metáforas; el logos
del que yo hablo es el espíritu.
Descargar

Diapositiva 1