El primer discurso del
Apóstol Pedro, después de
que el Espíritu Santo
descendió sobre la iglesia en
el día de Pentecostés.
Una de esas razones es
porque aquí encontramos
el cumplimiento de una de
las muchas promesas que
Jesús hizo a todos aquellos
que creyeron en Él.
Uno que “estará con
vosotros”,
y
“estará en vosotros”
para siempre.
“varones judíos piadosos,
de todas las naciones bajo
el cielo” (verso 5).
El versículo 14 dice, “Entonces
Pedro, poniéndose en pie con
los once, les habló, diciendo.”
Lo que el Apóstol Pedro hizo
fue, en primer lugar, explicar
aquel fenómeno que todos
estaban no sólo presenciando
sino del que estaban siendo
participantes.
Y luego, indudablemente
dirigido por el Espíritu
Santo, aprovechó el
momento para pronunciar
un discurso, que está
totalmente registrado en el
resto de ese capítulo.
En esta ocasión yo quiero
destacar algunos de los
principales pensamientos
del mensaje del Apóstol
Pedro, en aquella mañana
judía. Y quiero destacarlos
porque en ellos
encontramos
LA ESENCIA DEL
EVANGELIO.
Éste es un mensaje
exclusivamente acerca de
Jesús. Vea usted lo que dice
el verso 22, Varones
israelitas, oíd estas palabras:
Jesús nazareno …”.
Hechos
2:22-39.
En los hechos que aquí
se consignan acerca de
Jesús se presenta la
esencia del evangelio.
Toda persona que
quiera disfrutar de
perdón de pecados y
vida eterna necesita
poner su fe en Jesús.
¿Por qué necesito
yo poner mi fe en
Jesús si quiero tener
perdón de pecados
y vida eterna?
¿Por qué necesito
yo poner mi fe en
Jesús si quiero tener
perdón de pecados
y vida eterna?
“Varones israelitas, oíd estas
palabras: Jesús nazareno,
varón aprobado por Dios entre
vosotros con las maravillas,
prodigios y señales que Dios
hizo entre vosotros por medio
de él, como vosotros mismos
sabéis…”
1. Jesús era verdaderamente
un hombre.
a) ‘Jesús’ era el nombre que María
habría de dar a su hijo.
b) La palabra traducida como
“varón” viene de la palabra “” la cual
describe a ‘una persona, del sexo
masculino, madura en edad y en
estatura, en oposición a un niño o a
una mujer.
2. Pero Jesús no era simplemente
un hombre, sino que era uno que
había sido “aprobado por Dios” en
medio de ellos, con o a través de:
a) “las maravillas”,
b) “prodigios”,
c) Y “señales”.
Hechos 2:23, “A éste, entregado
por el determinado consejo y
anticipado conocimiento de Dios,
prendísteis y matásteis por manos
de inicuos, crucificándole.”
1. Que no quede duda alguna,
Jesús murió.
2. Los que participaron en su
aprehensión y muerte eran inicuos.
Lo que sí es cierto es que las palabras
de Pedro, “determinado consejo y
anticipado conocimiento de Dios” no
dejan lugar a duda. Todo estaba
perfectamente calculado.
3. ¡No. Jesús había tomado como
Su responsabilidad la de dar Su
vida por todos los pecadores!
Sí, Jesús era un hombre; y
este hombre, Jesús, murió para
pagar el precio de nuestro
pecado en la cruz. Dios así lo
había determinado y Él así lo
había aceptado.
El Apóstol Pedro, en aquel
primer mensaje predicado, sigue
diciendo en el vs. 24 y 32, “Al cual
Dios levantó, sueltos los dolores de
la muerte, por cuanto era
imposible que fuera retenido por
ella” y “A este Jesús resucitó Dios,
de lo cual todos nosotros somos
testigos.”
Pero hay tres hechos que
quedan perfectamente
claros de la lectura de los
versículos 24 y 32, y estos
son:
a) Dios levantó a Jesús de
entre los muertos.
b) Era imposible que la
muerte retuviera a Jesús, el
Autor de la Vida.
c) Todos los presentes aquella
mañana de Pentecostés en
Jerusalén habían sido testigos de la
resurrección de Jesucristo, pues
hacía apenas poco más de 50 días
que todo mundo se había
enterado de que la tumba en la
que había sido puesto Jesús, estaba
vacía y el cuerpo había
desaparecido.
Para Pedro aquello era un
hecho incontrovertible,
“la muerte no había podido
detener a Jesús”.
Y tampoco podrá retenernos a
nosotros los creyentes, cuando
llegue el momento.
Sí, Jesús era un hombre; y este
hombre, Jesús, murió para
pagar el precio de nuestro
pecado en la cruz. Dios así lo
había determinado y Él así lo
había aceptado.
Pero las cosas no terminaron
con Su muerte porque Jesús
resucitó, fue liberado de la
muerte por Dios. Hay una cosa
más que Pedro dijo en su
mensaje acerca de este
maravilloso hombre, y es algo
grandioso:
Pero las cosas no terminaron
con Su muerte porque Jesús
resucitó, fue liberado de la
muerte por Dios. Hay una cosa
más que Pedro dijo en su
mensaje acerca de este
maravilloso hombre, y es algo
grandioso:
“Así que, exaltado por la
diestra de Dios … Sepa, pues,
ciertísimamente toda la casa
de Israel, que a este Jesús a
quien vosotros crucificasteis,
Dios le ha hecho Señor y
Cristo.”
1. Exaltado a la diestra de
Dios”.
Ya no más traiciones,
ya no más tormentos;
ya no más negaciones; ,
ya no más cruces que
llevar.
Ahora Él se encuentra
a la diestra de Dios,
no acusándonos de los que
lo hicimos víctima sino
intercediendo por nosotros.
¿Puede usted creer eso?
2. Observe el texto bíblico: “…
que a este Jesús”, “a este Jesús
… Dios le ha hecho Señor y
Cristo.”
Permítanme comentar estas
dos palabras en orden inverso.
a) La palabra “Cristo” es para
identificarlo como el Mesías que había
de venir. Implica Deidad. Jesús era
Dios.
b) La palabra “Señor” habla de
supremacía, de soberanía, de
autoridad absoluta.
Con esto concluyo la parte
expositiva acerca de la esencia del
evangelio.
Se reduce a cuatro simples pero
muy profundos pensamientos:
Jesús nació, murió, resucitó y fue
exaltado a la diestra del Padre,
siendo hecho por Dios Señor y Cristo.
Pero tal vez tú te preguntas. “¿Y en
qué me beneficia o perjudica a mí
todo eso?”
Bien, recuerdas que al principio de
nuestro mensaje dijimos que “Toda
persona que quiera disfrutar de
perdón de pecados y vida eterna
necesita poner su fe en Jesús.”?
1.La pregunta. Dice el
versículo 37, “Al oír esto, se
compungieron de corazón, y
dijeron a Pedro y a los otros
apóstoles: Varones hermanos,
¡qué haremos?”
2. La respuesta. Leo el verso
38, que dice, “Pedro les dijo:
Arrepentíos y bautícese cada
uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de
los pecados…”
Observe las condiciones para
tener el perdón de pecados y
la vida eterna.
Primero, arrepentirse
sinceramente en su corazón;
eso le dará el perdón de
pecados.
Segundo, como una
evidencia de que usted ya es
salvo, mediante el
arrepentimiento sincero, usted
deberá mostrar al mundo su
obediencia a Cristo por medio
del bautismo.
1. La gran promesa. La parte
final del verso 38 dice, “… y
recibiréis el don del Espíritu
Santo.”
2. El alcance de la promesa.
Dice el verso 39, “Porque para
vosotros es la promesa, y para
vuestros hijos, y para todos los
que están lejos, para cuantos el
Señor nuestro Dios llamare.”
Ve usted, la promesa es que si
usted sinceramente pone su fe en
Jesucristo y es salvo, y obtiene el
perdón de pecados y la vida
eterna, de seguro querrá
compartir este mensaje con sus
hijos, familiares y amistades,
quienes también recibirán las
mismas bendiciones que usted.
3. Aquella mañana una gran
multitud recibió a Jesucristo como
Salvador personal.
¡Será éste el día en el que usted lo
reciba también?
Sinceramente esperamos
que así sea.
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