El ser humano para poder ser catalogado como humano
se encuentra estructurado por 5 niveles energéticos...
Estos niveles van de lo más denso a lo más sutil...
Cuerpo, Sentidos, Mente, Intelecto o capacidad para Discernir,
y Conciencia Individual.
Cuerpo
+
Sentidos
+
Mente
+
Intelecto
+ Conciencia
y/o
Energía Densa
Energía Sutil
Las energías que conforman la mente generalmente
son volubles, turbulentas, además de porfiadas
y en ocasiones “soberbias”.
Ella es la verdadera responsable de la esclavitud
y la liberación de cada persona.
El estado en que se encuentre este nivel energético, dependerá
de la forma en que se haya usado y se continúe usando.
Cuando las energías de la mente, siguen los dictados de las energías
que conforman el intelecto energético o el nivel de la
capacidad de discernimiento, entonces entra en armonía
con el nivel vibracional de la conciencia.
Si por el contrario obedecen los caprichos y fantasías
de lo sentidos, se vuelve esclava de ellos y una víctima
de las interminables aflicciones y sufrimientos.
La forma en que se estimule es lo que generará el alcance
y la repercusión de la infinidad de energías activadas,
al igual que la sucesión de acontecimientos provocados,
junto a la capacidad de reaccionar nuevamente.
Es en otras palabras, la repercusión, la reacción y el reflejo
energético que se encuentra regulado por la Ley de Causa y Efecto.
La mente es la proyección de la “calidad”
de nuestro ser interno en todo lo que hacemos.
La mente como tal, no es en absoluto una enemiga del
ser humano. Al contrario, ella es un brote de sabiduría,
razón por lo que hay que entender cómo se ha de
moldear, tratando de armonizarla en el nivel en el que se
encuentran las del intelecto y las de la conciencia.
Para ello, se debe tener presente que los “buenos” pensamientos
conducen a la felicidad y a la plenitud del ser, mientras que los
“malos” degradan en lo irracional, lo animal y/o bestial.
La responsabilidad de las acciones ejecutadas recae
en el tipo de pensamientos que las generan.
Reemplazar los malos pensamientos por los buenos
requiere de un esfuerzo sincero, firme y voluntario.
La forma de educarla puede compararse con la representación
de un monólogo “controlado y supervisado” por el intelecto,
en el cual se le pueda dar la oportunidad de asumir distintos
roles, desempeñando en consecuencia diferentes funciones
según los requerimientos de las situaciones.
Esta es una forma de regular los pensamientos
pero sin detenerse mucho en detalles.
Es una regulación en la que se pueden incluir también
la “corrección energética” de los sentimientos y las emociones.
La acción que se ejecuta después de una reflexión y después de
un adecuado discernimiento, es lo único que puede generar paz
y confianza, teniendo presente que el prerrequisito para la
acción correcta es el pensamiento correcto.
Al comprender que no somos el pensador y nos dedicamos
a observar ese supuesto pensador, se estarán activando
las energías del intelecto y de la conciencia.
Es así como nos damos cuenta que lo verdaderamente
importante se encuentra más allá de la mente.
Los dolores,
resentimientos, odios,
venganzas y pesares que
aparecen con cierta
frecuencia en la vida
diaria, deben ser
apartados, olvidados y
dejados en el pasado.
Así como también deben
ser suprimidas toda clase
de agitaciones y
excitaciones.
En todo ejercicio mental, la mente debe irse “vaciando"
concientemente para que puedan “entrar” buenos pensamientos
y así, ir transformando con ello las energías de la ignorancia.
En la mente se mueven un sin fin de energías que
por su densidad pueden también ser clasificadas en:
- Las que se van haciendo más sutiles se van liberando
pasando a formar parte del intelecto.
- Las que se vuelven más hábiles identificándose
constantemente con el cuerpo físico y asumiendo
la función de hacedor, forman el ego.
- Las de la mente en sí, que son las que
generan los pensamientos.
- Las que se hacen mucho más densas,
forman la memoria.
Las energías del ego son más hábiles que las de la mente y las
del intelecto. Éste nace del engaño que genera el orgullo por la
autoestima, la propia riqueza, la erudición, la falsa inteligencia,
así como la belleza corporal, la vanidad y/o la fama.
Cuando el ego se hace presente y sus energías se hacen
relevantes, las energías del intelecto tienden a ser encubiertas.
Las energías de la
memoria son el resultado
acumulado vida
tras vida.
Es un depósito de
“recuerdos energéticos”,
no de imágenes.
Esto se debe a que la
energía contenida en el
pensamiento, al no ser
liberada, sobrevive
después de la muerte.
El auténtico despertar se da cuando se domina la facultad del
habla en la mente, luego la mente en el intelecto y finalmente
el intelecto en la conciencia. Es así como el ser humano va
moldando su mente como corresponde a un humano.
Por otra parte, cada órgano de los sentidos tiene un límite
natural prescrito, al igual que el cuerpo está regido por
ciertas normas tanto naturales como terrenales.
La forma de “educarlos” y de controlarlos es practicando
la ecuanimidad, la rectitud y el respeto, apartando
la agitación, el goce excesivo y la impulsividad al momento
de entrar en contacto con el mundo exterior.
Sólo cuando se entienda correctamente la naturaleza de
cada uno de los diferentes niveles energéticos: el cuerpo,
los sentidos, la mente, el intelecto y la conciencia,
seremos capaces de vivir una vida humana
más integra y llena de sentido,
haciendo de este mundo un Mundo Mejor.
Elizabeth Vârga Ramírez
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