El camino hacia una inteligencia nacional madura implica el avance en una doble dimensión:
Por una parte, el entorno espacial de nuestros esfuerzos y alianzas debe crecer progresivamente, hasta el punto en
que seamos capaces de aprehender el mundo en su totalidad (eje horizontal)
Por otra, hemos de ampliar el alcance de nuestros objetivos, elevando el punto de mira desde lo tradicional e
inmediato (crimen, terrorismo) hacia aquellos factores quizás menos obvios que no han merecido la atencion de la
inteligencia de las naciones hasta ahora, pero que se prevé que serán decisivos en el medio y largo plazo (Ecología,
pobreza, enfermedades, etc…
El esfuerzo necesario para que una nación se convierta en inteligente debe ser soportado conjuntamente por todos los
principales grupos de acción (tribus), los cuales deben avanzar de forma coordinada y apoyándose los unos en los otros.
Es decir, tránsito hacia la inteligencia nacional no puede ser sino el resultado de la acción decidida y coordinada de redes
nacionales multidisciplinares.
Para entender el futuro correctamente hay que partir de un análisis poliédrico que contemple diferentes
variables: Ciencia, Humanidades, religión, etc…, que incorpore las enseñanzas que puedan obtenerse de la
historia (de “todas las historias”, no sólo la historia occidental escrita en francés o inglés) y que se apoye en la
recopilación de datos de distintas fuentes y en el triple plano local, nacional y global
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