El LIBRO
DEL APOCALIPSIS
DE JUAN
TEMARIO
1: Prólogo
2-3: Siete cartas.
4: Dios en un Trono
5. Cordero degollado
6. Siete Sellos.
7. 144.00
8-9. Siete Trompetas
10. Comer el Libro
11. Dos Testigos
12. El Dragón y la mujer
13. Dos Bestias
14. 144.000
15. Cántico de Moisés.
16. Siete Copas
17. Juicio a Babilonia
18. Caída de Babilonia
19. Fiesta: cayó Babilonia
20. Los Mil Años
21-22. Cielo-Tierra Nueva
CONTEXTO HISTÓRICO (Ap.1,9)
Yo, Juan, hermano de ustedes,
con quienes comparto las
tribulaciones, el Reino y la
espera perseverante en Jesús,
estaba en la isla de PATMOS, a
causa de la Palabra de Dios y
del testimonio de Jesús.
Patmos: Isla carcelaria
Isla de Patmos (Asia menor)
¿Un Libro Difícil? Simbolismo
“Apocalipsis” = revelación, desenmascarar.
“Apocalíptica”: género literario.
 Bíblicos: 71% citas del AT. Conocer el A.T.
 Explicados: 1,20; 11,8; 17,5.9 = Babilonia =
Roma.
 Humanos: 1,12–16.
 Animales: 5,5–6.
 Cósmicos: estrellas (12,1); Mar (13,1).
 Numéricos: 7 (simbólico); 666; 144.000.
 Colores: 6,1–8; 19,11–13.
¿Cuándo se cumplirán las profecías del
Apocalipsis? (Ap.1.3)
REVELACIÓN de JESUCRISTO, que
le fue confiada por Dios para enseñar
a sus servidores lo que tiene que
suceder pronto.
Feliz el que lea, y felices los que
escuchen las palabras de esta profecía
y tengan en cuenta lo que está escrito
en ella, porque el tiempo está cerca
Siete Bienaventuranzas
1,3:
Feliz el que lea, y felices los que escuchen las
palabras de esta profecía y tengan en
cuenta lo que está escrito en ella, porque el
tiempo está cerca.
14,13:
¡Felices los que mueren en el Señor! Sí –dice
el Espíritu– de ahora en adelante, ellos
pueden descansar de sus fatigas, porque
sus obras los acompañan».
16,15:
Feliz el que vigila y conserva su ropa
para no tener que andar desnudo,
mostrando su vergüenza.
19,9:
Felices los que han sido invitados al
banquete de bodas del Cordero».
20,6:
¡Felices y santos, los que participan de la
primera resurrección! La segunda
muerte no tiene poder sobre ellos.
22,7
Feliz el que cumple las palabras
proféticas de este Libro».
22,14
¡Felices los que lavan sus
vestiduras para tener derecho a
participar del árbol de la vida y a
entrar por las puertas de la
Ciudad!
¿Cuándo vendrá el ANTICRISTO?
(1 Jn.2,18-22)
Hijos míos, es la última hora. Habéis oído
que iba a venir un ANTICRISTO; pues bien,
muchos ANTICRISTOS han aparecido, por
lo cual nos damos cuenta que es ya la última
hora. Salieron de entre nosotros; pero no
eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los
nuestros,
habrían
permanecido
con
nosotros.
¿Quién es el mentiroso sino el que niega
que Jesús es el Cristo? Ese es el
ANTICRISTO, el que niega al Padre y al
Hijo.
Carta a Trajano
Cayo Plinio a Trajano, emperador.
Es costumbre en mí, Señor, darte
cuenta de todo asunto que me ofrece
dudas. ¿Quién, en efecto, puede mejor
dirigirme en mis vacilaciones o
instruirme en mi ignorancia? Nunca he
asistido a procesos de cristianos.
De ahí que ignore qué sea costumbre
y hasta qué punto castigar o
investigar en tales casos.
Ni fue tampoco mediana mi perplejidad
sobre si debe hacerse alguna diferencia
de las edades, o nada tenga que ver
tratarse de muchachos de tierna edad o
de gentes más robustas; si se perdona
al que se arrepiente, o nada le valga a
quien fue cristiano haber dejado de
serlo, si hay, en fin, que castigar el
nombre mismo, aún cuando ningún
hecho vergonzoso le acompaña, o sólo
los crímenes que pueda ir anexos al
nombre.
Por de pronto, respecto a los que
me
eran
delatados
como
cristianos,
he
seguido
el
procedimiento siguiente: empecé
por interrogarles a ellos mismos.
Si confesaban ser cristianos, los
volvía a interrogar por segunda y
tercera con amenaza de suplicio.
A los que persistían, los mandé
ejecutar.
Pues fuera lo que fuera lo que confesaban,
lo que no ofrecía duda es que su
pertinacia y obstinación inflexible tenía
que ser castigada.
Otros hubo, atacados de semejante locura
de los que, por ser ciudadanos romanos,
tomé nota para ser remitidos a la Urbe.
Luego, a lo largo del proceso, como suele
suceder, al complicarse la causa, se
presentaron varios casos particulares.
Se me presentó un memorial, sin firma,
con una larga lista de nombres. A los
que negaban ser o haber sido cristianos, y
lo probaban invocando, con fórmula
por mí propuesta, a los dioses y
ofreciendo incienso y vino a tu estatua,
que para este fin mandé traer al tribunal
las imágenes de las divinidades, y
maldiciendo por último a Cristo, cosas
todas que se dice ser imposible forzar a
hacer a los que son de verdad cristianos,
juzgué que debían ser puestos en libertad.
Otros, incluidos en las listas del
delator, dijeron sí ser cristianos, pero
inmediatamente lo negaron; es decir,
que lo habían sido, pero habían dejado
de serlo, unos desde hacía tres años,
otros desde más, y aún hubo quien
desde veinte.
Estos también, todos, adoraron tu
estatua y la de los dioses y
blasfemaron de Cristo.
Ahora bien, afirmaban éstos que, en
suma, su crimen o, si se quiere, su
error se había reducido a haber tenido
por costumbre, en días señalados,
reunirse antes de rayar el sol y
cantar, alternando entre sí a coro, un
himno a Cristo como a Dios y
obligarse por solemne sacramento
no a crimen alguno, sino a no cometer
hurtos ni latrocinios ni adulterios, a no
faltar a la palabra dada, a no negar, al
reclamárseles, el depósito confiado.
Terminado todo eso, decían que la costumbre
era retirarse cada uno a su casa y reunirse
nuevamente para una comida en común,
empero, inofensiva; y aún eso mismo, lo
habían dejado de hacer después de mi edicto
por el que, conforme a tu mandato, había
prohibido las asociaciones secretas.
Con estos informes, me pareció todavía más
necesario inquirir qué hubiera en todo ello de
verdad, aún por la aplicación del tormento a
dos esclavas que eran llamadas ministras.
Ninguna otra cosa hallé, sino una superstición
perversa y desmedida.
Por ello, suspendidos los procesos, he
acudido
a
consultarte.
El
asunto,
efectivamente, me ha parecido que valía la
pena de ser consultado, atendido, sobre
todo, el número de los que están acusados.
Porque es el caso que muchos, de toda
edad, de toda condición, de uno y otro
sexo, son todavía llamados en justicia, y lo
serán en adelante. Y es que el contagio de
esta superstición ha invadido no sólo las
ciudades, sino hasta las aldeas y los
campos; mas, al parecer, aún puede
detenerse y remediarse.
Lo cierto es que, como puede fácilmente
comprobarse, los templos, antes ya casi
desolados, han empezado a frecuentarse,
y las solemnidades sagradas, por largo
tiempo interrumpidas, nuevamente se
celebran, y que, en fin, las carnes de las
víctimas, para las que no se hallaba
antes sino un rarísimo comprador,
tienen ahora excelente mercado.
De ahí puede conjeturarse qué
muchedumbre de hombres pudiera
enmendarse con sólo dar lugar al
arrepentimiento.
Roma esclavista (18,11-13)
También los comerciantes de la tierra lloran y
están de duelo por ella, porque ya nadie les
compra sus mercancías:
objetos de oro y de plata; piedras preciosas,
perlas, telas de lino y de púrpura, de seda y de
escarlata; maderas aromáticas; objetos de
marfil, de maderas finas, de bronce, de hierro y
de mármol; canela, ungüento perfumado,
perfumes, mirra e incienso; vino, aceite, harina
y trigo; animales de carga, ovejas, caballos y
carros; esclavos y mercancía humana.
¿Sólo se salvarán 144.000? (Ap.7)
Vi a cuatro Ángeles que estaban de
pie en los cuatro puntos cardinales y
sujetaban a los cuatro vientos para
que no soplaran sobre la tierra, ni
sobre el mar, ni sobre los árboles.
Luego vi a otro Ángel que subía del
Oriente, llevando el sello del Dios vivo.
Y comenzó a gritar con voz potente a los
cuatro Ángeles que habían recibido el
poder de dañar a la tierra y al mar: «No
dañen a la tierra, ni al mar, ni a los
árboles, hasta que marquemos con el
sello la frente de los servidores de
nuestro Dios». Oí entonces el número
de los que habían sido marcados:
eran 144.000, pertenecientes a todas las
tribus de Israel.
Doce mil de la tribu de Judá,
doce mil de la tribu de Rubén,
doce mil de la tribu de Gad,
doce mil de la tribu de Aser,
doce mil de la tribu de Neftalí,
doce mil de la tribu de Manasés,
doce mil de la tribu de Simeón,
doce mil de la tribu de Leví,
doce mil de la tribu de Isacar,
doce mil de la tribu de Zabulón,
doce mil de la tribu de José,
doce mil de la tribu de Benjamín.
Después
de
esto,
vi
una
enorme
muchedumbre, imposible de contar, formada
por gente de todas las naciones, familias,
pueblos y lenguas.
Hijos de Jacob (Gn.35,23-26)
De
Lía
fueron
Rubén,
el
primogénito de Jacob, Simeón,
Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
De Raquel fueron José y Benjamín.
De Bilhá, la esclava de Raquel,
fueron Dan y Neftalí.
De Zilpá, la esclava de Lía, fueron
Gad y Aser.
¿666 = el número del diablo?
(Ap.13,18)
“¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente
calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra
de un hombre. Su cifra es 666”.
GEMATRÍA
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R
200
S
60
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100 50 6
R
200
N
50 = 666
La Trinidad Diabólica:
El Imperialismo (Ap.16,13)
“Salían de la boca
del Dragón,
de la Bestia y
del falso profeta
tres espíritus impuros,
semejantes a ranas”.
DIABLO PADRE (Ap.12,3-6)
Y apareció en el cielo otro signo: un
enorme Dragón rojo como el fuego, con
siete cabezas y diez cuernos, y en cada
cabeza tenía una diadema.
Su cola arrastraba una tercera parte de las
estrellas del cielo, y las precipitó sobre la
tierra. El Dragón se puso delante de la
Mujer que iba a dar a luz, para devorar a
su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que
debía regir a todas las naciones
con un cetro de hierro.
Pero el hijo fue elevado hasta Dios
y hasta su trono, y la Mujer huyó al
desierto, donde Dios le había
preparado un refugio para que allí
fuera alimentada durante mil
doscientos sesenta días.
Entonces se libró una batalla en el
cielo: Miguel y sus Ángeles
combatieron contra el Dragón, y este
contraatacó con sus ángeles, pero
fueron vencidos y expulsados del
cielo. Y así fue precipitado el enorme
Dragón, la antigua Serpiente,
llamada Diablo o Satanás, y el
seductor del mundo entero fue
arrojado sobre la tierra.
Diablo Hijo (Ap.13,1-4)
Entonces vi que emergía del mar una
Bestia con siete cabezas y diez cuernos.
En cada cuerno tenía una diadema, y
sobre sus cabezas había leyendas con
nombres blasfemos.
Parecía una pantera, pero tenía las patas
como las de un oso y la boca como la de
un león. El Dragón le concedió su poder
y su trono con un inmenso imperio.
Una de sus cabezas parecía herida
de muerte, pero su llaga mortal ya
estaba cicatrizada.
Toda la tierra, maravillada, siguió a la
Bestia, y todos adoraron al Dragón
porque él le había cedido el poder, y
también adoraron a la Bestia,
diciendo: «¿Quién se le puede
igualar y quién puede luchar
contra ella?».
Daniel (7,2-6)
Daniel tomó la palabra y dijo: Yo miraba en
mis visiones nocturnas, y vi los cuatro
vientos del cielo que agitaban el gran mar.
Y cuatro bestias enormes, diferentes entre
sí, emergieron del mar.
El primero era como un león y tenía alas de
águila. Yo estuve mirando hasta que fueron
arrancadas sus alas; él fue levantado de la
tierra y puesto de pie sobre dos patas como
un hombre, y le fue dado un corazón de
hombre.
Luego vi otra bestia, el segundo,
semejante a un oso; él estaba medio
erguido y tenía tres costillas en su boca,
entre sus dientes. Y le hablaban así:
“¡Levántate,
devora
carne
en
abundancia!”.
Después de esto, yo estaba mirando y vi
otra bestia como un leopardo; tenía
cuatro alas de pájaro sobre el dorso y
también cuatro cabezas, y le fue dado el
dominio.
Diablo Espíritu (Ap.13,11-18)
En seguida vi surgir de la tierra otra
Bestia que tenía dos cuernos como
los de un cordero, pero hablaba
como un dragón. Esta Bestia ejercía
todo el poder de la primera y estaba a
su servicio; y logró que la tierra y sus
habitantes adoraran a la primera
Bestia, a aquella cuya llaga mortal se
había cicatrizado.
También
realizaba
grandes
prodigios,
llegando
a
hacer
descender fuego del cielo sobre la
tierra a la vista de todos.
Y por los prodigios que realizaba al
servicio de la primera Bestia, sedujo a
los habitantes de la tierra para que
fabricaran una imagen en honor de
aquella que fue herida por la espada
y sobrevivió.
También se le permitió dar vida a la
imagen de la Bestia, para hacerla hablar
y dar muerte a todos aquellos que no
adoran su imagen. Así consiguió que todos
–pequeños y grandes, ricos y pobres,
libres y esclavos– se dejaran poner una
marca en su mano derecha o sobre su
frente, de manera que nadie podía
comprar o vender, si no llevaba marcado
el nombre de la Bestia o la cifra que
corresponde a su nombre.
Para esto se precisa
inteligencia.
El que tenga inteligencia
calcule la cifra de la Bestia,
porque es una cifra humana:
666
LUCIANO:
ALEJANDRO EL FALSO PROFETA
“Cuando quería sorprender
aún más a la gente, prometía
que iba a hacer que el dios
pronunciase
personalmente
oráculos,
sin necesidad de un profeta.
No le resultaba difícil construir un
sistema de tubos que iban a parar a
la cabeza, que el se había encargado
de modelar como si tuviera vida.
Las preguntas de la gente eran
contestadas por otra persona que
hablaba desde el exterior, de modo
que la voz parecía proceder del
propio dios”.
Y vi que de
la boca del
Dragón
(Padre)
de la boca
de la Bestia
(Hijo)
y de la boca del
falso profeta
(Espíritu),
salían tres espíritus inmundos. (Ap. 16,13)
Los cuatro jinetes del Apocalipsis
(6,1-8)
Y seguí viendo: Cuando el Cordero
abrió el primero de los siete sellos, oí
al primero de los cuatro Vivientes que
decía con voz como de trueno: «Ven».
2 Miré y había un caballo BLANCO; y el
que lo montaba tenía un arco; se le dio
una corona, y salió como vencedor, y
para seguir venciendo.
1
Cuando abrió el segundo sello, oí
al segundo Viviente que decía:
«Ven».
4
Entonces salió otro caballo,
ROJO; al que lo montaba se le
concedió quitar de la tierra la paz
para que se degollaran unos a
otros; se le dio una espada
grande.
3
5
6
Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer
Viviente que decía: «Ven». Miré entonces
y había un caballo NEGRO; el que lo
montaba tenía en la mano una balanza,
y oí como una voz en medio de los cuatro
Vivientes que decía:
«Un litro de trigo por denario,
tres litros de cebada por un denario.
Pero no causes daño al aceite y al vino.»
7
Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del
cuarto Viviente que decía: «Ven».
8 Miré
entonces y había un caballo VERDE;
el que lo montaba se llamaba Muerte, y
Hades le seguía.
Se les dio poder sobre la cuarta parte de
tierra, para matar con la espada, con
hambre, con la peste y con las fieras de
tierra.
el
la
el
la
Picasso: Gernika (26.4.1937)
CIELO
Mundo
Ciudad
Jardín
21,1–3
21,9–10
22,1
Descripción 21,3
21,12.14
22,1–3
Advertencia 21,8
21,27
22,15
Visión
Mundo Nuevo (Ap.21,1-9)
Después vi un cielo nuevo y una tierra
nueva, porque el primer cielo y la
primera tierra desaparecieron, y el mar
ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva
Jerusalén, que descendía del cielo y
venía de Dios, embellecida como una
novia preparada para recibir a su
esposo.
Y el que estaba sentado en el trono
dijo: «Yo hago nuevas todas las
cosas». Y agregó: «Escribe que estas
palabras son verdaderas y dignas de
crédito. ¡Ya está! Yo soy el Alfa y la
Omega, el Principio y el Fin.
Al que tiene sed, yo le daré de beber
gratuitamente de la fuente del agua
de la vida. El vencedor heredará
estas cosas, y yo seré su Dios y él
será mi hijo.
Pero
los
cobardes,
los
incrédulos, los depravados, los
asesinos, los lujuriosos, los
hechiceros, los idólatras y
todos los falsos, tendrán su
herencia en el estanque de
azufre ardiente, que es la
segunda muerte».
Paraíso Nuevo (Ap.22,1-3)
El Ángel me mostró un río de agua de
vida, claro como el cristal, que brotaba del
trono de Dios y del Cordero, en medio de
la plaza de la Ciudad.
A ambos lados del río, había árboles de
vida que fructificaban doce veces al
año, una vez por mes, y sus hojas
servían para curar a los pueblos. Ya no
habrá allí ninguna maldición
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