Hay muchas ideas diferentes sobre el
estado de los muertos pero, ¿qué nos
dice Dios sobre eso?
El hombre está formado
por dos componentes.
“Entonces Jehová Dios formó al
hombre del polvo de la tierra. Sopló
en su nariz aliento de vida, y el
hombre llegó a ser un ser viviente.”
(Gén. 2: 7)
Adán tenía cerebro, pero no pensaba ni
amaba –hasta que Dios le sopló en la
nariz, aliento de vida. ¿Y cuál fue el
resultado?
Polvo de la tierra + aliento de vida =
alma viviente.
Lámpara + corriente
eléctrica = luz.
Cuando se
interrumpe la
corriente eléctrica,
¿qué pasa con la luz?
Se apaga.
¿Dónde va la luz? A
ningún lugar,
solamente se apaga.
Se corta la corriente eléctrica y
la luz deja de existir.
Se remueve el aliento de vida, y no habrá
alma –solamente un cuerpo muerto.
La desobediencia separó al hombre
de la Fuente de Vida.
“... Puedes comer de todos
los árboles del jardín;
pero del árbol del
conocimiento del bien y
del mal no comerás,
porque el día que comas
de él, ciertamente
morirás.”
(Génesis 2: 16-17)
La primera mentira fue sobre el
estado de los muertos.
“Ciertamente no
moriréis.”
(Génesis 3: 3, 4)
Las tendencias
pecaminosas de Adán y
Eva fueron trasmitidas
para toda la raza humana.
“Por esta razón, así como
el pecado entró en el
mundo por medio de un
solo hombre y la muerte
por medio del pecado, así
también la muerte pasó a
todos los hombres...”
(Romanos 5: 12)
Nuestro cuerpo está
sujeto a la muerte.
“No reine, pues, el pecado en
vuestro cuerpo mortal, de modo
que obedezcáis a sus malos
deseos.” (Romanos 6: 12)
La inmortalidad
nos es concedida
solamente en
Cristo.
“Nuestro Salvador
Cristo Jesús. Él
anuló la muerte y
sacó a la luz la vida
y la inmortalidad.”
(2 Timoteo 1: 10)
Solamente Dios es inmortal.
“... el Rey de reyes y Señor de
señores; el único que tiene
inmortalidad...”
(1 Timoteo 6: 15, 16)
¡La enseñanza de la
inmortalidad del
alma no tiene
fundamento
bíblico!
El hombre está hecho
de polvo.
“Es que el polvo
vuelve a la tierra,
como era; y el
espíritu vuelve a
Dios, quien lo dio.”
(Eclesiastés 12: 7).
“Porque polvo eres
y al polvo
volverás.
(Génesis 3: 19)
Ningún texto bíblico
dice que el espíritu
del hombre “bueno”
vuelve a Dios.
La palabra “espíritu” es hebrea (RUACH)
que simplemente significa aliento.
Algunas veces se la traduce como aliento
y otras como espíritu –pudiendo usarse
alternadamente.
Los muertos no
saben nada.
“... pero los muertos
no saben nada,...
También han
desaparecido su
amor, su odio y su
envidia. Ya no
tienen parte en este
mundo, en todo lo
que se hace debajo
del sol.”
(Eclesiastés 9: 5, 6)
El mismo David no subió al cielo
después de su muerte.
“Hermanos, os puedo
decir confiadamente que
nuestro padre David
murió y fue sepultado, y
su sepulcro está entre
nosotros hasta el día de
hoy. Porque David no
subió a los cielos.”
(Hechos 2: 29, 34)
La muerte no es una
continuación de la
vida, es un período
de espera.
En 50 lugares, la Biblia muestra
la muerte como un sueño.
“Nuestro amigo Lázaro
duerme, pero voy para
despertarlo...”
Entonces dijeron sus discípulos: Señor, si
duerme, se sanará. Sin embargo, Jesús había
dicho esto de la muerte de Lázaro, pero ellos
pensaron que hablaba del reposo del sueño.
Así que, luego Jesús
les dijo claramente:
”Lázaro ha muerto.”
(Juan 11: 11-14)
El sueño de la muerte
no dura eternamente.
“No os asombréis
de esto, porque
vendrá la hora
cuando todos los
que están en los
sepulcros oirán su
voz y saldrán,...
... los que hicieron
el bien para la
resurrección de vida,...
... pero los que practicaron
el mal para la resurrección
de condenación.”
(Juan 5: 28, 29)
Si los muertos fuesen directamente al
cielo o al infierno, no habrá necesidad del
día de la resurrección para recibir la
recompensa.
La resurrección de
Jesús es nuestra
certeza de que los
santos muertos
resucitarán.
“Si sólo en esta vida
hemos tenido esperanza
en Cristo, somos los más
miserables de todos los
hombres.”
(1 Cor. 15: 19)
“Pero ahora,
Cristo sí ha
resucitado de
entre los
muertos, como
primicias
de los que
durmieron.”
(1 Cor. 15: 20)
1 Tesalonicenses 4: 16, 17.
“Porque el Señor mismo
descenderá del cielo
con aclamación, con
voz de arcángel y con
trompeta de Dios; y los
muertos en Cristo
resucitarán primero.
Luego nosotros, los que vivimos y
habremos quedado, seremos
arrebatados juntamente con ellos en
las nubes, para el encuentro con el
Señor en el aire; y así estaremos
siempre con el Señor.
(1 Tes. 4: 16, 17)
La muerte se
asemeja a un
niño que está
durmiendo.
Los que tuvieron su
cuerpo dilacerado en la
muerte, recibirán un
cuerpo incorruptible y
perfecto.
(1 Corintios 15)
Si los muertos
pudiesen ver a sus
queridos pasando
necesidad o pesares,
no podrían disfrutar
del cielo.
Sucederán dos
resurrecciones.
¿En cuál
planeas estar?
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La Naturaleza del Hombre