Por César Negueruela
El rabel es un instrumento musical de cuerda
frotada, de uso popular en la península
ibérica, traído probablemente por los árabes
a España y extendido especialmente por la
cordillera Cantábrica (sobre todo en
Cantabria, Asturias y León).
• Es un instrumento pastoril y consta de una, dos o
tres cuerdas afinadas por cuartas o quintas, según el
modelo.
• Se hace sonar con un arco de crines de caballo, al
cual se le ha aplicado resina. La caja de resonancia
es de madera y la tapa armónica puede ser de
madera, hojalata o piel tensa. Acompaña canciones
de baile, romances y tonadas picarescas.
•
Se hace mención de rabeles en cuentos
populares donde la astucia y la importancia
del lenguaje musical acaban librando de unos
malhechores a un infortunado pastor. Como
en el caso de la historia recogida en las
Viniegras, en La Rioja, que cuenta cómo un
pastor que estaba en su chozo, oyó llegar a
unos ladrones. Como estaba solo se le ocurrió
coger el rabel y hacerlo hablar cantando
•
Se conocen grabados, ilustraciones y
referencias al Rabel desde la Edad
Media, aunque es evidente que su
origen es más remoto.
Tradicionalmente se suele asociar este
tipo de instrumentos de cuerda frotada
con el legado árabe, y, si bien hay
muchas similitudes y coincidencias,
también existe una discusión llena de
matices sobre este hecho (la forma de
tañerlo sobre las piernas o sobre el
pecho, su construcción, etc). Lo cierto
es que el rabāb, el instrumento de
cuerda frotada del mundo islámico, fue
introducido en Occidente, merced a la
conquista de la península ibérica (en
tanto que la evolución de la kemençe
islámica dio origen a la lira bizantina y
de ahí a la fidula. La fidula tiene más
cuerdas y una tesitura más grave que el
rabel.)
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El rabel