Viaje virtual a los
rincones de…
Sostiene
Pereira
La música corresponde a la pieza “La brisa del corazón”, interpretada por la fadista
Dulce Pontes para la banda sonora de la película Sostiene Pereira (Roberto Faenza).
En un bello país llamado
Portugal…
…desemboca el Tajo –nacido en
Teruel– tras su paso por Lisboa
Lisboa es una ciudad
del tamaño de Valencia. Ya
era así en 1938, cuando Pereira
arrastraba por ella su cansado y
sudoroso cuerpo.
Aquí debajo tienes la plaza de Don Pedro
(Rossio) en la época de la novela.
Todos los días Pereira recorría
fatigosamente la ciudad desde su
casa en la Rua da Saudade hasta la
oficina en la Rua Rodrigo da
Fonseca, a 3 km de distancia.
Claro que solía coger el tranvía, o incluso
tomar una taxi. Eso se explica por sus
dificultades físicas, pero también por el húmedo
calor lisboeta, por la tensa situación política…
Y por otras razones…
Su oficina se encontraba en la Rua da
Fonseca, una zona levemente inclinada
en el Ensanche de Lisboa, cerca de la
importante plaza del Marqués de
Pombal.
En la novela
suele referirse al
recorrido que hace
por la calle
Alexandre
Herculano y por la
avenida de la
Libertad.
En la actualidad,
así es la calle de la
Fonseca, a la altura de
donde se encontraba
el despacho de Pereira.
Precisamente en
la calle Alexandre
Herculano todavía
existe una cafetería
llamada Orquídea,
donde tantas veces
toma Pereira una
tortilla de finas
hierbas.
Se encuentra a
un par de minutos
de la oficina.
Tampoco está tan lejos –cosa de un kilómetro– la
plaza de la Alegría, donde Pereira se cita por primera
vez con Monteiro Rossi. Basta bajar paseando diez
minutos por la elegante avenida de la Libertad.
Por las tardes, cuando Pereira vuelve
agotado –física y mentalmente–, procura
subir en el tranvía hasta cerca de su casa.
Vive un poco más arriba de la catedral,
donde tiene la parada el tranvía.
Su casa se encuentra junto al
pintoresco barrio de la Alfama, en la
ladera del castillo de San Jorge. Desde
la catedral a su calle, la Rua da
Saudade, apenas hay ciento cincuenta
metros, pero muy empinados.
También al tranvía le cuesta trabajo
subir esa pendiente.
Llegamos a casa de Pereira, en la Rua
da Saudade –que significa algo así como
tristeza o melancolía–. Desde la Catedral
basta subir por Augusto Roa y girar en la
primera a la izquierda.
Así que solo nos queda…
…una
visita
real…
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