La Celestina,
de Fernando de
Rojas
A cargo de Pere Pajerols
La Celestina es una de las obras más universales de
la literatura española de todos los tiempos.
Ya en su tiempo, tuvo un gran éxito (entre 1500 y
1650 se publicaron unas 90 ediciones en castellano) y
fue traducida a varias lenguas.
Fijará las bases de la novela y el teatro posteriores, y
se considera el inicio de los Siglos de Oro de las
letras españolas.
1.1. El Prerrenacimiento
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El siglo XV. Cambio de mentalidad que supone una
ruptura con la concepción medieval del mundo.
Humanismo. La visión teocéntrica de la Edad
Media es sustituida por un antropocentrismo que
ensalza al individuo.
Redescubrimiento de la Antigüedad clásica. Los
humanistas verán en las obras de los antiguos un
modelo a imitar.
Cambio social. El crecimiento de las ciudades
conllevó que la burguesía adquiriera más poder.
Revolución cultural. Se fundan nuevas
universidades y se difunde la cultura a través de la
imprenta.
1.2. La situación en España
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Unificación política. Unión de los reinos de Castilla y
Aragón al rededor de un poder monárquico fuerte.
Política religiosa. Intolerancia religiosa y difícil
situación de los conversos.
Cambio cultural. Las ideas humanistas y la
admiración por la cultura grecolatina se difunden a
través de las universidades y de la imprenta.
1.3. La literatura en el siglo XV
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Nueva literatura. Nuevo impulso de la literatura
castellana mediante la imitación de los modelos
latinos e italianos.
Teatro. El teatro del momento es fundamentalmente
religioso, aunque aparecen las primeras
manifestaciones de teatro profano (Églogas de Juan
del Encina).
Narrativa. Éxito de las novelas de caballerías y de
las novelas sentimentales: ambas presentan un
mundo idealizado.
Poesía. Surge una poesía culta o de cancionero,
inspirada en el amor cortés.
Autoría y ediciones de
La Celestina
La crítica coincide en presentar a Fernando de Rojas
como el autor de buena parte de la obra. Sin embargo,
en el Prólogo de la obra, el propio Rojas declara haber
decidido continuar la obra después de encontrarse un
manuscrito con el primer acto. Por todo ello, en la
actualidad, la cuestión de la autoría de La Celestina
sigue siendo un enigma.
2.1. Ediciones de La Celestina
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Existen dos versiones principales de la obra: la
Comedia (16 actos) y la Tragicomedia (21 actos).
La Comedia aparece a partir de 1499 (edición de
Burgos), aunque parece que fue escrita un par de
años antes.
La Tragicomedia (1507) presenta un prólogo en el
que se revela la identidad del autor y cinco actos
más (el llamado “Tratado de Centurio”).
La mayor parte de la autoría se atribuye a
Fernando de Rojas, aunque él mismo declara
haber encontrado el primer acto.
2.2. Fernando de Rojas
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Nace hacia 1476 en la Puebla de Montalbán
(Toledo) y muere el 1541.
1488-1500. Estudia en la Universidad de
Salamanca y obtiene el título de bachiller en
Leyes. Compone La Celestina.
Ejerce de abogado y llega a ser alcalde de Talavera
de la Reina.
¿Posible origen converso?
Primera edición de la obra
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Burgos, 1499.
Edición anónima.
No constan ni el título ni el autor.
XVI actos.
Nuevas ediciones
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Toledo y Salamanca, 1500.
Edición anónima.
Título: Comedia de Calisto y Melibea.
XVI actos.
Preliminares:
– Carta: “El autor a un amigo suyo”.
– Poema: “El autor escusándose de su error en esta obra
que escribió, argumenta y compara contra sí mismo”.
En el poema se filtra el nombre del autor.
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Finales:
– Poema: “Alonso de Proaza, corrector de la impresión,
al lector”.
El texto definitivo
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Zaragoza, 1507.
Edición anónima.
Título: Tragicomedia de Calisto y Melibea.
XXI actos:
– Correcciones sobre el texto ya existente
– Se intercalan cinco nuevos actos (Tratado de
Centurio”).
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Preliminares:
– Se añade el Prólogo: “Todas las cosas son criadas a
la manera de la contienda o batalla…”.
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Finales:
– Se añade el Poema: “Concluye el autor, aplicando
la obra al propósito por que la acabó”.
Tres hipótesis sobre la autoría
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Autoría única: La Celestina es obra solo de
Fernando de Rojas.
Doble autoría: Rojas continuó un manuscrito de un
autor desconocido y lo concluyó en dos etapas
(primero XVI actos y después XXI).
Autoría triple: Rojas concluyó la versión de XVI
actos y un tercer autor añadió los cinco actos de la
Tragicomedia.
Análisis de la obra
La Celestina es una obra de difícil catalogación:
combina elementos dramáticos y del narrativos, de la
tragedia y de la comedia; reelabora la tradición de la
comedia humanística y anticipa elementos de la novela
posterior.
La profundidad psicológica de sus personajes y el crudo
pesimismo con que trata temas como el amor, la muerte
o la fugacidad de la vida, la alejan de la literatura
idealista y sentimental de la época, y constituyen el fiel
reflejo de una sociedad sumida en una profunda crisis
de valores culturales.
3.1. Género y tradición
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Difícil catalogación. Obra dialogada que, sin
embargo, presenta elementos narrativos: cambios
de escenario, amplio argumento, etc.
La Celestina se sitúa en la tradición de la comedia
humanística:
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Enredos amorosos
Personaje de la alcahueta
Obra para ser leída, no representada
Personajes de distintos estratos sociales
Lengua culta y vulgar, refranes…
Se percibe la influencia de Petrarca, el Tirant Lo
Blanc, y autores clásicos como Aristóteles o
Séneca.
3.2. El título
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Tragicomedia. La obra no se ajusta ni a la
definición clásica comedia ni de tragedia.
Aunque la intriga amorosa es propia de la
comedia, la obra tiene un final trágico y el
mensaje es pesimista.
Sin embargo, tampoco podemos hablar de
tragedia:
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Personajes de baja condición social (sirvientes, prostitutas,
etc.)
Lenguaje vulgar y expresiones populares
Presencia de elementos cómicos o grotescos (la cobardía de
Centurio)
3.3. El argumento
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Argumento principal. Los amores de Calisto y
Melibea
Tramas secundarias. Amores de Pármeno y
Areúsa, Sempronio y Elisa (contrapunto).
Precedentes. El argumento de La Celestina sigue el
de la comedia Pamphilus, de amore (s.XII), en que
aparece la figura de la alcahueta.
El final trágico de los amantes recuerda a Cárcel
de amor (1492), de Diego de San Pedro.
Escenas amorosas que recuerdan a las de Tirant
Lo Blanc.
3.4. La estructura
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Estructura externa. 21 actos.
Estructura interna:
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Acto I. Planteamiento.
Actos II-XII: los amores de Calisto y Melibea, y la
intervención de los criados y Celestina.
Actos XIII-XX: afán de venganza de Elicia y Areúsa,
desenlace trágico.
Acto XXI: planto de Pleberio (conclusión).
3.5. Espacio y tiempo
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Espacio urbano, con muchos cambios de
escenario: iglesias, plazas, calles, etc.
Tres espacios principales: casa de Calisto,
prostíbulo de Celestina, Palacio de los padres de
Melibea.
Tiempo. La acción se desarrolla en 5 días:
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1er día: acto I-VII
2º día: acto VIII-XII
3er día: acto XIII-XIV
4º día: actos XIV-XV
5º día (un mes después): actos XVI-XXI.
3.6. Los personajes
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Choque de dos mundos: amos y criados.
Celestina, como vínculo de unión entre todos los
personajes.
Los señores. Encarnan la decadencia de los valores
caballerescos de la edad media.
Los siervos. No son leales, buscan el propio
interés, y ven en el dinero la única posibilidad de
prosperar.
Todos los personajes son egoístas y utilizan a los
demás como un medio para lograr sus fines
(riquezas, placer, etc.).
Personajes arrastrados por sus pasiones más
bajas: lujuria, codicia, venganza, etc.
3.7. Los temas
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Tema de la “enfermedad de amor”. Parodia del
amor cortés, acaba reducido a una búsqueda
egoísta del placer sexual (“carpe diem”).
El dinero. Enriquecimiento como fin vital cuya
consecución está por encima de toda consideración
moral (ideología de la burguesía).
La Fortuna y la muerte. Visión pesimista de la
vida, del destino y del amor, y la muerte como
algo fatídico e igualador (Hac lacrimum valle).
La magia. Papel ambiguo en la obra: ¿hasta qué
punto influye en el comportamiento de Melibea?
La prostitución. Fenómeno cotidiano y aceptado
(clientes procedentes de todas las clases sociales).
3.8. El estilo
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Alternancia de registros:
 Lenguaje culto, refinado, adornado con
figuras retóricas y tópicos literarios
(personajes nobles).
 Lenguaje popular y vivo, lleno de refranes y
dichos populares, que refleja la naturalidad
del habla coloquial (personajes del pueblo).
Lenguaje obsceno. Abundan las alusiones eróticas,
a veces muy explícitas y otras encubiertas bajo
expresiones humorísticas de doble sentido.
Alusiones eruditas. Abundancia de citas de autores
clásicos, referencias mitológicas e históricas, y
latinismos.
Estilo retórico. Abundan las figuras retóricas.
3.9. Técnica dramática
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Diálogos. Ante la ausencia de acotaciones, sirven
para deducir lo que ocurre en la escena.
Monólogos. Revelan la psicología de los personajes.
Apartes. Buscan la complicidad del lector y crear
situaciones cómica.
Perspectivismo. Una misma situación es
presentada por duplicado desde la perspectiva de
personajes distintos.
MATERIALES
COMPLEMENTARIOS
PARODIA DEL AMOR CORTÉS EN LA CELESTINA
Ideal cortés
Comportamiento de los personajes
El amante
Calisto
Idealiza a la amada como un ser superior, la
culminación de toda belleza y perfección, y se
somete humildemente a su voluntad.
Asume el discurso del amor cortés, pero en
realidad solo considera a Melibea como un objeto
sexual.
Padece en secreto su sufrimiento amoroso y no
comunica sus emociones a la dama.
Declara su pasión a Melibea de buenas a
primeras: “en esto veo, Melibea, la grandeza de
Dios”.
Debe ser comedido y contener su deseo sexual
como muestra de respeto a la dama.
Actúa de manera alocada y ridícula porque es
incapaz de controlar su deseo sexual. En la
segunda entrevista con Melibea se propasa a
pesar de las protestas de la dama.
Guarda silencio sobre sus relaciones con la dama
para no menoscabar su honra.
Hace pública su pasión y alardea de los favores
que recibe de Melibea, sin importarle poner en
riesgo la honra de su amada.
La dama
Melibea
Es una joven ingenua y modesta, que nada sabe
del amor, y que adopta una actitud pasiva.
Es controladora, domina la situación y toma la
iniciativa: coquetea con Calisto cuando es
necesario.
Es un compendio de virtudes y perfección física y
moral.
Es lujuriosa y, en ocasiones, colérica. Además,
su belleza es puesta en cuestión por diversos
personajes.
Celestina, como personaje I
Antigua prostituta…
Caballeros, viejos, mozos, abades de todas dignidades, desde obispos hasta
sacristanes. En entrando por la iglesia, veía quitarse los bonetes en mi honor,
como si yo fuera una duquesa…
… su actual ocupación, según Pármeno…
Ella tenía seis oficios; conviene saber: lavandera, perfumera, maestra de
hacer cosméticos y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el
primero oficio cobertura de los otros…
Amante del buen vino…
Y en verdad que nadie conocía mejor el vino y cualquier mercancía que ella.
Cuando pensaba que no era llegada, era de vuelta. Allá la convidaban, según
el amor todos le tenían, que jamás volvía sin ocho o diez vasos de vino, dos
litros en el jarro y otro en el cuerpo.
…y de otros placeres mundanos…
Quedaos con Dios, que voyme solo porque me hacéis dentera con vuestro
besar y vuestro retozar, que aún el sabor en las encías me quedó, no lo perdí
con las muelas…
Celestina, como personaje II
Su conducta parece insinuar cierta bisexualidad:
[A Areúsa, que está desnuda] ¡Y qué gorda y fresca que estás! ¡Qué pechos y
qué gentileza! Por hermosa te tenía hasta ahora, viendo lo que todos podían
ver, pero ahora que te que no hay en la ciudad tres cuerpos tales como el
tuyo.
Celebra el placer sexual, y recuerda, con añoranza, su juventud, en
la que podía gozar plenamente de su sexualidad. Aquí desarrolla a
su manera el tópico del “carpe diem”:
Gozad vuestras frescas mocedades, que quien tiempo tiene y mejor le espera,
tiempo viene que se arrepiente, como yo hago ahora por algunas horas que
dejé perder, cuando moza, cuando estaba de buen ver, cuando me querían.
Que ya, ¡mal pecado!, caducado he, nadie no me quiere. ¡Qué sabe Dios mi
buen deseo!
Y en la vejez, encuentra en el voyeurismo, una fuente de placer
alternativa:
Besaos y abrazaos, que a mí no me queda otra cosa sino gozarme de verlo
[…] y la vieja Celestina mascará de envidia con sus vacías encías las migajas
de los manteles.
Celestina, como personaje III
La codicia, su desmedida avidez de dinero, es la causa de su
muerte:
SEMPRONIO.- ¡Oh vieja avarienta, muerta de sed por dinero!, ¿no serás
contenta con la tercia parte de lo ganado?
CELESTINA.- ¿Qué tercia parte? Vete con Dios de mi casa tú. Y esotro no dé
voces, no allegue la vecindad. No me hagáis salir de seso, no queráis que
salgan a plaza las cosas de Calisto y vuestras.
Alternancia de registros I
Diálogos de
Calisto y
Melibea:
lenguaje culto
y refinado
MELIBEA: Cesen, señor mío, tus verdaderas querellas;
que ni mi corazón basta para lo sufrir, ni mis ojos para
lo disimular. Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel;
yo lloro de placer viéndote fiel. ¡Oh, mi señor y bien
todo!
Paralelismo
CALISTO: ¡Oh señora mía, esperanza de mi gloria,
descanso y alivio de mi pena, alegría de mi corazón!
Diálogos de
Pérmeno y
Celestina:
lenguaje
popular y
espontáneo.
PÁRMENO: Digo que te creo, pero no me atrevo.
¡Déjame!
CELESTINA: ¡Oh, mezquino! De enfermo corazón es no
poder sufrir el bien. Da dios habas a quien no tiene
quijadas. ¡Oh, simple!
Refrán
Alternancia de registros II
A veces, un cambio brusco de registro sirve para revelar las
verdaderas motivaciones de un personaje. En este fragmento,
Calisisto, incapaz de contener su deseo sexual, desviste a
Melibea sin hacer caso de sus protestas. Lo interessante es ver
que la verborrea ampulosa y afectada que Calisto suele
emplear para dirigirse a Melibea, queda desmentida y
ridiculizada por la brusquedad de una expresión que por su
crudeza, casi soez, revela la naturaleza puramente sexual de
su deseo:
CALISTO: Señora, el que quiere comer el ave, quita primero
las plumas.
El tema de la “enfermedad de amor”
Fragmento de un tratado de medicina medieval.
Amor y misoginia
... Pero destas otras, ¿quién te contará sus mentiras, sus tráfagos,
sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus
osadías? Que todo lo que piensan, osan sin deliberar. ¿Sus
dissimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su
ingratitud, su incostancia, su testimoniar, su negar, su rebolver, su
presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su
soberbia, su subjección, su parlería, su golosina, su luxuria y
suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechizerias, sus
embaymientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza,
su alcahuetería? Considera ¡ qué sesito está debaxo de aquellas
grandes y delgadas tocas! ¡Que pensamiento so aquellas gorgeras, so
aquel fausto, so aquellas largas y autorizantes ropas! ¡Que
imperfección, qué alvañales debaxo de templos pintados! Por ellas es
dicho: arma del diablo, cabeça de pecado, destruyción de parayso...
De Rojas pone en boca de Sempronio un discurso misógino que
se remonta a las fuentes tradicionales más diversas.
Conflicto social en La Celestina
En La Celestina, los pobres, los criados, apetecen la riqueza, anhelan
bienestar y felicidad, son dados al amor y no encuentran fundamento
para que el goce de estos y otros bienes esté reservado a los
poderosos. Entre otras cosas, porque se considera que no hay
diferencia en el fondo, entre los sentimientos de unos y de otros. [...]
Los personajes celestinescos de los estratos inferiores quieren vivir,
gozar, enriquecerse por su cuenta y para sí mismos. Su egoísmo es la
energía que mueve su voluntad individualista. Por eso detestan la
servidumbre en que están, bajo unos señores cuya instalación en un
«status» privilegiado no tiene, ante sus ojos, fundamento objetivo.
Ello les empuja a querer librarse de su servicio, -no como clase
social, claro está, pero sí, por lo menos, personalmente. Y a ese
gesto, a primera vista negativo, de librarse de ajena dominación, se
le llama libertad.
El mundo social de "La Celestina" / José Antonio Maravall
Sabiduría popular en La Celestina
Malo es esperar salud en muerte ajena.
Allá irá la soga tras el caldero.
Si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es guarecer por arte y por cura.
Como de lo vivo a lo pintado.
El comienzo de la salud es conocer hombre la dolencia del enfermo.
Harto mal es tener la voluntad en un solo lugar cautiva.
Haz tú lo que bien digo, e no lo que mal hago.
Las mujeres y el vino hacen a los hombres renegar.
¡Oh qué hastío es conferir con ellas [=las mujeres] más de aquel breve tiempo que
aparejadas son a deleite!
Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca fue discípulo.
Peor extremo es dejarse hombre caer de su merecimiento que ponerse en más alto lugar
que debe.
Porque sin los bienes de fuera, de los cuales la Fortuna es señora, a ninguno acaece en
esta vida ser bienaventurado.
Como la materia apetece a la forma, así la mujer al varón.
Mirar con ojos de alinde.
Sin merced, imposible es obrarse bien ninguna cosa.
La Celestina es un tesoro inagotable de refranes y frases
hechas que reflejan el habla popular de la época. He aquí un
enlace en el que se recogen, acto por acto, los giros y
refranes de la obra:
http://www.badosa.com/bin/obra.pl?id=n266-27
Estilo retórico
Una característica del lenguaje de La Celestina es el estilo retórico y
la profusión de figuras retóricas. En este pasaje del acto X,
Celestina ofrece una definición del amor articulada al rededor de la
antítesis:
Es fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una
dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una
dulce y fiera herida, una blanda muerte.
Los términos utilizados para definir
la naturaleza contradictoria del
sentimiento amoroso, recuerdan el
célebre soneto de Francisco de
Quevedo:
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
Simultaneidad
Un mismo hecho (la
muerte de Sempronio y
Pármeno) es presentado
por duplicado desde la
perspectiva de dos
personajes distintos.
¿Cómo es, en realidad, Melibea?
En el I acto, Calisto alaba la belleza incomparable de Melibea
en los términos propios del tópico literario de la “descriptio
puellae”
CALISTO.- Comienzo por los cabellos. ¿Ves tú las madejas del oro
delgado que hilan en Arabia? Más lindos son y no resplandecen
menos. Su longura hasta el postrero asiento de sus pies, después
crinados y atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no
ha más menester para convertir los hombres en piedras. Los ojos
verdes rasgados, las pestañas luengas, las cejas delgadas y
alzadas, la nariz mediana, la boca pequeña, los dientes menudos y
blancos, los labios colorados y grosezuelos, el torno del rostro
poco más luengo que redondo, el pecho alto, la redondez y forma
de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se
despereza el hombre cuando las mira! La tez lisa, lustrosa, el
cuero suyo oscurece la nieve, la color mezclada, cual ella la
escogió para sí.
¿Cómo es, en realidad, Melibea?
Sin embargo, más adelante Elicia nos la presenta como una
mujer vulgar y de un modo mucho menos idealizado:
ELICIA.- Aquella hermosura, por una moneda se compra en la
tienda. Por cierto, que conozco yo en la calle donde ella vive
cuatro doncellas en quien Dios más repartió su gracia que no en
Melibea, que si algo tiene de hermosura es por buenas ropas que
lleva. Ponedlas a un palo, ¿también diréis que es gentil?
¿Es solamente la envidia lo que hace expresarse a Elicia en
estos términos?
Lo cierto es que esta combinación de puntos de vista, a veces
contradictorios, sobre un mismo hecho, contribuye a la
ambigüedad que rodea toda la obra.
DESCRIPCIÓN DE LOS
PERSONAJES
Calisto y Melibea
Calisto es un joven aristócrata a quien solamente le
preocupa satisfacer sus deseos, atropellando a quien sea para
conseguirlo. Encarna el 'loco amor', del que es víctima, y se
deja arrastrar por su pasión descontrolada. Es la
contrapartida del amante cortés, y sus criados ridiculizan la
afectación de su lenguaje.
Melibea es una mujer temperamental, que pasa de la
resistencia a la absoluta entrega a Calisto. Su rechazo inicial
no viene motivado por convicciones morales, sino que es el
resultado hipócrita de las convenciones sociales. No sabemos
hasta que punto actúa bajo el influjo del hechizo de
Celestina; lo cierto es que, una vez se deja llevar por su
pasión, se muestra decidida y calculadora. La muerte de
Calisto la deja en una delicada posición moral.
Pleberio y Alisa
Alisa es la madre de Melibea y no mantiene una verdadera
relación con su hija; encara el sometimiento servil a las
convenciones sociales: se limita a especular sobre el
matrimonio de su hija sin haberle consultado apenas.
Pleberio es un mercader enriquecido que ama a su única
hija. Es comprensivo con Melibea e intenta evitar su suicidio.
El dolor por la muerte de la hija en la que había puesto todas
sus esperanzas es sincero y desgarrador, y con su planto final
(que entronca con la tradición elegíaca medieval) pone punto
y final a la obra.
Celestina
Celestina ejerce de intermediaria entre diversos personajes
de la obra, proporcionando a cada cual la satisfacción de su
deseo sexual. Usa su astucia para manipular
psicológicamente a los demás, que acaban siendo títeres a su
merced, pero su propia codicia la lleva a su perdición.
El personaje cuenta con numerosos precedentes en la
tradición, que van desde las comedias de Plauto al personaje
de la Trotaconventos en Libro de buen amor.
Sempronio y Pármeno
Sempronio encarna la figura del sirviente desleal. Asume un
discurso misógino culto de raíz medieval, lo que no impide
caiga a los pies de Elicia. Es astuto y codicioso, y sabe
manipular a su amo.
Pármeno experimenta una evolución: empieza siendo el
contrapunto de Sempronio mostrándose fiel a su amo y
advirtiéndolo de las malas artes de Celestina, que al final
logra persuadirlo para que colabore con ella y Sempronio.
Elicia y Areúsa
Elicia es el personaje más dependiente e influenciado por
Celestina. Tiene un clientela fija y solo se preocupa de
disfrutar el presente, siguiendo las enseñanzas de su
maestra. Después de la muerte de su mentora, se siente
indefensa y decide tomar las riendas de su vida.
Areúsa un personaje más complejo y autónomo, ya que al
principio muestra reparos en dejarse influenciar por los
requerimientos de Celestina. Tiene un prometido al que
quiere ser leal (Centurio), siendo un instrumento más a
manos de la alcahueta. Como Elicia, envidia a Melibea y se
muestra contraria a aceptar la superioridad que viene dada
por la sangre.
Lucrecia y Ceturio
Lucrecia siente envidia de su ama y acaba convertida en
cómplice al encubrir los encuentros entre Melibea y Calisto.
Centurio es un personaje ridículo, bravucón y pendenciero,
que al final se acaba revelando como un cobarde.
Sosía, Tristán, Craso
Tienen una función meramente instrumental en la
obra. Por ejemplo, los dos primeros tienen que
aparecer para contarle a Calisto la muerte de los
Sempronio y Pármeno.
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