¿POR QUÉ GRUÑEN NUESTROS INTESTINOS
CUANDO TENEMOS HAMBRE?
¿Te ha pasado que ya
sea en la escuela, el
trabajo o en algún
lugar público te gruñe
el estómago?
¡Que
pena,
que
bochorno! Dices ojalá
no hayan escuchado…
pero te das cuenta que
sí y lo único que dices…
“¡hay ya tengo hambre!”.
¡Bochornosa situación!
Pero es de lo más
normal, pero…
¿Por qué pasa?, ¿A qué
se debe?
Hoy veremos la
explicación.
El sonido de tripas como se dice
vulgarmente, recibe el nombre de
borborigmos.
Los
produce
el
movimiento de los intestinos cuando
impulsan la comida a través de ellos.
Se producen cuando estamos
haciendo la digestión y cuando
tenemos hambre. En este último
caso el volumen del sonido suele
ser más alto. La comida discurre a lo
largo de los intestinos con
contracciones musculares que la
empujan desde la parte alta del
intestino delgado hasta el ano. Se
llaman movimientos peristálticos.
Estos
movimientos
baten, amasan y mezclan
la comida con diferentes
compuestos
químicos
que segrega nuestro
organismo. Durante este
proceso se liberan gases,
producto
de
las
reacciones químicas. Por
eso, los sonidos nos
traen a la cabeza la
imagen de un líquido
burbujeante.
Tras dos horas con el
estómago vacío, nuestro
cuerpo reclama más comida.
Produce hormonas que nos
despiertan la sensación de
hambre y estimulan los
nervios del estómago que
envían una señala al cerebro
que comienza de nuevo la
contracción
de
los
músculos, que recogen los
pocos restos de comida que
se han quedado en el
estómago y el intestino.
Los sonidos que acompañan
a
los
movimientos
intestinales se producen
durante 10 ó 20 minutos
cada
hora
hasta
que
volvemos a comer. Y suenan
especialmente alto porque el
intestino y el estómago están
huecos y el sonido se
propaga mejor. Pensar, oler
o ver comida también puede
desencadenar
este
fenómeno.
Cuando los ruidos son más
fuertes y frecuentes de lo
normal pueden ser signo
de alguna patología, como
por ejemplo síndrome de
intestino irritable. En
estos casos suele ir
acompañado de otros
síntomas como diarrea,
gases, hinchazón y
retortijones. Y por
supuesto, hay que acudir al
médico
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