Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús.
La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito
o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos.
Si pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia
con que lo ve Jesús y comprender con una sola mirada
el fondo último de la existencia,
nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad.
El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados
es “la única fuerza de crecimiento”, lo único que hace avanzar
decisivamente a la humanidad hacia su salvación.
José Antonio Pagola.
El camino abierto por Jesús
Texto: Marcos 10, 17-30. 28 Tiempo Ordinario –BComentarios y presentación: Asun Gutiérrez Cabriada.
Música: Bach. Concierto doble violín.
Cuando iba a ponerse en camino se le acercó uno corriendo,
se arrodilló ante él y le preguntó:
–Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
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Esta persona se acerca a Jesús corriendo, mostrando necesidad de búsqueda
e inquietud interior. No pregunta en general; quiere saber qué tiene que hacer
él personalmente.
En el texto aparece un breve relato de vocación: el Reino como búsqueda
y llamada al seguimiento.
Jesús le contestó:
–¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 19 Ya conoces los
mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
18
Jesús comienza hablando de la bondad de Dios.
Luego recuerda los mandamientos.
No nombra los primeros,
los que se refieren a los deberes religiosos
y a los deberes hacia Dios.
Como siempre, Jesús remite
a los hermanos y hermanas,
a las relaciones humanas.
Él replicó:
–Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.
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Este hombre se ha construido un sistema religioso moral que,
dándole seguridad, le permite ordenar su vida. Todo está en su sitio.
No se juega la vida ni conoce la libertad interior porque está sujeto a la ley.
Es el prototipo de quien se limita a cumplir. Esa actitud no es fuente de alegría.
El seguimiento de Jesús no se puede plantear en términos de “cumplimientos de
mínimos” o de ‘”obediencias morales”.
No basta con ser [email protected], se trata de hacer el bien.
En este texto vemos a Jesús hablando
con especial fuerza e intensidad.
Tres veces se señala su mirada.
Mira con cariño al hombre a la hora
de pedirle lo que le faltaba (v. 21).
Mira con profundidad a su alrededor
al pronunciar la severa sentencia
sobre los ricos (v- 23).
Mira con benevolencia a los discípulos
para infundirles tranquilidad, y les dice
que nada es imposible para Dios (v.27).
Son tres miradas cargadas de bondad,
fuerza profética y aliento amistoso.
Son tres miradas que señalan el camino
hacia la libertad y la Vida.
Jesús lo miró fijamente con cariño y le dijo:
–Una cosa te falta: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
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Frente a la preocupación por el “más allá”, Jesús señala el “más acá”.
La invitación de Jesús no supone renuncia ni sacrificio,
sino la inmensa alegría de haber encontrado el mayor tesoro.
La lógica del Reino no es acaparar y poseer, sino compartir.
Jesús me mira con cariño, me ayuda a descubrir qué es lo que me falta.
¿Salir de la mediocridad y la rutina? ¿Liberarme del consumismo?
¿Liberarme de la ley? ¿Familiarizarme con su estilo de vida? ¿Vivir de manera más
decidida, más intensa, más apasionada? ¿Descubrir a Dios como riqueza? ...
Luego ven y sígueme.
Luego. Después de haber vendido y compartido,
Jesús da un paso más: Sígueme, recorre conmigo el camino.
La llamada de Jesús no hace sólo discí[email protected], sino [email protected]
Seguir es identificarse con Jesús y tener una relación estrecha con él.
Es hacer de su fe nuestra fe y hacer de su esperanza nuestra esperanza.
Adaptar a nuestro tiempo sus criterios, sus actitudes, su vida.
La invitación es para [email protected] y se repite cada día.
La respuesta también ha de renovarse todos los días.
Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó todo triste,
porque poseía muchos bienes.
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Jesús sabía muy bien que todo tipo de riquezas quitan alas y capacidad de vuelo a
la libertad y dificultan el camino hacia la Vida.
¿ Nos encontramos, a nivel personal y comunitario, como el joven rico que se alejó
triste, porque poseía muchos bienes, cuando Jesús lo llamó para que fuera discípulo
suyo?
Algo falla en nuestra vida cristiana cuando somos capaces de vivir disfrutando
y poseyendo cosas superfluas, sin sentirnos [email protected] por el mensaje de Jesús
y las necesidades de las personas que no tienen ni lo necesario.
Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
–¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24 Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús
insistió:
–Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25 Le es más fácil a
un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino
de Dios.
23
Una gran fortuna es una gran esclavitud (Séneca).
Jesús es severo con las riquezas, efecto y causa del empobrecimiento de muchas
personas.
Se trata de poner la confianza en Dios y no en el dinero y el poder. Empezar por el
desprendimiento, por liberarnos de las necesidades que nos crean y nos creamos,
por dejar de apropiarnos y de acaparar lo que corresponde a quienes no tienen lo
necesario para una vida digna.
Cada un@ de [email protected], en nuestra circunstancia concreta, tendremos que dejarlo
todo, atender a las necesidades de [email protected] demás y caminar cada día detrás de Jesús.
Ellos se asombraron todavía más y decían entre sí:
–Entonces, ¿quién podrá salvarse?
27 Jesús los miró y les dijo:
–Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo
es posible.
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Jesús siempre es Buena Noticia. Nos anuncia que Él nos salva, nos libra
del apego a las riquezas, de todo lo que nos encadena y nos impide caminar
y volvernos personas solidarias, austeras, generosas
y ser así más libres y más felices.
Con Él todo es posible. Él es nuestra alegría, nuestra fuerza y nuestra guía.
Pedro le dijo entonces:
–Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
29 Jesús respondió:
–Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o
padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, 30 recibirá en el tiempo presente
cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, aunque junto
con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna.
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Parece que esperan una recompensa, que siguen sin entender que el Reino
no es conquista humana, sino don gratuito.
"Gratis lo recibisteis; dadlo gratis" (Mateo 10, 8 ).
La invitación a “dejarlo todo” y ser pobres, es para todas las personas creyentes.
No es exclusiva para quienes deciden vivir célibes y en comunidad.
La promesa de Jesús no es carencia, sino plenitud.
Jesús menciona al padre entre las cosas que se dejan, pero no entre las que se
recuperan. La comunidad que quiere Jesús es fraternal, las relaciones internas
horizontales, es una familia donde nadie tiene poder absoluto.
Uno sólo es el Padre, Él es el fundamento de la fraternidad.
Contempla la mirada de Jesús.
Déjate mirar por unos ojos que ven mucho más adentro
de lo que ven los demás y de lo que tú ves de ti mismo.
Fíate más de sus ojos que de los tuyos;
cree que su mirada puede hacer de ti un discípulo, una discípula.
Pídele que te enseñe a mirar así a los demás,
que te haga como Él, incapaz de sentenciar a nadie, de condenar a nadie,
de pensar de nadie que no es capaz de cambiar...
Dolores Aleixandre
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