Seguir a Jesús supone una óptica distinta de la vida,
en la que la riqueza y el éxito no consisten en atesorar y triunfar,
sino en compartir y servir.
Marcos 10, 17-30
28 Tiempo Ordinario –B11 octubre 2009
Cuando iba a ponerse en camino se le acercó uno corriendo,
se arrodilló ante él y le preguntó:
–Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
17
Jesús sigue instruyendo a los discípulos en el camino hacia Jerusalén.
Aparece un breve relato de vocación: el Reino como búsqueda
y llamada al seguimiento.
18
Jesús le contestó:
–¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 19 Ya conoces los
mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
Jesús comienza por remitir a Dios,
su bondad está por encima de todo.
Le recuerda los mandamientos.
No le nombra los primeros,
los de los deberes religiosos,
los de los deberes hacia Dios.
Una vez más Jesús nos remite
a nuestros hermanos y hermanas,
a nuestras relaciones humanas.
20
Él replicó:
–Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.
Este hombre se ha construido un sistema religioso moral que,
dándole seguridad, le permite ordenar su vida. Todo está en su sitio.
No se juega la vida ni conoce la libertad interior porque depende de la ley.
Es el prototipo de quien se limita a cumplir.
El seguimiento de Jesús no se puede plantear en términos de ‘cumplimientos de
mínimos’ o de ‘proyectos morales’.
No basta con ser [email protected], hay que hacer el bien.
En este texto vemos a Jesús hablando
con especial fuerza e intensidad.
Tres veces se señala su mirada.
Mira con afecto al hombre a la hora
de pedirle lo que le faltaba (v. 21).
Mira con profundidad a su alrededor
al pronunciar la severa sentencia
sobre los ricos (v- 23).
Mira con benevolencia a los discípulos
para infundirles tranquilidad, y les dice
que nada es imposible para Dios (v.27).
Son tres miradas cargadas de bondad;
fuerza profética y aliento amistoso.
Son tres miradas que señalan el camino
hacia la libertad y la Vida.
21
Jesús lo miró fijamente con cariño y le dijo:
–Una cosa te falta: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
Frente a la preocupación por el “más allá”, Jesús le señala el “más acá”.
La invitación de Jesús no supone renuncia ni sacrificio, sino la inmensa alegría de
haber encontrado el mayor tesoro.
El camino de conseguir un tesoro en el cielo pasa por “gestionar” al modo de Dios,
todo lo que se posee. La lógica del Reino no es acaparar y poseer, sino compartir.
Jesús me mira con cariño, me ayuda a descubrir qué es lo que me falta.
¿Salir de la mediocridad y la rutina? ¿Familiarizarme con su estilo de vida?
¿Vivir de manera más decidida, más intensa, más apasionada? ¿Descubrir a Dios
como riqueza? ...
Luego ven y sígueme.
La llamada de Jesús no nos hace sólo discí[email protected], sino [email protected]
Seguir es identificarnos con Jesús y tener una relación estrecha con él.
Es que su memoria y su presencia estén vivas en [email protected]
Es hacer de su fe nuestra fe y hacer de su esperanza nuestra esperanza.
Es apropiarnos de sus criterios y de sus actitudes y de su conducta,
adecuándolas a nuestro tiempo.
La invitación es para [email protected] y se repite cada día. La respuesta también ha
de renovarse todos los días.
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Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó todo triste,
porque poseía muchos bienes.
Jesús sabía muy bien que las riquezas quitan alas y capacidad de vuelo a la libertad
y dificultan el camino hacia la Vida. El abandonar la riqueza supone repartir, con
Jesús y como Jesús. Pasar del tener al compartir, de la seguridad a la inseguridad,
del privilegio social a la marginación.
Algo falla en nuestra vida cristiana cuando somos capaces de vivir disfrutando
y poseyendo cosas superfluas, sin sentirnos [email protected] por el mensaje de Jesús
y las necesidades de los que no tienen ni lo necesario.
23
Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
–¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24 Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero
Jesús insistió:
–Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25 Le es más fácil a
un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino
de Dios.
Una gran fortuna es una gran esclavitud (Séneca).
Jesús es severo con las riquezas, efecto y causa del empobrecimiento de las
personas.
Se trata de poner la confianza en Dios y no en el dinero y el poder. Empezar
por el desprendimiento, por liberarnos de las necesidades que nos crean
y nos creamos, por dejar de apropiarnos y de acaparar lo que corresponde
a quienes no tienen lo necesario para una vida digna.
Cada un@ de [email protected], en nuestra circunstancia concreta, tendremos que
dejarlo todo, atender a las necesidades de [email protected] demás e iniciar cada día el
camino detrás de Jesús.
Ellos se asombraron todavía más y decían entre sí:
–Entonces, ¿quién podrá salvarse?
27 Jesús los miró y les dijo:
–Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios
todo es posible.
26
Jesús siempre es Buena Noticia. Nos anuncia que, con Él, podemos liberarnos
del apego a las riquezas y de nuestra injusticia
y que podemos volvernos [email protected] y ser así más libres y más felices.
Todo es posible para la alegría de Dios. Y la nuestra.
Pedro le dijo entonces:
–Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
29 Jesús respondió:
–Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o
madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, 30 recibirá en el
tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y
tierras, aunque junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna.
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Parece que esperan una recompensa, que siguen sin entender que el Reino
no es conquista humana, sino don gratuito.
La invitación a “dejarlo todo” y ser pobres, es para todas las personas creyentes.
No es exclusiva para quienes deciden vivir célibes y en comunidad.
La promesa de Jesús no es carencia, sino plenitud.
Jesús menciona al padre entre las cosas que se dejan, pero no entre las que se
recuperan. La comunidad que quiere Jesús es fraternal, las relaciones internas
horizontales, es una familia donde nadie tiene poder absoluto.
Uno sólo es el Padre, Él es el fundamento de la fraternidad.
Contempla la mirada de Jesús.
Déjate mirar por unos ojos que ven mucho más adentro
de lo que ven los demás y de lo que tú ves de ti mism@.
Fíate más de sus ojos que de los tuyos;
cree que su mirada puede hacer de ti un discípulo, una discípula.
Pídele que te enseñe a mirar así a los demás,
que te haga como Él, incapaz de sentenciar a nadie, de condenar a nadie,
de pensar de nadie que no es capaz de cambiar...
Dolores Aleixandre
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