Miguel Mihura
1905-1977
Datos biográficos.
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Nació en Madrid en 1905. Su padre fue actor y
empresario, por lo que se movió desde niño en el
ambiente teatral. Durante la guerra, dirigió “La
ametralladora”, revista de humor de la España
nacional. En 1941 fundó “La Codorniz”, que
dirigió hasta 1946, dándole un original humor,
fresco y descabellado. Pasó luego a dedicarse al
cine como guionista. Reanudó su creación teatral a
partir de 1953 y la prosiguió hasta 1968.
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La trayectoria de Mihura, como autor, comienza con Tres
sombreros de copa, escrita en 1932 pero que no fue
comprendida y tuvo que esperar 20 años hasta su estreno.
Mihura confesó que decidió “prostituirse”: “hacer ese
teatro comercial o de consumo, al alcance de la mentalidad
de los empresarios, de los actores, de las actrices y de ese
público burgués que, con razón, no quiere quebrarse la
cabeza después de echar el cierre a la puerta de su
negocio” (360-61). El rechazo de Mihura se debió a la
pobreza cultural de la España de posguerra.
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Mihura ha afirmado que su teatro responde a una misma
línea: “la de ocultar mi pesimismo, mi melancolía, mi
desencanto por todo, bajo un disfraz burlesco” (361). La
concepción que tiene Mihura de la vida es una de choque
entre el individuo y sociedad, motivo de un radical
descontento ante un mundo de convenciones que
aprisionan al hombre y le impiden ser feliz.
Veintitrés son en total las obras que escribió Mihura. Algunas de ellas son
las siguientes:
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El caso de la señora estupenda (1953)
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El caso del señor vestido de violeta (1954)
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Sublime decisión (1955)
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Mi adorado Juan (1956)
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Carlota (1957)
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Melocotón en almíbar (1958)
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Maribel y la extraña familia (1959) con la cual consiguió el Premio
Nacional de Teatro.
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La bella Dorotea (1963)
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Mihura es sin duda la primera figura del teatro cómico
español posterior a la guerra. A su imaginación y a su
humor, van unidas la ternura y la poesía, combinación en
que reside la peculiaridad y el encanto de su obra.
Tres sombreros de copa.
Introducción
 Según declaraciones propias, escribió la obra en 1932 para
entretenerse durante una larga enfermedad. En ella se
proyectan experiencias personales: un viaje que hizo con
una compañía cómica, y durante el cual se enamoró de una
bailarina; y la ruptura con una novia que tuvo (362). Por
eso, fue una obra escrita con amor y melancolía. Además,
fue escrita con libertad de inspiración y espontaneidad.
El rechazo que tuvo la obra en 1932 indica la
imposibilidad de un teatro nuevo, distinto, en la España de
aquellos años (362). Mihura se vio rechazado en sus
comienzos como un autor de vanguardia.
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El estreno fue en 1952 en una sesión del TEU (teatro
español universitario) de Madrid. Por fin, en 1953, se
presenta en un teatro comercial y recibe el Premio
Nacional de Teatro de aquella temporada. A pesar de
conseguir el entusiasmo del público joven, el público
normal todavía la rechazaba. En el contenido, se unen el
humor y la tristeza, e incluso el patetismo pero lo más
sorprendente es el tratamiento formal, es decir, la forma
de la obra. Según Mihura, “lo inverosímil, lo desorbitado,
lo incongruente, lo absurdo, lo arbitrario, la guerra al lugar
común y al tópico, el inconformismo, estaban patentes en
mi primera obra” (362).
El tema.
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En el fondo, bajo el disfraz burlesco, se esconde un tema
trágico: la frustración absurda. Se enfrentan dos mundos
y dos concepciones de la vida: una vida prosaica y
ridícula, frente a una vida poética y hermosa.
De una parte, la vida burguesa, con sus “virtuosas
señoritas”, con las normas, la vulgaridad; un mundo bien
reglamentado, serio, aburrido, cursi, puritano e hipócrita.
De otra parte, el mundo de Paula: la libertad, la alegría, la
imaginación, lo inesperado; un mundo en que conviven los
juegos de la infancia y un amor apasionado al margen de
las convenciones. Esta es la alternativa que plantea la obra.
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En la obra NO se ponen en tela de juicio “un estado de
cosas y unas estructuras sociales” (363) pero SÍ que hay un
“rechazo absoluto de cuantas convenciones e hipocresías
hacen del hombre una víctima del medio…” (363); hay una
repulsa de los papeles que la sociedad asigna a cada uno.
El arma que utiliza Mihura es el ridículo; y en resumidas
cuentas, lo que hace es “llamar estúpidos a todos los que,
pudiendo vivir, prefieren la fría regularidad de la
costumbre a la maravillosa espontaneidad de la vida”
(363). Es así como lo que pudo haber sido tragedia se
queda en una farsa.
Personajes.
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Con la excepción de Dionisio y Paula, los demás personajes son los
muñecos, a menudo grotescos, que necesita la historia para tomar
cuerpo de farsa. El autor los traza como figuras de guiñol o como
peleles esperpénticos, reducidos siempre a unos trazos bien
característicos: el Odioso señor, el Cazador astuto, el Anciano militar,
el Alegre explorador, etc.
Por otra parte nos encontramos a las artistas del music-hall: Fanny,
Madame Olga, las demás chicas…Son el contrapunto del mundo
burgués, pero a la vez están a su servicio. Puente entre los dos mundos
es Buby, el negro, figura de cierta ambigüedad. En todo caso, es un
personaje doblemente marginal: un explotador odioso para las pobres
muchachas de su compañía; un esclavo despreciado para los
burgueses.
La construcción teatral.
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En principio, responde a patrones clásicos: tres actos que
corresponden al esquema del planteamiento, nudo y
desenlace. También la obra responde a las tres unidades
clásicas: una sola acción, un mismo escenario, una noche.
Lo que hay que destacar es la habilidad del desarrollo
interno. Las escenas de cada acto se suceden y se enlazan
de modo magistral. Se alternan escenas donde hablan dos
personajes con escenas donde intervienen múltiples
personajes. La transición de unas a otras es perfecta y
también las entradas y salidas de los personajes. Hay
mucha movilidad y fluidez.
La comicidad. Recursos escénicos.
Mihura utiliza tres tipos de comicidad: de personajes, de situaciones y
de lenguaje.
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De situaciones y movimiento escénico: Hay una variedad de
ejemplos, en muchos de los cuales se da una utilización inadecuada de
los objetos.
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De lenguaje: Hay un humor basado en la suspensión o transgresión de
lo establecido por la lógica o por la experiencia. El lenguaje nos
conduce a lo imposible o a lo absurdo, pero un imposible o un absurdo
que provocan la risa. Otras veces se trata de desviaciones con respecto
a comportamientos o reacciones normales y el efecto es grotesco.
También Mihura desea romper paródicamente con el lenguaje ridículo
o cursi.
Patetismo, poesía y humor.
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Está claro que la obra contiene un fondo trágico e ingredientes
patéticos. También hay un claro tratamiento cómico. Bien, a todo
esto hay que unir la poesía. Estamos ante una farsa que consiste en que
la comicidad tendrá como función el refrenar lo patético y lo poético
cuando estos aparecen, aunque sin anularlos. En algunos diálogos, lo
poético y lo cómico se equilibran en un contrapunto (367).
Se suele distinguir entre comicidad y humor. La comicidad despierta la
risa; en el humor, “se hermanan lo alegre con lo triste”. Si esto es así,
Tres sombreros de copa es una obra maestra del humor, de un humor
poético; tras la risa o la sonrisa, apunta una lágrima (368).
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