1. Espiritualidad, vida según el Espíritu
* La Espiritualidad mueve nuestros corazones.
* No es algo desencarnado.
* Es un estilo o forma de vivir las exigencias cristianas.
* No es una parte de la vida, sino la vida entera guiada por el
Espíritu Santo.
“En cambio los frutos del Espíritu son:
Amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe,
mansedumbre y dominio de sí mismo... Si vivimos gracias al
Espíritu, procedamos también según el Espíritu.
(Gal 5,22-25)”
Toda la vida cristiana se desarrolla bajo la acción del
Espíritu.
Cada cristiano debe:
PEDIR EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
- Con la Palabra
- Oración
- Cuidado con la salud
integral
- Vida Cdad
- Eucaristía
...
Dejarse guiar, interna y externamente por el Espíritu
Santo, significa:
Seguir los pasos de Jesús de Nazaret, actualizar en
cada época y cultura su praxis de amor concreto,
especialmente a aquellos más desfavorecidos por la
sociedad humana.
La meta de los cristianos es acoger al Señor y
permitirle que more en nuestro corazón y nos transforme
en Él.
Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí.
(Gal 2, 20)
2. Rasgos de la Espiritualidad de Comunión
“Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es
el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que
comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder
también a las profundas esperanzas del mundo... Hace falta
promover una espiritualidad de la comunión poniéndola como
principio educativo en todos los lugares donde se forma el
hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar,
las personas consagradas y los agentes de pastoral, donde se
construyen las familias y las comunidades.”
(Novo Milenio ineunte)
1.- Debe estar enraizada en el misterio de la Trinidad
2.- Exige una buena dosis de compasión
3.- Nos permite percibir al otro no sólo como don para sí mismo, sino como
don para mí, como un regalo de Dios.
4.- Nos lleva a “dar un espacio al hermano”, solidarizándonos con él,
pero también corrigiendo esas tendencias nuestras a sobresalir, a
competir deslealmente, a afirmarnos egoístamente en el desmedro del
bienestar del otro.
3. El Espíritu de Familia, la aportación salesiana
a la Espiritualidad de Comunión
El don que Dios ha hecho a la humanidad es
el de hacernos sus FAMILIARES, la
filiación.
El Hijo se ha hecho hombre para que los
hombres sean hijos
1.- El principio unificador de la vida
salesiana: Los jóvenes amados en Cristo.
2.- La Familiaridad-Confianza-Amor,
como principio metodológico.
3.- La ascesis de una madre que guía a su
hijo y por él se olvida de sí.
4.- Jesús de Nazaret, el Maestro de la
familiaridad, es el modelo.
5.-.Denuncias contra la comunión desde la
espiritualidad salesiana.
6.-La meta de la felicidad, la praxis de la
escucha, la mirada atenta, la búsqueda del
bien porque Dios nos confía a los jóvenes.
7.-Los jóvenes co-protagonistas del
ambiente y la espiritualidad.
8.-María Auxiliadora nos sostiene.
4. Pistas para traducirla en lo concreto
El Capítulo General XXI de las FMA ha escuchado la llamada
urgente que brota de nuestros ambientes y declara que
“asumimos con responsabilidad y conscientemente la tarea
que la Iglesia encomienda a las comunidades de vida
consagrada de fomentar la espiritualidad de comunión en
nuestros ambientes educativos, en la misma comunidad
eclesial y aún más allá de sus límites, ‘entablando o
restableciendo constantemente el diálogo de la caridad,
sobre todo donde el mundo de hoy está desgarrado por el
odio étnico o las locuras homicidas’
Lema que nos acompañará en este
sexenio y que hay que aterrizar en la
vida cotidiana de cada comunidad
FMA y educativa
¿Cómo hacer operativo este
camino en la búsqueda de
esta espiritualidad,
cómo empezar a
construirla,
cómo ir generando
este ambiente de
comunión,
cómo ir transmitiendo esta
Espiritualidad?
Puerta de comunión
Primera posibilidad para que el “otro” sea alguien para
mí y que yo misma sea “alguien” para otro.
Debe tener una abierta escucha y acogida, sin prejuicios,
dispuesta a entender al otro desde la compresión
sin abarcarlo o desarmarlo, o catalogarlo o juzgarlo.
Requiere una sincera expresión en la palabra,
sin maquillajes, sin apariencias, sin ambigüedades, sin
intereses que exprese lo que se tiene, lo que se quiere,
lo que se sueña.
* Es saber “dar espacio” y saber “encontrar espacio”.
* Formo parte y tomo parte en la transformación
de mi realidad, me hago co-protagonista sin
protagonismo.
* Supone un delicado respeto por la igualdad y una
exigente acogida de la diferencia.
* Quien no participa no entra en la comunión y donde
hay comunión debe existir una amplia participación.
Consiste en
buscar
conjuntamente
la voluntad de
Dios.
Supone la
riqueza del
diálogo y de la
participación.
Si se quiere vivir
la comunión, la
realidad eclesial
no puede
polarizarse entre
unos que mandan
y otros que
obedecen, unos
que saben y
enseñan y otros
que sólo
pasivamente
reciben.
Está en juego
nuestra capacidad
para tomar
decisiones y
afrontarlas
colectivamente
como fidelidad a
la voluntad
de Dios
discernida.
Es la expresión
histórica de la
comunión
eclesial y de la
vocación de la
humanidad a la
fraternidad
universal
Se requiere una
comprometida
comunicación de bienes
espirituales, culturales y
materiales
La generosidad y
la gratuidad, el
don sin medida,
sin la esperanza
de devolución, es
la expresión de la
plena comunión.
No es la comunión de
bienes lo que produce
la comunión, sino al
contrario.
En Mornese se respiraba un clima de familia. La
existencia de Maín desde su juventud, está marcada y
unificada por la Eucaristía, que suscita actitudes de fe
y de conversión.
La experiencia Eucarística es el sostén de su intensa
jornada de trabajo y la certeza de la presencia de Dios
adorado en el sacramento.
El silencio, la oración, la actividad, el sacrificio, la
misma naturaleza, las viñas, los campos, eran para
ella liturgia, ofrenda para presentar en el altar junto
al de Jesús. Toda su jornada partía de la Eucaristía.
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