14Y
Jehová dijo a Moisés: Escribe esto
para memoria en un libro, y di a Josué
que raeré del todo la memoria de Amalec
de debajo del cielo. 15Y Moisés edificó un
altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; 16y
dijo: Por cuanto la mano de Amalec se
levantó contra el trono de Jehová, Jehová
tendrá guerra con Amalec de generación
en generación.
4Porque
las cosas que se escribieron
antes, para nuestra enseñanza se
escribieron, a fin de que por la paciencia
y la consolación de las Escrituras,
tengamos esperanza. 5Pero el Dios de la
paciencia y de la consolación os dé entre
vosotros un mismo sentir según Cristo
Jesús, 6para que unánimes, a una voz,
glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro
Señor Jesucristo.
27Y
crecieron los niños, y Esaú fue diestro
en la caza, hombre del campo; pero Jacob
era varón quieto, que habitaba en tiendas.
28Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su
caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 29Y
guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú
del campo, cansado, 30dijo a Jacob: Te
ruego que me des a comer de ese guiso
rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto
fue llamado su nombre Edom.
9Estos
son los linajes de Esaú, padre de
Edom, en el monte de Seir. 10Estos son los
nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo
de Ada mujer de Esaú; Reuel, hijo de
Basemat mujer de Esaú. 11Y los hijos de
Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y
Cenaz. 12Y Timna fue concubina de Elifaz
hijo de Esaú, y ella le dio a luz a Amalec;
estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú.
8Entonces
vino Amalec y peleó contra
Israel en Refidim. 9Y dijo Moisés a Josué:
Escógenos varones, y sal a pelear contra
Amalec; mañana yo estaré sobre la
cumbre del collado, y la vara de Dios en
mi mano. 10E hizo Josué como le dijo
Moisés, peleando contra Amalec; y
Moisés y Aarón y Hur subieron a la
cumbre del collado.
11Y
sucedía que cuando alzaba Moisés su
mano, Israel prevalecía; mas cuando él
bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12Y
las manos de Moisés se cansaban; por lo
que tomaron una piedra, y la pusieron
debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón
y Hur sostenían sus manos, el uno de un
lado y el otro de otro; así hubo en sus
manos firmeza hasta que se puso el sol.
13Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo
a filo de espada.
17Acuérdate
de lo que hizo Amalec
contigo en el camino, cuando salías de
Egipto; 18de cómo te salió al encuentro en
el camino, y te desbarató la retaguardia
de todos los débiles que iban detrás de ti,
cuando tú estabas cansado y trabajado; y
no tuvo ningún temor de Dios.
19Por
tanto, cuando Jehová tu Dios te dé
descanso de todos tus enemigos
alrededor, en la tierra que Jehová tu
Dios te da por heredad para que la
poseas, borrarás la memoria de Amalec
de debajo del cielo; no lo olvides
4Cuando
Edom dijere: Nos hemos
empobrecido, pero volveremos a
edificar lo arruinado; así ha dicho
Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán,
y yo destruiré; y les llamarán territorio
de impiedad, y pueblo contra el cual
Jehová está indignado para siempre.
1Después
Samuel dijo a Saúl: Jehová
me envió a que te ungiese por rey sobre
su pueblo Israel; ahora, pues, está
atento a las palabras de Jehová. 2Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Yo
castigaré lo que hizo Amalec a Israel al
oponérsele en el camino cuando subía
de Egipto.
3Ve,
pues, y hiere a Amalec, y destruye
todo lo que tiene, y no te apiades de él;
mata a hombres, mujeres, niños, y aun
los de pecho, vacas, ovejas, camellos y
asnos. 4Saúl, pues, convocó al pueblo y
les pasó revista en Telaim, doscientos
mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
5Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec,
puso emboscada en el valle.
7Y
Saúl derrotó a los amalecitas desde
Havila hasta llegar a Shur, que está al
oriente de Egipto. 8Y tomó vivo a Agag
rey de Amalec, pero a todo el pueblo
mató a filo de espada. 9Y Saúl y el pueblo
perdonaron a Agag, y a lo mejor de las
ovejas y del ganado mayor, de los
animales engordados, de los carneros y
de todo lo bueno, y no lo quisieron
destruir; mas todo lo que era vil y
despreciable destruyeron.
10Y
vino palabra de Jehová a Samuel,
diciendo: 11Me pesa haber puesto por
rey a Saúl, porque se ha vuelto de en
pos de mí, y no ha cumplido mis
palabras. Y se apesadumbró Samuel, y
clamó a Jehová toda aquella noche.
13Vino,
pues, Samuel a Saúl, y Saúl le
dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he
cumplido la palabra de Jehová. 14Samuel
entonces dijo: ¿Pues qué balido de
ovejas y bramido de vacas es este que yo
oigo con mis oídos? 15Y Saúl respondió:
De Amalec los han traído; porque el
pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y
de las vacas, para sacrificarlas a Jehová
tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
18Y
Jehová te envió en misión y dijo: Ve,
destruye a los pecadores de Amalec, y
hazles guerra hasta que los acabes. 19¿Por
qué, pues, no has oído la voz de Jehová,
sino que vuelto al botín has hecho lo malo
ante los ojos de Jehová? 20Y Saúl
respondió a Samuel: Antes bien he
obedecido la voz de Jehová, y fui a la
misión que Jehová me envió, y he traído a
Agag rey de Amalec, y he destruido a los
amalecitas.
21Mas
el pueblo tomó del botín ovejas y
vacas, las primicias del anatema, para
ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en
Gilgal. 22Y Samuel dijo: ¿Se complace
Jehová tanto en los holocaustos y
víctimas, como en que se obedezca a las
palabras de Jehová? Ciertamente el
obedecer es mejor que los sacrificios, y el
prestar atención que la grosura de los
carneros
23Porque
como pecado de adivinación es
la rebelión, y como ídolos e idolatría la
obstinación. Por cuanto tú desechaste la
palabra de Jehová, él también te ha
desechado para que no seas rey.
32Después dijo Samuel: Traedme a Agag
rey de Amalec. Y Agag vino a él
alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya
pasó la amargura de la muerte.
33Y
Samuel dijo: Como tu espada dejó a
las mujeres sin hijos, así tu madre será
sin hijo entre las mujeres. Entonces
Samuel cortó en pedazos a Agag delante
de Jehová en Gilgal. 34Se fue luego
Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa
en Gabaa de Saúl. 35Y nunca después vio
Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel
lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de
haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
2Y
siguiendo los filisteos a Saúl y a sus
hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a
Malquisúa, hijos de Saúl. 3Y arreció la
batalla contra Saúl, y le alcanzaron los
flecheros, y tuvo gran temor de ellos.
4Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca
tu espada, y traspásame con ella, para
que no vengan estos incircuncisos y me
traspasen, y me escarnezcan.
Mas su escudero no quería, porque tenía
gran temor. Entonces tomó Saúl su
propia espada y se echó sobre ella. 5Y
viendo su escudero a Saúl muerto, él
también se echó sobre su espada, y
murió con él. 6Así murió Saúl en aquel
día, juntamente con sus tres hijos, y su
escudero, y todos sus varones.
1Aconteció
después de la muerte de Saúl,
que vuelto David de la derrota de los
amalecitas, estuvo dos días en Siclag. 2Al
tercer día, sucedió que vino uno del
campamento de Saúl, rotos sus vestidos,
y tierra sobre su cabeza; y llegando a
David, se postró en tierra e hizo
reverencia.
3Y
le preguntó David: ¿De dónde vienes?
Y él respondió: Me he escapado del
campamento de Israel. 4David le dijo:
¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo
digas. Y él respondió: El pueblo huyó de
la batalla, y también muchos del pueblo
cayeron y son muertos; también Saúl y
Jonatán su hijo murieron.
5Dijo
David a aquel joven que le daba las
nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto
Saúl y Jonatán su hijo? 6El joven que le
daba las nuevas respondió: Casualmente
vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl
que se apoyaba sobre su lanza, y venían
tras él carros y gente de a caballo. 7Y
mirando él hacia atrás, me vio y me
llamó; y yo dije: Heme aquí.
8Y
me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le
respondí: Soy amalecita. 9El me volvió a
decir: Te ruego que te pongas sobre mí y
me mates, porque se ha apoderado de mí
la angustia; pues mi vida está aún toda en
mí. 10Yo entonces me puse sobre él y le
maté, porque sabía que no podía vivir
después de su caída; y tomé la corona que
tenía en su cabeza, y la argolla que traía
en su brazo, y las he traído acá a mi señor.
13Y
David dijo a aquel joven que le había
traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y
él respondió: Yo soy hijo de un extranjero,
amalecita. 14Y le dijo David: ¿Cómo no
tuviste temor de extender tu mano para
matar al ungido de Jehová? 15Entonces
llamó David a uno de sus hombres, y le
dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió.
23Porque
si alguno es oidor de la palabra
pero no hacedor de ella, éste es
semejante al hombre que considera en
un espejo su rostro natural. 24Porque él se
considera a sí mismo, y se va, y luego
olvida cómo era. 25Mas el que mira
atentamente en la perfecta ley, la de la
libertad, y persevera en ella, no siendo
oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra,
éste será bienaventurado en lo que hace.
3Oíd,
reyes; escuchad, oh príncipes; Yo
cantaré a Jehová, Cantaré salmos a
Jehová, el Dios de Israel. 4Cuando
saliste de Seir, oh Jehová, Cuando te
marchaste de los campos de Edom, La
tierra tembló, y los cielos destilaron, Y
las nubes gotearon aguas.
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