La tortuga gigante
Adaptación del cuento de Horacio Quiroga
realizada por los chicos de quinto grado.
Profesora: Sra. Herrero
Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires,
Argentina. Tenía un buen trabajo pero un día se
enfermó. Un amigo suyo le aconsejó que fuera a vivir al
monte para curarse. El hombre aceptó y caminó muy
lejos, y vivió solo cazando pájaros y bichos del monte
para comer. Allí pudo obtener cuero de animales. El
hombre tenía un gran apetito porque no había cazado
por dos días. Un día el hombre caminó hasta una gran
laguna donde vio a un tigre enorme. El tigre estaba
tratando de comerse a una tortuga. El tigre se lanzó al
hombre pero el hombre mató al tigre con su escopeta y
le sacó el cuero.
El hombre ahora iba a comerse la tortuga. Pero cuando
llegó, vio que estaba herida y su cabeza colgaba casi con
dos o tres hilos de carne. El tenía mucha hambre pero
tenía lástima por la tortuga. El se llevó a la tortuga a su
ramada. La tortuga estaba en un rincón por días sin
moverse. El hombre la curaba todos los días. Y
finalmente la tortuga se curó.
Después, cuando la
tortuga estaba en el
rincón el hombre le
vendó la cabeza con
trapos.
La tortuga estuvo
sin moverse
días y días
hasta que se
curó. Entonces
el hombre se
enfermó. La
tortuga decidió
ayudarle.
El hombre estaba enfermo y pensó que se iba a
morir, entonces la tortuga buscó comida para el
hombre porque él le había ayudado cuando el
tigre la estaba matando. Cada día el hombre
estaba más enfermo, entonces la tortuga puso al
hombre encima de su espalda, y lo llevó a
Buenos Aires.
La tortuga estaba caminando con el hombre
encima de su espalda. El sol estaba muy caliente
y la tortuga estaba muy cansada y tenía que
conseguir comida y bebida para ella y el
hombre. El hombre tenía fiebre y era muy difícil
para la tortuga llevarle a Buenos Aires.
En su viaje cada día la tortuga se iba
debilitando. Y cada día la tortuga tenía
menos fuerza. El hombre recordaba a
medias el conocimiento. El hombre dijo en
voz alta: “Me voy a morir, y cada segundo
estoy mas enfermo. En Buenos Aires
alguien me tiene que curar”.
Se encontraron con un ratón, que les preguntó: “¿A dónde
van?”. La tortuga le dijo que quería ir a Buenos Aires. El
ratón entonces preguntó: “¿Qué estás llevando en la
espalda?”. Y la tortuga le dijo: “Es un hombre”. El ratón
le dijo a la tortuga: “La luz en la distancia es Buenos
Aires”.
Cuando la tortuga llegó al hospital en Buenos Aires, el
doctor vio la tortuga muy flaca y un hombre en su lomo.
El hombre estaba muriéndose de una enfermedad. El
zoológico reconoció a la tortuga y fueron a buscar unos
remedios. El cazador se curó enseguida. El doctor supo
cómo la tortuga ayudó al hombre. Viajó un viaje de
trescientas leguas. El hombre no quería separarse de la
tortuga. La casa del cazador era muy pequeña y no
podía traer a la tortuga a su casa. El zoológico se
comprometió a atender a la tortuga, y la tortuga se puso
muy feliz. El cazador, todas las noches, pasea para ver a
la tortuga, y el cazador nunca puede ir sin darle un
cariño en su lomo.
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La tortuga gigante - BIS Bethesda International