1º ESO B
Cuenta la leyenda de un
muchacho que, por causas
desconocidas, le encerraron en
el gimnasio del instituto y los
espíritus de la Navidad le
convirtieron en fantasma. Y fue
condenado a vivir allí.
Para él fue muy duro los
primeros días, pues no entendía
nada. Luego comprendió que
tenía que adaptarse a las
circunstancias, ¡y bien que se
adaptó! Solo se dedicaba a hacer
trastadas y a fastidiar a toda
persona que se encontraba.
Os contaré las del gimnasio.
La clase de 1º B estaba en el
gimnasio pasando lista,
mientras tanto el fantasma
tuvo unas de sus ideas
espantosas: les ató los
cordones de las zapatillas
unos con otros, creando el
caos cuando se levantaban y
a la vez caían; escondiendo
todos los balones; cuando los
demás corrían, él les ponía la
zancadilla; le rompía el
cronómetro al profesor;
cambiaba las mochilas de
sitio, etc. Por esas razones,
los alumnos y profesores se
extrañaban mucho y antes de
entrar en cualquier clase,
miraban si había alguien.
Además como era un fantasma muy
presumido, se dedicaba a coger la
ropa de los niños del instituto. Cuando
se iban al recreo o salían del aula el
fantasma iba por las clases y
cambiaba de sitio la ropa que veía
colgada de las perchas y se la
probaba. Un día en una chaqueta
puso unas chucherías y se las dejó al
niño. Le gustaba tanto dejar dulces
que los niños se encontraban los
bolsillos llenos de chicles y caramelos,
para desesperación de los profes.
Desde ese momento, no les importó
encontrar la ropa cambiada de sitio
porque sabían lo que se encontrarían
dentro. Los dentistas de Fuenlabrada
se pusieron muy contentos cuando
llegaron tantos chicos con caries.
Ahora vais a conocer lo que le pasó un niño llamado Alex que
estaba en el instituto castigado a séptima hora con otro alumno
y los llevaron a un pabellón distinto. Los chicos allí se
encontraron un esqueleto y se asustaron. A pesar de todo, los
niños y los profesores hacen como que no lo estaban viendo y
obligaron a los chicos a hacer los deberes que tenían
pendientes. Alex y el otro amigo se quedaron solos en la clase
y ellos miraron por las ventanas. Salieron por ellas para
escaparse. Por desgracia, los pillaron porque se quedaron
enganchados en los barrotes y no pudieron salir. Lástima.
No contento con lo que sucedió en el aula de castigados, el
timbre empezó a tocar el solito.
Además, el fantasma iba por las clases y hacía que las
puertas se abrieran solas, la tizas y el borrador se levantaban
sin intervención y claro, se asustaban los niños y los
profesores
El fantasma empezó a
cambiar mesas, sillas, mochilas,
mapas y... bocadillos. Los alumnos
de 1º B cuando llegaban a clase
se encontraban ese desorden y no
sabían explicarlo. Primero
pensaron que era un compañero
muy bromista y empezaron a
buscarlo entre ellos. Como se
acusaban mutuamente de las
faenas que sucedían en clase,
hubo un momento de mucha
tensión entre ellos. Pero a última
hora, la puerta se cerró
misteriosamente y empezaron a
oírse unas carcajadas que
aterrorizaron a los niños y a la
profesora. Estaba claro: el
fantasma volvía a atacar.
Estos fenómenos comenzaron a extenderse también al taller de
tecnología. Un día cuando todos estaban trabajando en sus
proyectos, los motores empezaron a funcionar y a girar muy
rápido y a encenderse y apagarse las luces. Todos los niños
estaban horrorizados y la profesora no sabía qué hacer, así que
les dijo a sus alumnos que la luz estaba estropeada. Los niños
se tranquilizaron pero cuando todos estaban cortando o limando,
todos los alicates, seguetas, serruchos y escofinas empezaron a
volar por la clase y todos los niños salieron corriendo .
La profesora asustada decidió contárselo a
la directiva y decidieron cerrar el aula. Un
lunes por la tarde cinco amigos entraron en
el taller. Entonces una gran niebla se
extendió por la sala y la puerta se cerró de
pronto. Los cinco niños asustados se
quedaron en un rincón y una voz espectral
exclamó:
-¿Quién osa entrar en mi morada?
-¿Quién anda ahí?-dijo uno de los niños
tartamudeando.
-¡EL FANTASMA DEL SALVADOR
ALLENDE!- exclamó y les lanzó una
segueta que le cortó el pelo a una de las
niñas. Todos se lanzaron hacia la puerta,
se fueron y decidieron que nunca se lo
dirían a nadie. Pero el viernes siguiente
decidieron volver a abrir la clase, a pesar
del miedo que tenían. Ese día ya no pasó
nada porque el fantasma estaba en otro
sitio.
Y ¿a dónde fue el fantasma? Pues a la
sala de profesores a hacer de las suyas.
Un profesor se dio cuenta de pequeños
movimientos de su estuche y se comenzó
a asustar. La directora se fue a tomar un
café y la máquina empezó a descontrolarse
y hacer unos atronadores ruidos. Los
profesores atemorizados empezaron a
mirar como las notas cambiaban solas
porque ese fantasma pillo quería ayudar a
los niños y enfadar a los profesores. Todos
ellos estaban indignados. El trabajo se
volvía muy penoso. Tranquilizar a los niños
y a algunos profesores resultaba ya difícil.
Ya no era una leyenda que se contaba y
una excusa para llamar a los padres e irse
a casa antes de que acabaran las clases o
para no ir al instituto. Había que hacer algo
y rápido.
Como los profesores
estaban muy enfadados
el fantasma buscó una
nueva víctima. Ya
conocemos todas las
travesuras de este
fantasma, pero esta vez
se pasó un poco con su
travesura.
Los niños y
niñas de 1º B estaban
haciendo un examen de
Lengua. El fantasma
entró en la clase e ideó
otro plan. ¡Sin que nadie
se diera cuenta, empezó
a poner las respuestas
del examen en la
pizarra!
Los niños y la profesora se pusieron un poco
nerviosos al poder ver como la tiza se movía sin ninguna
explicación. Los niños se dieron cuenta de que lo que
alguien o algo estaba escribiendo en la pizarra ¡eran las
respuestas de su examen! Como estaban tan asustados,
empezaron a gritar en vez de aprovecharse y copiar. La
profesora intentó tranquilizarlos, aunque a ella también le
temblaban las piernas. Al ver semejante caos, el fantasma
no dudó en empezar a reírse, pero sintió un poco de
compasión y decidió ir a asustar a otra clase. Los niños
siguieron gritando unos minutos, pero después al ver que
todo había pasado se tranquilizaron. Los alumnos de 1º B
se hacían muchas preguntas: ¿Por qué el fantasma eligió
justo la clase en la que estaban haciendo el examen para
hacer de las suyas? ¿Llegaron los niños y la profesora a
averiguar por qué se produjo aquel fenómeno?
Y lo más importante: ¿Volverá el fantasma a asustar a
los niños o serán los niños quienes le den el susto al fantasma?
Mientras tanto el fantasma estaba partiéndose de risa.
Como era la hora de gimnasia, la clase de primero bajó al
patio. Ese día les tocaba correr y aunque hacía un poco de
frío salieron fuera. Todos estaban corriendo pero un niño oyó
un ruido en el interior del gimnasio y decidió entrar. El
muchacho se asustó un poco porque había muchos balones
volando por el aire. Y vio raquetas saliendo disparadas del
cuarto del material. Decidió pasar a ver qué sucedía. Y allí
encontró con una especie de fantasma muy simpático. Tenía
la cara rechoncha y unos mofletes colorados. Como parecía
amable, el niño decidió preguntarle quién era y qué hacía allí.
El fantasma se asustó y desapareció atravesando la pared. El
chico miró al espejo y allí se encontraba bailando. Cuando
paró el fantasma preguntó si podía jugar al fútbol porque se
encontraba muy aburrido y solo. El niño le dijo que no había
problema y salió con él al patio. Como los demás niños no le
podían ver, no entendían por qué el muchacho pasaba
balones a lugares donde no había nadie. Los compañeros le
gritaban y llegaron casi a insultarle. Y así pasó la hora de
gimnasia: el niño y el fantasma jugando al fútbol. Por lo
menos esta vez no asustó a nadie.
Ese mismo día la profesora de Lengua,
sin darse cuenta, se llevó al fantasma
en la cartera. El fantasma, sin duda,
incómodo por la estrechez del bolso,
pensó que se distraería leyendo los
manuales de sintaxis y de gramática
que llevaba la profe. Nada más lejos
de eso. Empezó a dar tan grandes
bostezos que la alarmó y soltó
inmediatamente la cartera, que tiró
bruscamente al suelo.
Los alumnos que estaban en el pasillo
se quedaron, al principio, extrañados
por el inusual comportamiento de la
profe. Luego empezaron a asustarse.
¿Qué había pasado para ese
comportamiento tan anormal?
Pero el fantasma seguía leyendo la conjugación de los
verbos y todavía no había pasado de la segunda. Empezó
a repetir en voz alta “yo comiera o comiese, tú comieras o
comieses, él comiera o comiese ...” Los alumnos del pasillo
ya no esperaron más. Eso era demasiado y salieron
corriendo todo lo deprisa que sus piernas podían llevarles.
Entre tanto, la profesora empezó a acercarse cautamente a
la cartera. Muy despacio abrió la solapa. El fantasma,
sorprendido en plena recitación y deslumbrado por la luz del
día, optó por salir volando y refugiarse en la biblioteca,
confiando en encontrar lecturas más amenas.
Cuando llegó el fantasma a la biblioteca, se ocultó en el
estante de los libros de literatura clásica. Como había salido
corriendo perseguido por la profesora que pretendía que le
recitase la tercera conjugación regular, se refugió en la
estantería de los libros de literatura. De un rincón del estante
salió Mo, una vaca muy simpática protagonista de una
novela que habían leído unos niños de 1º B.
- ¿Qué haces aquí y quién eres?- le preguntó la vaca de una
forma algo impertinente.
Esta vaca, ya los sabéis, es algo impertinente y un poco
redicha. Por si fuera poco venía acompañada de El Pesado.
- Hija mía, no ves que es un fantasma que huye de las
multitudes y del mundanal ruido. Busca la soledad de la
biblioteca para descansar de tus problemas.
El fantasma no salía de su asombro. Lo que le faltaba: una
vaca y su conciencia. ¿Qué querrían decir aquellos dos
pasmarotes? Saltó con gracia y agilidad a otro estante más
tranquilo, pero no era su día. Allí se encontraba don Cleofás y
su redoma. Al fantasma le dio mucho miedo la figura del
demonio, pero este estaba tan fresco. ¡A él le iba a dar miedo
un fantasmita de nada, con las cosas que había visto en
Madrid de noche!
- Y tú ¿quién eres? Pero ¿qué haces aquí?- le espetó de una
forma algo chulesca.
- Yo, un pobrecito fantasma que viene a buscar refugio a la
biblioteca- contestó.
- Pues estás apañado, porque dentro de un rato vienen los niños
y esto no va a ser un lugar tranquilo.¡Qué fieras!
- ¡Ayúdame a salir de este lío!
- No sé, no sé. Déjame pensar.
Don Cleofás le llevó a un sitio donde encontró un amigo. Y el
fantasma encontró cobijo esa noche hablando con su colega de
Canterville y estuvieron relatándose sus cuitas.
Al día siguiente, el fantasma volvió a la clase de 1ª B. Como los
niños volvían del gimnasio, no se le ocurrió mejor idea que
meterse dentro de un tamagochi que estaba encima de la mesa.
Los alumnos llegaron y el profesor empezó a pasar lista. El
aparato empezó a mandar mensajes a los padres que decían que
se daba vacaciones indefinidas a los niños. El caos fue total.
Llegó un momento que el
fantasma se aburrió de gastar
bromas y de asustar a la
gente.
Por eso, decidió matricularse
en el instituto y estar en la
clase de 1º B, porque eran los
chicos más simpáticos de
todos. Ahora juega al fútbol,
tiene amigos y se lo pasan
muy bien todos juntos
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Un fantasma en el instituto (Día del libro 2013)