INTRODUCCIÓN
Antonio de Padua María
Severino López de Santa
Anna y Pérez de Lebrón
(21 de febrero de 179421 de junio de 1876) fue
un político y militar
mexicano,
en
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ocasiones presidente de
México. A lo largo de su
larga carrera política se
unió
en
distintas
ocasiones a realistas,
insurgentes,
monárquicos, liberales y
conservadores.
Antonio López de Santa Anna
Presidente de México
Mandato:
(1833-1835), 1839, (1841-1842), 1843,
1844, 1847, (1853-1855)
Antecesor:Valentín Gómez Farías
Sucesor:Miguel Barragán
Fecha de nacimiento:21 de febrero de 1794
Lugar de nacimiento:Xalapa, Veracruz
Fecha de fallecimiento:21 de junio de 1876
Lugar de fallecimiento:Ciudad de México
Cónyuge(s):Inés García, en 1825
María Dolores de Tosta
Profesión:Militar
Partido político:Liberal-Conservador
.
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Primeros años
La infancia de Santa
Anna discurre entre
Jalapa, ciudad en la que
nace en 1794 y Veracruz.
Fue hijo del notario
Antonio López de Santa
Anna y de su señora
esposa Manuela Pérez de
Lebrón.
Ambos
deseaban para él un
porvenir tranquilo y
acomodado
como
correspondía a un joven
de ascendencia española.
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Pero su carácter aventurero,
sus
grandes
deseos
de
sobresalir, consiguió a fuerza
de tenacidad ingresar al
Ejército Real de la Nueva
España a los dieciséis años de
edad. En 1811 su regimiento
fue convocado para sofocar el
movimiento
insurgente
iniciado un año antes por el
cura Miguel Hidalgo.
En el Ejército Trigarante
La carrera política empieza en 1821,
fecha en el que el Plan de Iguala de
Iturbide consagra la independencia de
la Nueva España. Inicia entonces, de
manera espectacular, una larga serie
de
imprevisibles
adhesiones
ideológicas. Enviado por el gobierno
colonial a dar auxilio a la ciudad de
Orizaba que estaba sitiada por los
rebeldes, los derrota y es condecorado
por el virrey y ascendido a teniente
coronel. Es nombrado comandante del
puerto de Veracruz y horas después se
levanta en armas contra el gobierno
realista, uniéndose a los insurgentes,
siendo derrotado en esa plaza,
pero haciéndose fuerte en Córdoba.
Baja su mandato en Veracruz, logra
retirar a los españoles hasta el fuerte
de San Juan de Ulúa, último reducto
de éstos. Como muchos otros
militares se unió a Iturbide, solo
como una estrategia política, para
obtener apoyos personales. Santa
Anna estaba de acuerdo con la
independencia, pero no aceptaba
que la dirigiera la clase alta, pues
según él no eliminarían los
privilegios de los peninsulares que
aún quedaban en México.
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Rechazo a Iturbide
La conversión de Nueva España a
México no iba a ser fácil. España
desconoció
en
principio
la
independencia de su colonia y esto
hizo que aumentara el fervor de
libertad en las principales ciudades.
Luego de firmar Iturbide los Tratados
de Córdoba, en los que España
reconocía a México como país
soberano, empezó la polarización de
políticos y militares mexicanos. Había
en el recién nombrado congreso
constituyente
representantes
monárquicos,
republicanos
e
iturbidistas.
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Iturbide se corona emperador
gracias a un levantamiento armado
en la Ciudad de México que
presionó al congreso para instituir
el Imperio la nueva forma del
Estado.
En el momento que Iturbide
disuelve el congreso por atacar a su
figura y dictaminar ideas que iban
en su contra, Santa Anna reaparece
en la vida pública. Mediante las
armas toma Veracruz, declarando
ilegal la elección del emperador y
pronunciándose a favor de los
republicanos.
Desterrado Iturbide en 1823 y restaurado
el Congreso, comienzan las pugnas entre
centralistas y federalistas, a los que se une
de inmediato. En esta ocasión fracasa un
levantamiento que surgió en San Luis
Potosí. Santa Anna como su principal
comandante, es enviado a la Ciudad de
México para ser juzgado y absuelto por
influencias que tenía en la Corte.
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La ambición de la Presidencia
Durante los años siguientes al juicio, los
acontecimientos ayudan a Santa Anna en
su imparable ascenso. Los levantamientos
de 1827 le dieron la posibilidad de
ponerse del lado del gobierno de forma
algo sorprendente, pues que Manuel, su
hermano participara del lado rebelde
hacia suponer que Santa Anna se retiraría
de su hacienda en Veracruz para
apoyarlo. La suerte de los dos hermanos
fue muy distinta a raíz de este
acontecimiento: mientras Manuel era
desterrado, Antonio obtenía el gobierno
de Veracruz.
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Poco mas tarde se le brinda una nueva
oportunidad. La convocatoria a las
elecciones de 1828 nacía con la
controversia
entre
las
posturas
representadas por Manuel Gómez
Pedraza y Vicente Guerrero. Los
partidarios del primero se oponían a hacer
efectiva la expulsión de los españoles
restantes en el país. Apenas once días
después de que Gómez Pedraza ganara
las elecciones, Santa Anna se reveló
exigiendo la sustitución del presidente
electo por el general Vicente Guerrero.
La variedad de recursos con los que
contaba Santa Anna para financiar su
levantamiento fue amplia. Contándose
que, necesitado de dinero, se apoderó del
convento de San Francisco de Oaxaca
disfrazó a sus soldados de frailes y
convocó a misa. Una vez en la iglesia,
mandó cerrar las puertas y exigió a los
ricos
presentes
una
retribución
económica, con lo que consiguió los
fondos suficientes.
Nombrado presidente Guerrero, Santa
Anna tomó las riendas del ejército
nacional.
En 1829, una expedición española
desembarcada
en
Tampico,
comandada por el brigadier Isidro
Barradas que tenía por objetivo la
reconquista de México fue derrotada
por Santa Anna que desde entonces se
hizo llamar El Héroe de Tampico.
Al ser derrocado el gobierno de
Guerrero por Anastasio Bustamante,
Santa Anna hace un pacto con Gómez
Pedraza, (el presidente que derrocara
años antes) para que este alcanzara la
presidencia de 1830 a 1833 mediante
nuevos levantamientos. En 1833,
Santa Anna alcanza por fin la
presidencia.
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La cuestión texana
Al ser nombrado presidente, en un
hecho sorprendente, Santa Anna
alegó mala salud y se retiró a su
hacienda en Veracruz, desde donde
planeó una supuesta invasión a Cuba.
Entre 1833 y 1835, Santa Anna iba y
venía del poder. En diversos periodos
Valentín Gómez Farías ocupó la
vacante de Santa Anna y aprovechó
para hacer reformas liberales a la
Constitución de 1824.
Santa Anna, presionado por una
delegación de conservadores que no
estaban de acuerdo con las reformas,
volvió a la presidencia y disolvió el
congreso. Promulgo las Siete Leyes las
cuales dieron paso a un periodo de
conservadurismo, qué ocasionó varios
levantamientos, de los cuales sólo tuvo
éxito el texano.
Los
colonos
estadounidenses,
establecidos en territorio mexicano
(Texas) desde fechas anteriores a la
independencia de México, empezaron a
ser más numerosos que los habitantes
mexicanos del mismo territorio,
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La Guerra de los Pasteles
A su vuelta a Veracruz, al ser liberado
por los texanos, Santa Anna es
destituido como presidente. Cuando
ciudadanos franceses exigieron al
gobierno
mexicano
una
indemnización por los daños
causados por tropas de Santa Anna
años atrás en sus negocios, el nuevo
gobierno se rehusó a pagarles,
diciéndoles
que
eso
era
responsabilidad de la anterior
administración.
El gobierno de Francia pidió al
gobierno mexicano que se cubrieran
los daños a sus ciudadanos, pero no
hubo respuesta por parte mexicana,
así que en 1838 mandaron una
expedición que bloqueó Veracruz y
ocupó la plaza hasta que el daño no
fuera pagado. Santa Anna tomó de
nuevo las riendas del ejército y se
dirigió a Veracruz, donde hizo
retroceder a los invasores hasta el
muelle, pero en ese
momento,
los
barcos
franceses abrieron fuego
de artillería contra los
mexicanos,
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resultando herido en una pierna. La gente se conmovió ante el sacrificio de Santa
Anna, que perdió la pierna y lo aclamó como héroe de la Patria.
Esto le dio una gran publicidad, lo que le permitió ocupar la presidencia de nuevo
en 1839, 1841 y 1844, anunciando ya el estilo totalitario que distingue su último
periodo.
Exiliado
Al ocupar la presidencia de nuevo,
Santa Anna sufrió un nuevo revés al
suscitarse de nuevo la cuestión
texana. Cuando en 1843, Estados
Unidos planteó la incorporación de
Texas a su territorio, Santa Anna
intentó zafarse de la escena política
para no sufrir descalificaciones de la
opinión pública.
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Puso de pretexto la muerte de su esposa
Inés García, para retirarse de la
presidencia mientras pasaba el furor
público por la anexión de Texas a la
Unión americana. A los cuarenta días de
luto por su mujer, Santa Anna volvió a
casarse, escándalo que contribuyó a
aumentar su descrédito en un momento
en que se le recordaba su anterior
episodio en Texas y se le pedían
responsabilidades. El retiro de la escena
política en ese momento lo pagó con un
largo exilio en La Habana.
México pierde la mitad de su territorio
En ausencia de Santa Ana la situación
interna en México estaba repartida entre
hostilidades y caos politíco. Estados
Unidos aprovechó esto para enviar sus
tropas al Río Bravo. Aunque el límite de
Texas en ese entonces era el río Nueces
unos kilómetros más al norte. Este
movimiento
ofensivo
por
parte
estadounidense presionó y orilló al
gobierno mexicano a defender la
soberanía del territorio nacional ,
dándose así inicio a la guerra entre
estos dos países. Santa Anna fue
llamado a dirigir los esfuerzos
nacionales de nuevo; pero aunque logró
reunir y organizar un ejército
sorprendente, fue derrotado por su falta
de
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sensatez en todos los enfrentamientos Diversos historiadores, han señalado
contra los estadounidenses.
que existia ya un trato del
Casi logró una victoria en la Batalla de la "Benemérito de Veracruz" con los
Angostura; pero se retiró inexplicablemente
a un paso de derrotar a Taylor Después en norteamericanos para dejarse perder
su natal estado de Veracruz fue derrotado en las batallas a cambio de 30 millones
la Batalla de Cerro Gordo Después de de pesos.
evacuar la capital del país, Santa Anna se
exilió de nuevo, esta vez en Colombia.
Mediante el Tratado de Guadalupe-Hidalgo,
México perdió los estados de California,
Nuevo México, Arizona, Nevada y
Colorado a favor de Estados Unidos,
que se comprometió a pagar una
indemnización de 15 millones de pesos a
México.
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Su Alteza Serenísima
Tras la derrota, Santa Anna abandonó el país
después de renunciar a la presidencia que
había ocupado durante la guerra. El hambre, el
descontento, las pugnas políticas hicieron caer
en crisis al país. Los conservadores fueron
imponiéndose en la mayoría de los estados y
reclamaron de nuevo el regreso de Santa Anna.
Santa Anna era el único que había demostrado,
al menos, tener la suficiente fuerza para
gobernar un país tan ingobernable y que en ese
momento en algunas partes estaba sumido en
la anarquía. Así en 1853 Santa Anna es
nombrado presidente de nuevo. Carente de
prejuicios e inmune a las críticas de sus
adversarios, instituye una medida para obtener
dinero, vende un trozo de territorio a Estados
Unidos, La Mesilla.
Hizo volver a los jesuitas
expulsados por los españoles en
la colonia, reinstauró la Orden
de Guadalupe y se hizo llamar
Alteza Serenísima a la vez que
decretaba
una
ley
para
nombrarse dictador vitalicio.
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En su empeño por legislar, ningún asunto
político escapó de sus designios: los
impuestos afectaban a los perros de
compañía y a las ventanas de las casas,
dictaminó el color de uniforme de los
empleados
públicos,
construyó
innumerables monumentos autodedicados
por todo el país y concentró todo el poder
en su persona. Creció el descontento
popular y con él comenzaron a fraguarse
los planes de rebelión. Ebrio de poder, dio
muestras de gran crueldad contra sus
oponentes. Se cuenta que al derrotar en
Guerrero a unos rebeldes, las tropas de
Santa Anna colgaron a los oficiales
rebeldes por los dedos de los pies y fueron
dejados a la intemperie.
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Los soldados quemaron y saquearon
comunidades de ese estado,
desatándose matanzas de civiles y
de prisioneros.
Un exilio definitivo
Era 1855 y el Plan de Ayutla de Juan
Álvarez había dado resultado por todo
el país. Santa Anna se vio obligado a
renunciar y tomar de nuevo su camino
a Colombia.
Acostumbrado a vaivenes políticos, el
general se dio cuenta que el regreso
esta vez sería imposible.
liberales que nunca sucedió. Estuvo a
punto de ser parte de la Corte de
Maximiliano, pues ofreció su apoyo a la
monarquía que se estaba preparando
desde Europa; pero el joven archiduque
austriaco no lo admitió para participar en
el Segundo Imperio Mexicano. De las dos
veces que intentó volver, solo consiguió
ser desterrado de nuevo. Finalmente en
1874, el presidente Lerdo de Tejada le
permite volver al país, donde murió dos
años mas tarde, en la Ciudad de México,
olvidado por la gente que muchas veces
lo apoyó.
En
los
acontecimientos
que
siguieron, se dejó oír su voz desde el
exilio, publicó diversos artículos que
llegaron a México convocando a una
rebelión contra los
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