Hechos reales que superan
cualquier ficción.
Jeff Guidry y Freedom (Libertad)
están en el
Sarvey Wildlife Center,
Everett, Washington.
Este próximo verano, Libertad y yo
llevaremos 10 años juntos.
Ella llegó hasta mí siendo una
aguilucha, en 1998, con las dos alas
rotas, especialmente la izquierda,
que no podía desplegar en absoluto,
aún después de haberle practicado
cirugía.
Su ala estaba rota por cuatro sitios.
Ella es mi ‘niña’.
Cuando Libertad llegó a nuestro
Centro de Rehabilitación Animal
no se sostenía sobre sus patas.
Estaba flaca, llena de piojos y parecía
que su final era inminente.
Pero decidimos darle la oportunidad
de vivir y superar esas condiciones tan
dramáticas. A partir de ese momento,
me hice cargo de ella todo el tiempo.
La pusimos en una jaula para perros,
‘acolchada’ con tiras de papel
periódico para ‘acomodarla’
como si se tratase de un nido.
Estaba tan mal, que parecía
no responder a ningún cuidado.
Yo le hablaba durante horas todos
los días y la animaba a luchar por
su vida. Ella permanecía echada
y sólo me miraba con sus grandes
ojos marrones.
Teníamos que alimentarla por un tubo,
ya que no podía picotear la comida.
Era lastimoso verla tan destrozada.
Libertad estuvo en esa situación tan
lamentable por espacio de 6 semanas
que parecían interminables.
Mis compañeros del Centro de
Rehabilitación me dijeron que habría
que pensar en la eutanasia si no se ponía
en pie, porque no podíamos cruzar la
línea entre ‘rehabilitación’ y ‘tortura’.
Sin embargo, yo me resistía a perderla.
Mis colegas me habían hablado
de ‘programarla’ para el viernes
de la semana siguiente si no lograba
sostenerse en pie.
Llegó el jueves y al día siguiente
habría que ejecutar la decisión que
se había tomado una semana atrás.
Yo estaba tan desolado que no sentía
deseos de acudir al Centro porque
no soportaba la idea de la eutanasia
para mi pobre y bella amiga Libertad.
No obstante, me vestí con desgana
y fui. Cuando llegué al Centro todo
el mundo me saludaba con una sonrisa
de oreja a oreja.
Fui
inmediatamente hacia la jaula
de Libertad y... ¡Allí estaba! ¡En pie!
¡Una grande y hermosa águila!
¡Fue maravilloso verla dispuesta
a vivir! Estuve a punto de echarme
a llorar de alegría. Fue un gran día.
Sabíamos que ella nunca podría volar,
pero aún así, decidimos entrenarla con
el guante y unas tiras de cuero para
rehabilitarla al máximo posible
y
recuperarle sus alas .
Inundamos los periódicos, las radios
y hasta un programa de TV
con nuestra historia.
En la primavera del 2000
fui diagnosticado de un linfoma
de grado 3. Esto significa que tenía
un órgano principal afectado
y metástasis en el resto. Me darían
quimioterapia durante 8 meses
seguidos para reducir al máximo
la extensión de la enfermedad,
pero si no funcionaba la terapia,
tendrían que hacerme un transplante
de médula ósea. Perdí todo el cabello.
Muchas noches soñaba con Libertad,
volando majestuosa hacia mí y
mirándome con fijeza y atención como
queriendo darme ánimos con su ejemplo.
Echaba mucho de menos mi trabajo,
así que en cuanto me sentía un poco más
fuerte, iba a ver a Libertad al Centro.
Hacia finales de Noviembre,
después del Día de Acción de
Gracias, fui al médico a realizarme
las últimas pruebas para saber
si tendrían que hacerme
el transplante. Los resultados
fueron asombrosos:
Me dijeron que el cáncer
… ¡Estaba curado!
Lo primero que hice al conocer
la buena noticia fue ir a ver a mi
‘niña’ para llevarla a pasear.
El día era brumoso y hacía frío.
La llevé a lo alto de la colina
para que hiciera su hermoso vuelo.
Yo no le había dicho nada a
Libertad sobre mi salud, sin
embargo, ella ‘sabía’. Cuando
la dejé libre para que volase en los
alrededores, ella me miró, extendió
sus alas y las cerró sobre mí. Fue un
abrazo, un momento mágico e
irrepetible que no sé cuánto duró.
Sólo sé que sentí sus enormes alas
presionando mi espalda y apoyó su
pico sobre mi nariz en un gesto de
afecto casi humano.
Me miró directamente a los ojos
y estuvimos así un rato. Entendí
que, de algún modo, ella supo
cuánto me había pasado y era
su forma de recompensarme
y alentarme. Comprendí que
éramos ‘almas gemelas’ desde
el mismo momento en que ella
llegó al Centro, pero no sabía
hasta qué punto un alma libre
como ella era capaz de transmitir
tanta fuerza y tanta belleza.
En varias ocasiones han venido
al Centro personas enfermas
y ella se comporta con una
delicadeza especial.
Es algo mágico y misterioso.
Una vez vino al Centro
un enfermo terminal.
Cuando estaba visitando
a Libertad sus piernas se
debilitaron, y en ese momento
se la estaban colocando sobre
su mano enguantada.
Esta persona dijo sentir el poder
y la fuerza especial que emanaba
de Libertad y cómo sus piernas
se fortalecían y volvía a sentir
la energía suficiente para
no caer de rodillas.
Hay muchas más historias,
pero me sería imposible
contarlas en tan poco espacio.
Jamás olvidaré el honor de
sentirme tan cercano a un
espíritu libre tan magnificente
como Libertad.
JEFF GUIDRY
Traducción del inglés al español,
títulos, maquetación y grafismo:
Y. A.
2008
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UN ÁGUILA LLAMADA ‘LIBERTAD’