Conmemoración de los fieles
difuntos en Italia
Ya se sabe que la fiesta anglojacón de Halloween con brujas, calabazas
y esqueletos no es una fiesta típicamente italiana, aunque en Italia,
nación principalmente católica, el uno de noviembre de cada año se
celebra el Día de Todos los Santos, fecha en que son recordados los
santos católicos, y el dos de noviembre la Conmemoración de los
Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos, cuyo
objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal.
Sin embargo, hoy en día, los festejos de Halloween en Italia han crecido
mucho. Por lo menos en la última década se han registrado más eventos, pero
hay que decir que los festejos del Carnavale son todavía superiores. Sobre
todo a los jóvenes y a los más pequeños les gusta disfrazarse y hacer fiestas,
mirar películas de terror, hacer el famoso “truco o trato”, visitar casas
encantadas, hacer las bromas, y leer historias de miedo.
En estos días en Italia es costumbre
asistir a los cementerios para llevar velas
y flores, particularmente crisantemos, a
las tumbas de los queridos.
En Toscana en el pueblo del Monte
Argenterio antiguamente era
tradición coser grandes borsillos en
la parte delantera de las ropas de
los niños huérfanos, para que se
pudiera poner algo en oferta,
comida o dinero. Había también la
costumbre de poner pequeños
zapatos sobre las tumbas de los
niños difuntos porque se pensaba
que en la noche del dos de
noviembre sus almas (llamadas
angelitos) volverían al mundo de
los vivos.
En Sicilia esa recurrencia tiene una
tradición muy antigua y singular.
Hasta hace unos años
atrás, el dos de
noviembre era un día
particularmente alegre
para los los niños: los
más pequeños creían
que en la noche entre el
uno y el dos de
noviembre los abuelos
difuntos volvían al
mundo de los vivos para
traerles los regalos que
más deseaban. Lo que
hoy hacen Santa Claus o
los Reyes Magos, antes
en Sicilia lo hacían los
queridos difuntos.
LA FERIA DE LOS MUERTOS
En Catania todos los
años se organiza la
tradicional Feria de
los muertos. Se trata
de
un
mercado
ambulante que se
instala generalmente
al aire libre durante
los días de esta
fiesta. Aquí se puede
encontrar todo tipo
de
objetos:
productos
alimenticios (sobre
todolos
dulces
típicos), prendas de
vestir, productos para
el hogar, juguetes
para niños, etc.
Como cada fiesta, también la de los muertos tiene sus dulces; los
más tradicionales en Sicilia son los siguientes:
“L'ossa di mottu” :
galletas secas parecidas a huesos blancos.
“ Pupi di zuccaro”:
estatuillas de azúcar pintadas como paladinos
“I Totò”:
galletas de alemendras cubiertas con chocolate y
azúcar.
“La Frutta martorana”:
famoso dulce típico siciliano, más específicamente palermitano,
pero característico también de Mesina, parecido al mazapán pero
mucho más dulce y sabroso, hecho de almendras y azúcar y
elaborado tradicionalmente con forma de fruta.
“Le Rame di Napoli ”:
bizcocho con el centro blando de chocolate
recubierto completamente con un glaseado de
chocolate fundido.
Completamos con unas palabras de Andrea
Camilleri, un escritor siciliano conocido y famoso
también en España y vencedor del IX Premio Pepe
Carvalho en el 2014, que resumen perfectamente lo
que hemos dicho sobre esta fiesta en Italia .
El día que los muertos perdieron el camino de
casa
«Hasta el 1943, en la noche entre el uno y el dos de
noviembre, cada casa siciliana donde había un niño se
poblaba de muertos a él familiares.
No fantasmas con sábana blanca y cadenas,¡cuidado!,
no los que dan miedo, sino los mismos muertos que se
veían en las fotos expuestas en el salón, viejos, con la
media sonrisa de ocasión impresa en la cara, el vestido
bueno, planchado perfectamente, no hacían ninguna
diferencia con los vivos.
Nosotros, pequeñitos, antes de acostarnos, poníamos debajo de la
cama una canasta de mimbre (el tamaño variaba según el dinero
que había en las familias) que por la noche los queridos muertos
iban a rellenar con dulces y regalos que habríamos encontrado la
mañana siguiente al despertarnos. Excitados,no podíamos dormir:
querríamos verlos a nuestros muertos, mientras con paso ligero se
acercaban a la cama, nos hacían una caricia y tomaban la
canasta...
Después de un sueño agitado nos despertábamos a la madrugada
para empezar la busqueda.
Porque los muertos tenían gana de jugar con nosotros, de
divertirnos, y por eso escondían la canasta y había que buscarla en
toda la casa.[...] Los jugetes eran trenos de hojalata, coches de
madera, muñecas de pieza, cubos de madera que formaban paisajes.
[...]
Los dulces eran los tradicionales, llamados “de los muertos”:
mazapán modelado en forma de fruta y pintado; “rami di meli”
hechos con harina y miel, “mustazzola” de vino reflexionado y
otras delicias. Nunca faltaba el “pupo di zuccaro”que de costumbre
era un soldado italiano de infantería ligera con la trompa o una
bailarina bailando. Por la mañana, peinados y bien vestidos,
íbamos con la familia al cimenterio a saludar y a dar las gracias a
los muertos. Para nosotros era una fiesta, íbamos por las calles
para encontrar a los amigos y a los compañeros del cole gritábamos:
«¿Qué te dejaron este año los muertos?» [...].
Luego, en el 1943, con los soldados americanos llegó también el
árbol de Navidad y despacio, año tras año, los muertos perdieron el
camino que los llevaba a las casas donde los esperaban, felices y
despiertos, los hijos o los hijos de los hijos. ¡Qué lástima! [...]».
Andrea Camilleri, Racconti quotidiani, Mondadori 2008.
Safia Elarjioui
13 años
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