LA SUNAMITA
UNA ANFITRIONA
GENEROSA
Libro: Extraordinarias Mujeres de la Biblia
Autora Eunice Faith Priddy
Editorial Porta voz – 2003
ISBN 978-0-8254-1387-2
Encontramos otra mujer no identificada por
su nombre en este estudio. Por ser del
pueblo de Sunem, era conocida como la
sunamita.
La Biblia la describe como una mujer
importante. Esto probablemente significa
que era rica e influyente en su comunidad.
Pero en nuestro estudio vamos a echar un
vistazo a su vida espiritual, su generosidad,
su estabilidad ante las crisis y su
obediencia.
LA HISTORIA DE LA SUNAMITA:
La historia de la sunamita se encuentra en 2
Reyes, capítulo 4 y 8.
Su hospitalidad se
encuentra en 2 Reyes 4:811 por el modo que le
abrió las puertas de su
hogar al profeta Eliseo.
“8
Aconteció también que un día pasaba
Eliseo por Sunem; y había allí una mujer
importante, que le invitaba insistentemente
a que comiese; y cuando él pasaba por allí,
venía a la casa de ella a comer.
9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo
entiendo que éste que siempre pasa por
nuestra casa, es varón santo de Dios.
10
Yo te ruego que hagamos un pequeño
aposento de paredes, y pongamos allí cama,
mesa, silla y candelero, para que cuando él
viniere a nosotros, se quede en él.
11 Y aconteció que un día vino él por allí, y
se quedó en aquel aposento, y allí durmió.”
SU INTUICION ESPIRITUAL:
No se nos dice si esta mujer sabía quién
era Eliseo la primera vez que lo invitó a
comer a su casa. Pero dice que después de
varias visitas, ella le dijo a su esposo que
sabía que Eliseo era un hombre de Dios.
SU GENEROSIDAD:
La mujer se percató que Eliseo necesitaba
un lugar para descansar. Era perspicaz al
reconocer la importancia de proveer las
necesidades físicas y espirituales de los
demás. Era también creativa en el modo
de preparar el cuarto para Eliseo. Me
imagino que su generosidad significó
mucho para Eliseo cada vez que
descansaba en ese aposento.
Continuando con la historia en 2 de Reyes
4:12-13, vemos que Eliseo trató de ser
recíproco con la sunamita por su
generosidad.
“12
Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a
esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella
delante de él.
13
Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú
has estado solícita por nosotros con todo
este esmero; ¿qué quieres que haga por ti?
¿Necesitas que hable por ti al rey, o al
general del ejército? Y ella respondió: Yo
habito en medio de mi pueblo”.
En estos versículos se hace evidente que la
sunamita había compartido su hogar por su
sincera generosidad y preocupación y que
no esperaba nada a cambio. Estaba
contenta sin honores ni reconocimiento
oficial.
Esta no suele ser la forma usual de pensar de
las mujeres. A menudo tratamos de
impresinar a la gente. Queremos asegurarnos
que los demás vean el bien que hacemos. A
veces hacemos buenas obras por motivos
errados. Necesitamos que se nos recuerde lo
que la Palabra de Dios dice en 1 Samuel
16:7b “…porque Jehová no mira lo que mira
el hombre; pues el hombre mira lo que está
delante de sus ojos, pero Jehová mira el
corazón”.
Había un elemento que faltaba en el hogar
de la mujer sunamita. No tenían hijos, y su
marido era viejo 2 Reyes 4:14.
“14
Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y
Giezi respondió: He aquí que ella no tiene
hijo, y su marido es viejo”.
Ella no pidió un hijo
cuando se le dio la
oportunidad. Aun así,
Eliseo profetizó que
ella tendría un hijo y la
Biblia nos cuenta que,
tal como el profeta lo
había dicho, ella
concibió y tuvo un
hijo.
SU ESTABILIDAD EN LA CRISIS:
El próximo suceso que leemos es una crisis
importante que la atacó justo cuando todo
estaba marchando bien y la familia era feliz.
¿No es verdad que así suele suceder?
Continuando con la historia leemos 2 Reyes
4:18-21
“18 Y el niño creció. Pero aconteció un día,
que vino a su padre, que estaba con los
segadores;
19
y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza!
Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.
20 Y habiéndole él tomado y traído a su
madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el
mediodía, y murió.
21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la
cama del varón de Dios, y cerrando la puerta,
se salió”.
Lo destacable de esta historia es el silencio
de la sunamita frente a la muerte de su hijo
único. No hubo quejas ni amargura, ni
fuertes gemidos. Simplemente partío con la
decisión fija en su corazón de encontrar al
profeta Eliseo. El relato continúa en 2 Reyes
4:22-23
“22
Llamando luego a su
marido, le dijo: Te ruego
que envíes conmigo a
alguno de los criados y una
de las asnas, para que yo
vaya corriendo al varón de
Dios, y regrese.
23 El dijo: ¿Para qué vas a
verle hoy? No es nueva
luna, ni día de reposo. Y ella
respondió: Paz”.
El relato continúa con que la mujer viajó con
el intenso propósito de encontrar al hombre
de Dios. Antes de que llegara, Eliseo la vio y
la reconoció de lejos. Instruyó a su siervo:
“Te ruego que vayas ahora corriendo a
recibirla y le digas ¿Te va bien a ti? ¿Le va
bien a tu marido y a tu hijo?”
La mujer le contestó “Bien” (2 Reyes 4:26).
Ella sabía que su hijo esta muerto, así que
esta simple palabra diciendo que todo esta
bien era una prueba de su increíble fe en la
capacidad de Dios para ayudarla.
Cuando la mujer encontró a
Eliseo y le contó lo que había
ocurrido, este envió a su
criado con la instrucción de
que pusiera su báculo sobre el
rostro del niño.
Más tarde cuando Eliseo llegó con la mujer,
el sirviente le informó que le niño no había
vuelto en si. 2 Reyes 4:32-35 nos dice lo que
ocurrió cuando Eliseo llegó al aposento
donde yacía el niño:
“32 Y venido Eliseo a la casa, he
aquí que el niño estaba muerto
tendido sobre su cama.
33 Entrando él entonces, cerró la
puerta tras ambos, y oró a Jehová.
34
Después subió y se tendió sobre el niño,
poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos
sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos
suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del
niño entró en calor.
35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a
una y otra parte, y después subió, y se tendió
sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete
veces, y abrió sus ojos”.
No se nos dice cuánto tiempo vivió el niño,
pero suponemos que habrá vivido el
tiempo suficiente como para traerle
muchos más años de felicidad al hogar de
la mujer sunamita
SU OBEDIENCIA:
Leemos otro de los encuentros
entre Eliseo y esta mujer. Eliseo le
dijo que su tierra padecería una
carencia de alimentos de siete
años. Le dio instrucciones de
partir con su hijo hasta que la
escasez se pase. Ella obedeció de
inmediato al profeta de Dios, sin
tomarse siquiera el tiempo de
pensar acerca de los bienes que
estaba dejando tras de si.
Al final de los siete años la sunamita
regresó a su tierra y todas sus posesiones
le habían sido arrebatadas. Preocupada por
la herencia de su hijo , se dirigió al rey para
solicitar la devolución de su pertenencias.
Llegó al palacio justo cuando el criado de
Eliseo le estaba contando al Rey la historia
de la vuelta a la vida del hijo de la
sunamita.
Por su testimonio y el Giezi, el Rey le otorgó
la devolución de su bienes. 2 Reyes 8:6
“6
Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo
contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al
cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que
eran suyas, y todos los frutos de sus tierras
desde el día que dejó el país hasta ahora”.
Desde el principio hasta el
fin de la historia de esta
mujer, vemos su fe,
sinceridad, estabilidad en
la crisis, y su fortaleza en
medio de la ansiedad. Ella
es un ejemplo de gran fe.
Aún en las circunstancias
más temibles no tuvo
dudas acerca del poder y
la bondad de Dios.
PENSAMIENTOS FINALES:
Esta mujer recibió muchas retribuciones.
Primero tuvo un hijo; más tarde este le fue
devuelto vivo después de haber muerto;
todas sus posesiones le fueron devueltas.
Lo más importante, pudo conocer a Dios al
convertirse en amiga de su profeta Eliseo.
Como mujeres de fe, si vivimos para Dios como
lo hizo la sunamita, también, podemos esperar
que Dios nos bendiga, A lo mejor no recibamos
el mismo tipo de bendición, pero podemos
estar seguras que Dios mira con bondad a los
que obedecen su palabra y también provee
para sus siervos. La generosidad de Dios
debería acercarnos a él día a día.
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LA SUNAMITA - Byron & Anita Vaughn