¿Qué es el pudor?
El pudor es una virtud
que defiende nuestra
dignidad de personas,
evitando convertirla en
un objeto de placer.
Promueve el respeto y
el
auténtico
amor
centrado no en lo que
se aparenta, sino en lo
que
se
es.
El pudor es un mecanismo de
protección ante la posibilidad
de
convertirnos
en
instrumentos
de
placer.
Es también, como en el caso
de la guarda de la intimidad,
una defensa ante el peligro de
que alguien me pueda poseer
sin
que
yo
lo
quiera.
Cada persona es dueña de sí
misma y nadie, excepto Dios
como Creador, puede tener
propiedad
sobre
ella.
La excepción a esta realidad es
el amor; el hombre se deja
apropiar libremente por amor;
pero a esto se volverá más
tarde.
¿EN QUÉ CONSISTE EL PUDOR?
Consiste en ocultar los valores sexuales
pero es también una forma de provocar el
amor; la necesidad espontánea de cubrir
los valores sexuales es un medio para
permitir que se descubran los valores de
la propia persona; mientras se oculta
aquello que puede cosificarme, se intenta
remarcar lo que me hace persona. Los
valores sexuales no me diferencian, no
me hacen único; simplemente “dividen” a
la humanidad en hombres y mujeres. Lo
que me individualiza son mis capacidades
personales, mi inteligencia, mis amores,
mi intimidad, mis recuerdos…
El pudor es una virtud muy importante
para la persona; pues permite proteger
algo valioso y que no es del dominio
público.
El pudor sigue siendo la salvaguarda de la
propia intimidad y no una existencia
meramente pública.
El pudor acompaña siempre a la persona y
su desaparición comporta una disminución
de la personalidad.
El pudor es importante para toda persona, porque nos
permite valorarnos como personas en todo sentido y no
como cosas u objetos.
Permite demostrar a los hombres la voluntad del bien, la
inteligencia y el dominio de si mismo.
El pudor es la mayor demostración de amor, protección y
respeto a sí mismo. El pudor se muestra como una garantía
que defiende a los individuos
Sólo aquél que ha aprendido el sentido del pudor podrá
entender la dignidad de un cuerpo lacerado, poniéndolo a
salvo de miradas sin respeto o de pura curiosidad.
El pudor debe ser, pues, una vigilancia innata, que nos
protege de miradas sin amor
Es necesario, pues, presentarse como personas y no
como cosas. Me estoy guardando para alguien que,
de verdad, me va a amar. Porque en definitiva,
quien bien me quiere, me mirará bien
El pudor es propio de la persona humana: Los
animales no tienen pudor. Por eso hacen en público
sus
funciones
más
íntimas.
"Las formas que reviste el pudor varían de una
cultura a otra. Sin embargo, en todas partes
constituye la intuición de una dignidad espiritual
propia al hombre. Nace con el despertar de la
conciencia personal. Educar en el pudor a niños y
adolescentes es despertar en ellos el respeto de la
persona
humana"
El
pudor
se
expresa
en:
la
casa,
el
vestido
y
el
lenguaje.
1-La casa es un lugar íntimo. Hay tiempos para compartir con otros, pero
también hay tiempos para que la familia este reunida a solas para compartir
desde el corazón con la confianza que no es propia tener con todo el mundo.
El vestido. Se cubren las partes más
íntimas, que no se comparten con
cualquiera. Quien ama respeta y busca que
se respete la intimidad. De ahí el celo que
muestra el marido o el novio por la decencia
en el vestir de su esposa o de su novia. Pudor no es miedo al cuerpo desnudo, sino
respeto a su gran dignidad. Da libertad para
no ser dominado por la lujuria y protege
también al prójimo. -Protegerse de la mirada
intrusa. Salvaguarda el sexo del uso posesivo
de los demás. No permite ser reducido a un
objeto. Palpar algo es, en cierta medida, un
acto de posesión. Ver es como tocar a
distancia. Ofrecer a la mirada ajena las
partes íntimas del cuerpo supone dejarse
poseer en lo que tiene uno de más íntimo.
*
¿Qué ocurre con el que no es pudoroso?
El impudor denota un cierto dualismo antropológico completamente
falso, según el cual el cuerpo no es propiamente el hombre, sino
algo que le pertenece en forma externa y accidental. Cuando una
persona, en este sentido, no se identifica con su propio cuerpo, y
como que se extraña de él, puede mostrarlo -darlo a la vista- o
entregarlo -darlo al tacto- sin que por eso ella misma se muestre o
se dé. Esta moderna devaluación del cuerpo, señalada por varios
psicólogos actuales, y muy frecuente en la antigüedad, vacía el
pudor de sentido, trivializa completamente el acto sexual -que no
vendría a ser mucho más que, por ejemplo, tomar una buena ducha, y explica muchas degradaciones presentes de la vida sexual: «Yo
puedo prestar mi cuerpo a quien me plazca, pues al entregarlo, no
me entrego yo personalmente».
Hay en todo esto una inmensa ignorancia de la verdad del hombre.
La persona humana es unión substancial entre alma y cuerpo. El
hombre, la mujer, no sólo tiene un cuerpo, sino que es su cuerpo,
aunque no sólo sea ello. Esta antropología es la única que puede dar
una fundamentación adecuada al pudor sexual y a toda la moral
referida a la vida sexual.
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