LA LITERATURA
HISPANOAMERICANA
DEL SIGLO XX
TEMA 26. 2º BACHILLERATO
ESQUEMA
I.
II.
Introducción
La poesía hispanoamericana del siglo XX:
a) Modernismo y Posmodernismo
b) Vanguardismo
c) Tras las vanguardias
III. La narrativa hispanoamericana del siglo XX:
a) Primeras décadas del siglo
b) Renovación de la novela
c) A partir de 1960
I. INTRODUCCIÓN
• Durante el s. XX la producción literaria
hispanoamericana alcanzó gran
importancia e influencia en España y en
el mundo.
• Siglo especialmente convulso.
• Características de esta literatura:
1. Mestizaje cultural
2. Profundas influencias mutuas con
Europa y Norteamérica
II. LA POESÍA
HISPANOAMERICANA DEL S. XX
• Se distinguen tres etapas:
a) MODERNISMO Y POSMODERNISMO
El Modernismo nació como rechazo a la mentalidad positivista y
materialista de finales del s. XIX.
Es una continuidad del Romanticismo tardío
Máximo representante: RUBÉN DARÍO (1867-1916)
- Su obra es el referente principal de la poesía española de la época:
• Azul: Modernismo exuberante (ambientes exóticos, grandes alardes
retóricos, musicalidad)
• Prosas profanas: Modernismo exuberante (mundo de belleza y colorido
en estrofas poco usuales en la lirica hispana)
• Cantos de vida y esperanza (Modernismo intimista: amargura)
A raíz del cansancio del Modernismo, surge un deseo de hacer una poesía
más sencilla en lo temático (lo cotidiano) y en lo formal (sin adornos), pero
siempre hablando de lo americano: José Juan Tablada, Gabriela Mistral,
Alfonsina Storni. Se denominó POSMODERNISMO
EL POETA PREGUNTA POR STELLA
Lirio divino, lirio de las Anunciaciones;
lirio, florido príncipe,
hermano perfumado de las estrellas castas,
joya de los abriles.
A ti las blancas dianas de los parques ducales;
los cuellos de los cisnes,
las místicas estrofas de cánticos celestes
y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.
Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios
la primavera imprime:
en tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras,
sino el ícor excelso de las flores insignes.
Lirio real y lírico
que naces con la albura de las hostias sublimes,
de las cándidas perlas
y del lino sin mácula de las sobrepellices:
¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,
la hermana de Ligera, por quien mi canto a veces es tan triste?
Prosas profanas (1896)
LO FATAL
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
Cantos de vida y esperanza (1905)
DEVUELTO
A la cara de mi hijo
que duerme, bajan
arenas de las dunas,
flor de la caña
y la espuma que vuela
de la cascada...
Y es sueño nada más
cuanto le baja;
sueño cae a su boca,
sueño a su espalda,
y me roban su cuerpo
junto con su alma.
Y así lo van cubriendo
con tanta maña,
que en la noche no tengo
hijo ni nada,
madre ciega de sombra,
madre robada.
Hasta que el sol bendito
al fin lo baña:
me lo devuelve en linda
fruta mondada
¡y me lo pone entero
sobre la falda!
Gabriela Mistral
B) VANGUARDISMO
Al igual que en España, en los años 20, triunfan los experimentos
vanguardistas:
MOVIMIENTOS
CREACIONISMO
Vicente Huidobro (Chile). El poeta no debe imitar a
la naturaleza, sino que ha de crear nuevas
realidades
ULTRAÍSMO
Jorge L. Borges (Argentina). Uso de metáforas e
imágenes ocurrentes, incluye la búsqueda de la
esencia de lo argentino
ESTRIDENTISMO
Manuel Maples Arce (México). Muy parecido al
Futurismo: actitud provocadora, canto a lo
moderno, negación del pasado cultural…
POESÍA PURA
Mariano Brull (Cuba). En la línea de J. R. Jiménez.
Eliminación de los adornos y búsqueda de la
esencia de las cosas
DOS POETAS DESTACADOS
• CÉSAR VALLEJO
(Perú, 1892-1938)
- Orígenes humildes, mestizo,
marginado
- Poesía sensible hacia la
injusticia, el dolor y la
conciencia de clase
- Inicios modernistas (Los
heraldos negros, 1919), poco a
poco alcanza un estilo
personal: Trilce (1922) obra
pesimista, dolorida y desolada,
estética muy cercana al
vanguardismo. Finalmente,
tendrá influencia del
Surrealismo (Poemas en
prosa…, poemas humanos)
• PABLO NERUDA
(Chile, 1904-1973)
- Literato, político y diplomático
- Ejerció gran influencia en
poetas del 27
- Poesía comprometida
- Nobel de Literatura en 1971
- Inicios posrománticos (Veinte
poemas de amor y una
canción desesperada, 1924).
Luego, influencias surrealistas
(Residencia en la tierra).
Finalmente, cultivó una poesía
comprometida políticamente
con el ideario marxista (Tercera
residencia, 1947; Canto
general, 1950)
No hay tiempo que perder
Los iceberg que flotan en los ojos de los muertos
Conocen su camino
Ciego sería el que llorara
Las tinieblas del féretro sin límites
Las esperanzas abolidas
Los tormentos cambiados en inscripción de cementerio
Aquí yace Carlota ojos marítimos
Se le rompió un satélite
Aquí yace Matías en su corazón dos escualos se batían
Aquí yace Marcelo mar y cielo en el mismo violoncelo
Altazor
Aquí yace Susana cansada de pelear contra el olvido
V. Huidobro
Aquí yace Teresa ésa es la tierra que araron sus ojos hoy ocupada por su
cuerpo
Aquí yace Angélica anclada en el puerto de sus brazos
Aquí yace Rosario río de rosas hasta el infinito
Aquí yace Raimundo raíces del mundo son sus venas
Aquí yace Clarisa cara risa enclaustrada en la luz
Aquí yace Alejandro antro alejado ala adentro
Aquí yace Gabriela rotos los diques sube en las savias hasta el sueño esperando
la resurrección
Aquí yace AItazor azor fulminado por la altura
Aquí yace Vicente antipoeta y mago
Saudade
Estoy solo en el último tramo de la
ausencia
y el dolor hace horizonte en mi demencia.
Allá lejos,
el panorama maldito.
¡Yo abandoné la Confederación sonora
de su carne!
Sobre todo su voz,
hecha pedazos
entre los tubos de la música!
En el jardín interdicto
-azoro unánimeel auditorio congelado de la luna.
Su recuerdo es sólo una resonancia
entre la arquitectura del insomnio.
¡Dios mío,
tengo las manos llenas de sangre!
Y los aviones,
pájaros de estos climas estéticos,
no escribirán su nombre
en el agua del cielo.
M. Maples Arce
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé.
CÉSAR VALLEJO: Los heraldos negros
Amanece lloviendo. Bien peinada
la mañana chorrea el pelo fino.
Melancolía está amarrada;
y en mal asfaltado oxidente de muebles hindúes,
vira, se asienta apenas el destino.
Cielos de puna descorazonada
por gran amor, los cielos de platino, torvos
de imposible.
Rumia la majada y se subraya
de un relincho andino.
Me acuerdo de mí mismo. Pero bastan
las astas del viento, los timones quietos hasta
hacerse uno,
y el grillo del tedio y el jiboso codo inquebrantable.
Basta la mañana de libres crinejas
de brea preciosa, serrana,
cuando salgo y busco las once
y no son más que las doce deshoras.
CÉSAR VALLEJO: Trilce
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
La misma noche que hace blanquear los mismos árbole
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
P. NERUDA: Veinte poemas de amor…
ALTURAS DE MACHU PICHU (C.G.)
Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga
noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
C) LA POESÍA TRAS LAS VANGUARDIAS
TENDENCIA
RASGOS - POETAS
ASIMILACIÓN DE LAS
VANGUARDIAS Y
REHUMANIZACIÓN
- Rehumanización por la vía del
compromiso político
- C. Vallejo, P. Neruda
POESÍA NEGRA O
AFROANTILLANA
- Inspirada en las vanguardias y el
floklore (neopopularismo): vital y
sensual
- Nicolás Guillén
REHUMANIZACIÓN SIN
COMPROMISO POLÍTICO
- J. Lezama Lima: estilo barroco,
cercano a Góngora y al 27, temas
místicos y trascendentales
ANTIPOESÍA
- Poesía irónica, prosaica y
antirretórica
- Nicanor Parra
Jorge Luis BORGES (Años 60)
- Regreso a la actividad poética
- Poesía conceptista, existencial,
metafísica
OCTAVIO PAZ
(MÉXICO, 1914-1998)
• Figura principal de la poesía tras las Vanguardias
• Considera la poesía como un signo trascendente
(metafísica)
• Se adapta a cualquier corriente literaria y filosófica
(inicios modernistas, poeta puro, influencias
surrealistas y existencialistas, influencias del budismo
y pensamiento oriental en los años 60)
• Águila o sol, Semillas para un himno.
CANTO NEGRO
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
N. Guillén: Sóngoro cosongo.
Poemas mulatos
CRONOS
En Santiago de Chile
Los
días
son
interminablemente
os:
larg
Varias eternidades en un día.
Nos desplazamos a lomo de luma
Como los vendedores de cochayuyo:
Se bosteza. Se vuelve a bostezar.
Sin embargo las semanas son cortas
Los meses pasan a toda carrera
Ylosañosparecequevolaran.
NICANOR PARRA: Canciones rusas,
1967.
Cochayuyo: «alga comestible»
VISITAS
A través de la noche urbana de piedra y sequía
entra el campo a mi cuarto.
Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,
con pulseras de hojas.
Lleva un río de la mano.
El cielo del campo también entra,
con su cesta de joyas acabadas de cortar.
Y el mar se sienta junto a mí,
extendiendo su cola blanquísima en el suelo.
Del silencio brota un árbol de música.
Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas
que brillan, maduran, caen.
En mi frente, cueva que habita un relámpago...
Pero todo se ha poblado de alas.
O. Paz: Semillas para un himno (1943-55)
Pueblo
Las piedras son tiempo
Siglos de viento
El viento
Los árboles son
tiempo
Las gentes son piedra
El viento
Vuelve sobre si mismo y se entierra
En el día de piedra
No hay agua pero brillan los ojos
Octavio Paz: Ladera este
III. LA NARRATIVA
HISPANOAMERICANA DEL
SIGLO XX
A) PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX
TENDENCIA
CARACTERÍSTICAS
PROSA MODERNISTA
-
NOVELA DE LA TIERRA
- Intenta abandonar el Modernismo
- Anhelos de encontrar identidad
nacional: la esencia de lo americano
- Intento de dominar el hombre la
naturaleza
- Rómulo Gallegos
NOVELA SOCIAL
- Las distintas circunstancias históricas
de las naciones se reflejan en la
novela
- Hay varios tipos
Desde principios del siglo
Atracción por lo decadente
Estilo preciosista
Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones
Tipos de novela social
NOVELA DE LA REVOLUCIÓN
MEXICANA
NOVELAS PROLETARIAS
NOVELA INDIGENISTA
- Inspirada en los sucesos de esta
revolución
- Técnica realista
- Mariano AZUELA: Los de abajo
(1915)
- Años 30
- Reflejan ideales socialistas y
comunistas
- C. VALLEJO: El tungsteno (1931)
- Plantea los problemas del
colectivo indígena, sus penosas
condiciones de vida
- Novela de denuncia
- Alcides ARGUEDAS: Raza de
bronce
- J. ICAZA: Huasipungo
- Ciro ALEGRÍA: El mundo es
ancho y ajeno
Ya le era imposible dudar de la verdad del atropello que invadía el cerro. Llegaban...
Llegaban más pronto de lo que él pudo imaginarse. Echarían abajo su techo, le
quitarían la tierra. Sin encontrar una defensa posible, acorralado como siempre, se puso
pálido, con la boca semiabierta, con los ojos fijos, con la garganta anudada. ¡No! Le
parecía absurdo que a él... Tendrían que tumbarle con hacha como a un árbol viejo del
monte. Tendrían que arrastrarle con yunta de bueyes para arrancarle de la choza donde
se amañó, donde vio nacer al guagua y morir a su Cunshi. ¡Imposible! ¡Mentira! No
obstante, a lo largo de todos los chaquiñanes del cerro la trágica noticia levantaba un
revuelo como de protestas taimadas, como de odio reprimido. Bajo un cielo inclemente
y un vagar sin destino, los longos despojados se arremangaban el poncho en actitud de
pelea, como si estuvieran borrachos, algo les hervía en la sangre, les ardía en los ojos,
se les crispaba en los dedos y les crujía en los dientes como tostado de carajos. Las
indias murmuraban cosas raras, se sonaban la nariz estrepitosamente y de cuando en
cuando lanzaban un alarido en recuerdo de la realidad que vivían. Los pequeños
lloraban. Quizás era más angustiosa y sorda la inquietud de los que esperaban la
trágica visita. Los hombres entraban y salían de la choza, buscaban algo en los
chiqueros, en los gallineros, en los pequeños sembrados, olfateaban por los rincones,
se golpeaban el pecho con los puños --extraña aberración masoquista--, amenazaban a
la impavidez del cielo con el coraje de un gruñido inconsciente. Las mujeres, junto al
padre o al marido que podía defenderlas, planeaban y exigían cosas de un heroísmo
absurdo. Los muchachos se armaban de palos y piedras que al final resultaban inútiles.
Y todo en la ladera, con sus locos chaquiñanes, con sus colores vivos unos y desvaídos
otros, parecía jadear como una mole enferma en el medio del valle.
(J.ICAZA, Huasipungo)
B) RENOVACIÓN DE LA NOVELA
• A mediados de siglo se busca cambiar la novela.
• En lo temático, se acentúa la tendencia de
profundizar en lo americano, así como se atiende a
los cambios sociales experimentados.
• En lo formal, cambia la técnica realista: se asimilan
innovaciones narrativas de las Vanguardias y de
autores europeos.
• Se observan distintas tendencias:
- Narrativa metafísica
- Narrativa existencial
- Realismo mágico
NARRATIVA METAFÍSICA
Novelas que presentan preocupaciones por temas trascendentes
José Lezama Lima (1910-1976, Cuba)
- Lenguaje barroco
- Múltiples reflexiones metafísicas
- Paradiso (1966)
Jorge Luis Borges (1899-1986, Argentina)
-
Escribe relatos breves y cuentos
Presenta una concepción mágica y fantástica del mundo
Referencias clásicas
Uso de símbolos
Gusto por juegos intelectuales
El Aleph (1949)
El libro de arena, 1975
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera
tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego
comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos
espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres
centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo
claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el
alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en
el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi
interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos
los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler
las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey
Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos
desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una
mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo[…]vi un
astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas
obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi
un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que
deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre,
vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde
todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y
sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural,
cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el
inconcebible universo.
J.L. Borges: El Aleph
NARRATIVA EXISTENCIAL
Algunos novelistas reflejarán problemas y preocupaciones de carácter
existencial (sentido de la existencia humana, destino trágico…)
JUAN CARLOS ONETTI (Uruguay 1909-1994)
- Presenta una concepción totalmente pesimista de la existencia humana
- El astillero (1961)
ERNESTO SÁBATO (Argentina 1911-2011)
- Expresa sus preocupaciones sobre los límites del conocimiento racional y
el impacto del pensamiento científico en el hombre contemporáneo
- El túnel (1948)
- Sobre héroes y tumbas (1961)
Fue una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese
tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos,
a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de
una muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y
complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y
a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo
estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces
volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la
veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los
ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con
la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también
alucinados. (...)
A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro
lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos
acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que
una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y
que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y
que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que
había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos
trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y
había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando
en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no
viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis
extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.
REALISMO MÁGICO, LO REAL MARAVILLOSO, REALISMO FANTÁSTICO
- Tendencia más representativa de la novela hispanoamericana
- Pretende romper con el Realismo apareciendo elementos míticos,
legendarios, fantásticos…, pero presenta tramas verosímiles. De ahí el
nombre de «Realismo mágico»
- Esta técnica se convierte en la mejor manera de expresar la identidad
propia americana
MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS (1899-1974, Guatemala): presenta la América
maravillosa, la crítica social junto con elementos vanguardistas: El Señor
Presidente (1946). Nobel en 1967.
ALEJO CARPENTIER (1904-1980, Cuba): teórico de lo real maravilloso,
perfecto dominio del lenguaje: Los pasos perdidos (1953), El siglo de las
luces (1962)
JULIO CORTÁZAR (1914-1984, Argentina): Uno de los grandes renovadores,
con claras influencias europeas: Rayuela (1963), Historias de cronopios y
famas (1962)
JUAN RULFO (1918-1986, Méjico): culminación de la novela de la revolución
mejicana de gran intensidad narrativa, depuración estilística y con
capacidad de penetración psicológica. Pedro Páramo (1955).
El día se fue aclarando lentamente, aunque siempre retrasado de luz con relación a la
hora, sobre una ciudad destechada, llena de escombros y despojos —puesta en el
hueso de sus vigas desnudas—. Centenares de casas pobres quedaban reducidas a
los horcones esquineros con tambaleantes pisos de madera alzados sobre fangales,
como escenarios de miseria, donde familias resignadas hacían el recuento de las pocas
cosas que les quedaban.[...]De las aguas sucias del puerto emergían mástiles de
veleros hundidos, entre botes volcados, que flotaban sin rumbo hasta trabarse en
racimos. Sacábase a tierra algún cadáver de marinero, con las manos enredadas en
una maraña de cordeles. En el Arsenal, el ciclón había barrido por lo bajo, esparciendo
las maderas de las naves en construcción, acabando con las frágiles paredes de las
tabernas y casas de baile. Las calles eran fosos de lodo. Algunos palacios viejos, a
pesar de sus corpulentas mamposterías, habían sido vencidos por el viento, entregando
las lucetas, las puertas y ventanas al huracán que, metido entre sus muros, los había
embestido desde adentro, derribando pórticos y fachadas. Los muebles de una
ebanistería famosa […] llevados por el viento, habían ido a caer en pleno campo, más
allá de las murallas de la ciudad, más allá de las huertas, allá donde centenares de
palmeras yacían, en el desbordamiento de los arroyos crecidos, como fustes de
columnas antiguas derribadas por un terremoto. Y, sin embargo, a pesar de la magnitud
del desastre, las gentes, acostumbradas a la periodicidad de un azote que era
considerado como una inevitable convulsión del Trópico, se daban a cerrar, a reparar, a
repellar, con una diligencia de insectos. Todo estaba mojado; todo olía a mojado; todo
mojaba las manos. Secar, achicar, arrojar el agua de donde estuviera, fue trabajo de
todos durante aquel día. Y a media tarde, cumplida ya la tarea de rehacer las viviendas
propias, empezaron a ofrecerse los carpinteros, los albañiles, los vidrieros y cerrajeros.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como
si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me
basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada
vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara,
una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para
dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco
comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la
que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca
y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos
se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran,
respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente,
mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes,
jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y
un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar
lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si
tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de
fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en
un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es
bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento
temblar contra mí como una luna en el agua.
J. Cortázar, Rayuela
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que
él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado
quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo
poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando,
reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al
que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era
apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los
hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios.
Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los
extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa
convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los
esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!
Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y
márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba
en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi
crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68
CAPÍTULO ESCRITO EN GLÍGLICO
JUEGO LITERARIO EN RAYUELA
Cap. 34
"En setiembre del 80, pocos meses después del fallecimiento
Y las cosas que lee, una novela, mal escrita, para colmo
de mi padre, resolví apartarme de los negocios, cediéndolos
una edición infecta, uno se pregunta cómo puede interesarle
a otra casa extractora de Jerez tan acreditada como la mía;
algo así. Pensar que se ha pasado horas enteras devorando
realicé los créditos que pude, arrendé los predios, traspasé
esta sopa fría y desabrida, tantas otras lecturas increíbles,
las bodegas y sus existencias, y me fui a vivir a Madrid.“
En este capítulo se mezclan la lectura de un texto de Galdós,
que corresponde a las líneas impares (Lo prohibido) con las
reflexiones del protagonista, que se intercalan, en las líneas
pares.
Salí a la calle para buscar el aire; pero el calor que me perseguía no se
despegaba de mí.
Y es que había aire; sólo la noche entorpecida y quieta, acalorada por
la canícula de agosto.
No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca,
deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir cada vez
menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para
siempre.
Tengo memoria de haber visto algo así como nubes espumosas
Haciendo remolino sobre mi cabeza y luego enjuagarme con aquella espuma y
perderme en su nublazón. Fue lo último que vi.
-¿Quieres hacerme creer que te mató el ahogo, Juan preciado? Yo te
encontré en la plaza, muy lejos de la casa de Donis, y junto a mí también
estaba él, diciendo que te estabas haciendo el muerto. Entre los dos te
arrastramos a la sombra del portal, ya bien tirante, acalambrado como mueren
los que mueren muertos de miedo. De no haber habido aire para respirar esa
noche de que hablas, nos hubiera faltado la fuerza para llevarte y cuantimás
para enterrarte. Y ya vez te enterramos.
-Tiene razón Doroteo. ¿Dices que te llamas Doroteo?
-Da lo mismo. Aunque mi nombre sea Dorotea. Pero da lo mismo.
-Es cierto, Dorotea. Me mataron los murmullos.
Juan RULFO: Pedro Páramo
C) LA NOVELA DESDE 1960
• Gran difusión internacional: «boom» de la novela
hispanoamericana.
• Sigue las tendencias renovadoras del género
desarrolladas a mediados del siglo XX.
• Se difunden los nuevos autores junto con los
anteriores: intereses comerciales de editoriales
• Las novelas presentan una perfecta asimilación de
las innovaciones técnicas junto con la tradición
hispana y española.
AUTORES DESTACADOS
• GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (Colombia,1928-)
-
Novelista más conocido y difundido
Premio Nobel de Literatura en 1982.
Periodista y novelista
Muestra una gran capacidad narrativa, mezcla lo
real con lo maravilloso, funde mito e Historia.
- El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala
hora (1962), Cien años de soledad (1967), Crónica
de una muerte anunciada (1981), El amor en tiempos
del cólera (1985), Noticia de un secuestro (1996)
José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás
en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde
todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las
calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la
hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y
laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos
habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta
años y donde nadie había muerto. (...)
Vio una mujer vestida de oro en el cogote de un elefante. Vio un dromedario
triste. Vio un oso vestido de holandesa que marcaba el compás de la música
con un cucharón y una cacerola. Vio a los payasos haciendo maromas en la
cola del desfile, y le vio otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo
acabó de pasar, y no quedó sino el luminoso espacio en la calle, y el aire lleno
de hormigas voladoras, y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la
incertidumbre. Entonces fue el castaño, pensando en el circo, y mientras
orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo.
Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la
frente apoyada en el tronco del castaño. (...)
En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se
habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la
soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi
imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y
Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra.
Cien años de soledad
Terminaron por conocerse tanto, que antes de los
treinta años de casados eran como un mismo ser
dividido, y se sentían incómodos por la frecuencia con
la que se adivinaban el pensamiento sin proponérselo,
o por el accidente ridículo de que el uno se anticipara
en público a lo que el otro iba a decir. Habían
sorteado juntos las incomprensiones cotidianas, los
odios instantáneos, las porquerías reciprocas y los
fabulosos relámpagos de gloria de la complicidad
conyugal. Fue la época en que se amaron mejor, sin
prisa y sin excesos, y ambos fueron mas conscientes y
agradecidos de sus victorias inverosímiles contra la
adversidad. La vida había de depararles todavía otras
pruebas mortales, por supuesto, pero ya no importaba:
estaban en la otra orilla.
El amor en tiempos del cólera
AUTORES DESTACADOS
CARLOS FUENTES
(Méjico, 1928-2012
M. VARGAS LLOSA
(Perú, 1936-)
- Heredero de la novela
de la revolución
- Incluye elementos
renovadores y muchas
referencias culturales
- La muerte de Artemio
Cruz (1962), Gringo
viejo (1985)
- Mucho éxito, Nobel en
2010
- Grandes dotes narrativas
y uso de múltiples
técnicas innovadoras:
autobiografismo,
fabulación y realismo
crítico
- La ciudad y los perros
(1962), Conversación en
la catedral (1969)
Paul Morand, con quien compartí varias veces la piscina del Automobile Club
de France en la Place de la Concorde, me decía que en su testamento había
dejado dispuesto que su piel fuese utilizada como maleta a fin de seguir
viajando eternamente. Venecia –o las Venecias, en plural- era una de las
ciudades preferidas de este autonombrado “viudo de Europa”. Venecia, más
que una ciudad, era para Morand la confidente de su alma silenciosa, el retrato
de un hombre en mil Venecias diferentes. Yo, que viví medio año frente a la
Chiesa de San Bastian decorada por Veronese en esa mitad de las Venecias
que es el Dorsoduro, siento a la Venecia como una ciudad que requiere
ausencias para conservar su gloria, que es la del asombro. Tenemos los
humanos una capacidad constante para convertir la maravilla en la rutina.
Cuando me di cuenta de que atravesaba San Marco sin mirar nada más que la
punta de mis zapatos, me fui de la costumbre para recuperar el asombro y
recordar y escribir a Venecia como la ciudad donde ninguna huella de pisadas
queda sobre la piedra o el agua. En ese lugar de espejismos, no hay cabida
para otro fantasma que el tiempo, y sus huellas son insensibles. La laguna
desaparecería sin piedra que reflejar y la piedra sin aguas donde reflejarse.
Poco pueden, he pensado, los cuerpos pasajeros de los hombres contra este
encantamiento. Poco importa que seamos sólidos o espectrales. Igual da.
Venecia toda es un fantasma. No expide visas de entrada a favor de otros
fantasmas. Nadie los reconocería por tales aquí. Y así, dejarían de serlo. Ningún
fantasma se expone a tanto.
C. Fuentes: En esto creo
Había mucho tráfico. El chofer, maniobrando, consiguió abrirse paso entre una
guagua con racimos de gente colgada de las puertas y un camión. Frenó en
seco, a pocos metros de la gran fachada de cristales de la ferretería Reid. Al
saltar del taxi, con el revólver en la mano, Antonio alcanzó a darse cuenta que
las luces del parque se encendían, como dándoles la bienvenida. Había
limpiabotas, vendedores ambulantes, jugadores de rocambor, vagos y
mendigos pegados a las paredes. Olía a fruta y frituras. Se volvió a apurar a
Juan Tomás, que, gordo y cansado, no conseguía correr a su ritmo. En eso,
estalló la balacera a sus espaldas. Una gritería ensordecedora se levantó
alrededor; la gente corría entre los autos, los carros se trepaban a las veredas.
Antonio oyó voces histéricas: «¡Ríndanse, carajo!». «¡Están rodeados, pendejos!»
Al ver que Juan Tomás, exhausto, se paraba, se paró también a su lado y
comenzó a disparar. Lo hacía a ciegas, porque caliés y guardias se escudaban
detrás de los Volkswagen, atravesados como parapetos en la pista,
interrumpiendo el tráfico. Vio caer a Juan Tomás de rodillas, y lo vio llevarse la
pistola a la boca, pero no alcanzó a dispararse porque varios impactos lo
tumbaron. A él le habían caído muchas balas ya, pero no estaba muerto. «No
estoy muerto, coño, no estoy.» Había disparado todos los tiros de su cargador y,
en el suelo, trataba de deslizar la mano al bolsillo para tragarse la estricnina. La
maldita mano pendeja no le obedeció. No hacía falta, Antonio. Veía las
estrellas brillantes de la noche que empezaba, veía la risueña cara de Tavito y
se sentía joven otra vez.
Vargas Llosa: La fiesta del chivo
EL CUENTO HISPANOAMERICANO
• Los novelistas hispanoamericanos han mostrado
gran interés por la narración breve.
• En ella han desarrollado magistralmente los
presupuestos de su novela (realismo mágico,
asimilación de técnicas innovadoras, buscar la
esencia de lo americano)
• Destacamos:
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J. L. Borges
Horacio Quiroga
J. Cortázar
Carlos Fuentes
Duermes, sin soñar, hasta que el chorro de luz te despierta, a las seis de la
mañana, porque ese techo de vidrios no posee cortinas. Te cubres los ojos
con la almohada y tratas de volver a dormir. A los diez minutos, olvidas tu
propósito y caminas al baño, donde encuentras todas tus cosas dispuestas
en una mesa, tus escasos trajes colgados en el ropero. Has terminado de
afeitarte cuando ese maullido implorante y doloroso destruye el silencio de
la mañana.
Llega a tus oídos con una vibración atroz, rasgante, de imploración.
Intentas ubicar su origen: abres la puerta que da al corredor y allí no lo
escuchas: esos maullidos se cuelan desde lo alto, desde el tragaluz. Trepas
velozmente a la silla, de la silla a la mesa de trabajo, y apoyándote en el
librero puedes alcanzar el tragaluz, abrir uno de sus vidrios, elevarte con
esfuerzo y clavar la mirada en ese jardín lateral, ese cubo de tejos y zarzas
enmarañados donde cinco, seis, siete gatos —no puedes contarlos: no
puedes sostenerte allí mas de un segundo— encadenados unos con otros,
se revuelcan envueltos en fuego, desprenden un humo opaco, un olor de
pelambre incendiada. Dudas, al caer sobre la butaca, si en realidad has
visto eso; quizás solo uniste esa imagen a los maullidos espantosos que
persisten, disminuyen, al cabo terminan.
Carlos Fuentes, Aura
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La Literatura hispanoamericana del siglo xx