LA VIUDA DE
SAREPTA
UNA MUJER HOSPITALARIA
Libro: Extraordinarias Mujeres de la Biblia
Autora Eunice Faith Priddy
Editorial Porta voz – 2003
ISBN 978-0-8254-1387-2
Esta es la historia de una mujer que por su
hospitalidad hacia el profeta de Dios, Elías,
vio transfromarse su pena en alegría.
En su Palabra, Dios a veces nos indica
claramente los nombres y antecedentes de
la gente acerca de la cual leemos, pero en
otros casos, como el de esta mujer, no se
nos dice nada acerca de ella. Sin embargo,
su fe y sus acciones se registran porque
Dios sabía que necesitábamos esas
lecciones.
EL ESCENARIO:
Dios le había dicho a su pueblo que si le
obedecía, lo bendeciría. Si fallaban en
su obediencia, le retiraría su bendición. Y
una bendición que le podría negar era la
lluvia para sus cultivos.
Durante el reinado de Acab y
Jezabel, los más malvados
reyes de Israel, la condición
espiritual de la nación era
terrible. Elías, el profeta de
Dios, se presento ante el rey,
anunciándole que no llovería
más hasta que él, Elías, lo
ordenara. Esto significaba que
el hambre cubriría la nación.
Elías corrió y se escondió tal
como Dios le había indicado.
LA PROVISION DE DIOS PARA ELIAS:
En primer lugar, Dios proveyó
milagrosamente para Elías al
enviarle a un arroyo oculto.
Por fin, el arroyo se secó.
Entonces Dios le dijo al
profeta que se dirigiera a
Sarepta, una ciudad
extranjera en el
Mediterráneo, adonde una
viuda le cuidaría.
Esta historia se encuentra en 1 Reyes
17:9-10. El Señor le dijo a Elías:
“9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y
mora allí; he aquí yo he dado orden allí a
una mujer viuda que te sustente.
10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta.
Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he
aquí una mujer viuda que estaba allí
recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te
ruego que me traigas un poco de agua en un
vaso, para que beba”.
Dios le había ordenado a la viuda a que
ayudara a Elías aunque ella vivía en
una nación que rendía culto a ídolos.
No sabemos si esta viuda conocía
personalmente a Dios, pero ciertamente
sabemos que ella le conoció después
que Elías se quedó en su casa.
LA NECESIDAD DE LA VIUDA:
Cuando el profeta conoció a la viuda, ella
estaba juntando leña para cocinar la última
comida para sí y para su hijo. Póngase usted
en su lugar.
¿Cómo hubiera reaccionado
usted ante un extraño que
llega a su casa, pidiendo
agua y alimento cuando
hacía meses que no llovía?
¿Cuán dispuesta hubiera
usted estado a ser
hospitalaria?
La mujer sabía que no estaba en
condiciones de alimentar a un
huésped. Sin embargo, no rechazó a
Elías.
Leemos su reacción en 1 Reyes
17:11-16.
“1
Y yendo ella para traérsela, él la
volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que
me traigas también un bocado de pan
en tu mano.
Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que
no tengo pan cocido; solamente un puñado de
harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite
en una vasija; y ahora recogía dos leños, para
entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para
que lo comamos, y nos dejemos morir.
13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como
has dicho; pero hazme a mí primero de ello
una pequeña torta cocida debajo de la ceniza,
y tráemela; y después harás para ti y para tu
hijo.
12
14
Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así:
La harina de la tinaja no escaseará, ni el
aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en
que Jehová haga llover sobre la faz de la
tierra.
15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías;
y comió él, y ella, y su casa, muchos días.
16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el
aceite de la vasija menguó, conforme a la
palabra que Jehová había dicho por Elías”.
LA NECESIDAD SUPLIDA:
Por su fe esta mujer “fue e hizo como
Dios le dijo” a través de Elías. Dios
cumplió con su promesa de proveer la
harina y el aceite.
¿Se imagina usted el cambio que significó
tener al profeta de Dios en su casa?
Todas las preocupaciones de la
viuda sobre la provisión de
alimento para ella y su hijo fueron
eliminadas. Estoy segura de que
con el transcurrir de los días, y
los meses la viuda y su hijo
deben haber aprendido mucho
acerca de Dios. Probablemente
habrán llegado a sentirse muy
seguros teniendo a Elías en su
casa.
LA CRISIS:
Pero un dia, el hijo de la viuda se enfermó y
murió. Nuevamente la vida de la viuda se
hundió en la desesperación.
Primero, había perdido a
su esposo; después, por la
hambruna, no tenía
comida para su hijo. Dios
había satisfecho esa
necesidad a través de
Elías. Ahora su hijo esta
muerto.
Posiblemente la viuda haya tomado
conciencia de su propio pecado
cuando el profeta le hablaba sobre
Dios. Inmediatamente asoció la
muerte de su hijo con el juicio por sus
pecados. (1 Reyes 17:18).
Elías no trató de responder a la acusación de
la mujer. En cambio le habló amablemente,
como leemos en 1 Reyes 17:19-24.
“19
El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo
tomó de su regazo, y lo llevó al aposento
donde él estaba, y lo puso sobre su cama.
20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío,
¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado
has afligido, haciéndole morir su hijo?
21
Y se tendió sobre el niño tres
veces, y clamó a Jehová y dijo:
Jehová Dios mío, te ruego que hagas
volver el alma de este niño a él.
22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el
alma del niño volvió a él, y revivió.
23 Tomando luego Elías al niño, lo
trajo del aposento a la casa, y lo dio a
su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo
vive.
24 Entonces la mujer dijo a Elías:
Ahora conozco que tú eres varón de
Dios, y que la palabra de Jehová es
verdad en tu boca”.
Debe haber sido muy duro para una
madre afligida tener que esperar abajo.
El tiempo debe haberle parecido
interminable. Pero esperó y de nuevo
presenció un milagro. Al final de la
historia, ella sabía sin dudas que su
huésped había sido enviado por Dios.
EL EJEMPLO DE LA MUJER:
Al aproximarse el fin de la sequía, Elías
tuvo que marcharse. Tenía que anunciar
que pronto llovería otra vez. No leemos ni
oímos nada más acerca de la viuda de
Sarepta y su hijo en el Antiguo
Testamento.
Pero un día, mientras Jesús estaba
enseñando en una sinagoga de su pueblo,
usó el ejemplo de la hospitalidad de la
viuda.
Lucas 4:24-26 cita a Jesús diciendo:
“24
Y añadió: De cierto os digo, que ningún
profeta es acepto en su propia tierra.
25 Y en verdad os digo que muchas viudas
había en Israel en los días de Elías, cuando
el cielo fue cerrado por tres años y seis
meses, y hubo una gran hambre en toda la
tierra;
26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías,
sino a una mujer viuda en Sarepta de
Sidón”.
Por medio de esta ilustración Jesús
enseñaba que así como la viuda, una
gentil, fue gentil, fue generosa con el
profeta de Dios, también él, Jesús, fue
aceptado en sus vidas y corazones por
los gentiles, siendo rechazado a la vez
por su propia gente.
PENSAMIENTOS FINALES:
La hospitalidad es un ministerio importante
para las mujeres. El apóstol Pablo incluye
a la hospitalidad como parte de las
obligaciones de la iglesia en Romanos
12:13: “Compartiendo para las
necesidades de los santos; practicando la
hospitalidad”.
Pablo también incluye a la
hospitalidad en el estilo de vida de
quien califique como pastor (u obispo)
de la iglesia. 1 Timoteo 3:2 “el obispo
sea irreprensible, marido de una sola
mujer, sobrio, prudente, decoroso,
hospedador, apto para enseñar”
La hospitalidad – abrir con amor
cristiano su hogar a los demás – es un
ministerio que las mujeres le pueden
ofrecer a otras mujeres, las familias a
otras familias, o las parejas a otras
parejas. Ser hospitalario es una forma
maravillosa de mostrar el amor de
Cristo a los conocidos y desconocidos.
Hebreos 13:2 ordena: “No os olvidéis
de la hospitalidad, por que por ella
algunos, sin saberlo, hospedaron
ángeles”.
La hospitalidad no solo beneficia a la
mujer que la practica, sino que todo su
hogar se beneficia.
1 Pedro 4:9 declara: “Hospedaos unos
a otros sin murmuraciones”.
Pídale a Dios que le muestre caminos
para abrir su hogar y usarlo para su
gloria.
Descargar

LA VIUDA DE SAREPTA - Byron & Anita Vaughn