Erase una vez una niña llamada María, era
su primer día de colegio y comenzaba el curso de
2º de primaria, estaba muy ilusionada, volvería a
ver a sus compañeros después del verano.
Al llegar a la clase todos la recibieron con los
brazos abiertos, los nuevos profesores entraron a
clase y se presentaron, todo iba muy bien, la niña
llegó a casa y contó a sus papás lo que había hecho
en su primer día de cole.
Era el segundo día y comenzaban ya a
impartirse las clases, los niños se dirigían hacia
sus aulas, cada uno se sentaba en su pupitre y el
maestro se disponía a dar su clase, tenían
educación física, matemáticas, lengua… y además
religión.
Todos los niños querían mucho a sus maestros,
ya que cuando se sentían mal o tenían algún
problema ellos estaban ahí para ayudarles y
cuidarles.
Cada día al terminar la escuela María iba a
casa de sus abuelos, siempre le gustaba visitarlos y
día a día se fundían en besos y abrazos.
Después se iba a casa con sus papás,
hablaban de sus cosas, se reían recordando
momentos felices y lo pasaban muy bien juntos.
Llegó el tercer día de clase, otro día más
María se dirigía hacia su aula cuando un
destello de luz llamó su atención, aquella luz
procedía de la puerta más bonita que la niña
había visto nunca, en ella aparecían todos los
colores del arco iris y emitía una música que la
envolvía en un estado de curiosidad, por lo que
sintió la necesidad de atravesarla.
Cuando la abrió se encontró con un oscuro
túnel y se adentró en él. Y….
¡¡¡SORPRESAAAA!!! Se encontraba en otro
lugar, un lugar muy raro, parecía un colegio
pensó ella. María vio un calendario, ahora se
encontraba en el siglo XXX.
La niña se puso a investigar, y se metió en
una de las aulas con los demás niños, todos
iban vestidos con ropas grises, todo muy raro,
pero ¿y el profesor? Se preguntó.
El profesor era un ordenador, una máquina ¿cómo es
posible? Parecía que allí todo valía. Al terminar la
clase la niña estaba muy asustada no sabía como
volver a su colegio, empezó hablar con los niños de
clase, les preguntaba que donde estaba el profesor,
echaba de menos la organización que tenía su antiguo
colegio, quería pedir ayuda a sus papás.
Lo raro era que aquellos niños no tenían intención de
ayudarla, cada uno iba a lo suyo, como movidos por
sus propios impulsos. Todos actuaban como máquinas,
se levantaban, iban a clase, volvían a sus casas con sus
familias pero apenas se relacionaban, no jugaban ni se
divertían solo querían ser los mejores querían
convertirse en el SUPERHOMBRE.
Como no sentía el
cariño de nadie María
recurrió a sus creencias
y se puso a rezar y a
pedir a dios que la
ayudara. Los niños la
miraban extrañados, no
sabían qué estaba
haciendo porque en
aquella dimensión Dios
está muerto, no existe
religión alguna.
Como todos la miraban María les preguntó
que si conocían la historia de aquel lugar,
que porqué había cambiado todo tanto, pero
no eran capaces de responder porque no
sabían nada del pasado ni se imaginaban
nada del futuro, solo vivían el presente.
María corría por los pasillos asustada, no
le gustaba ese sitio, añoraba el cariño de sus
papás, abuelitos, amigos y maestros,
buscaba otra puerta que la llevara de nuevo
a la otra dimensión, al siglo XXI.
Y de pronto... volvió a escuchar aquella
música que procedía de la puerta de arco
iris. Corrió hacia ella la abrió y....
despertó de aquel sueño tan triste, corrió
en busca de sus papás y los abrazó con
mucha fuerza.
Se dio cuenta de la importancia que es
querer y sentirse querida por los demás,
de la necesidad de una organización en la
educación, la importancia de la escuela
para aprender y formarnos no sólo como
profesionales sino también como personas.
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