XVIII
JORNADA
MUNDIAL DEL ENFERMO
La Defensa de
la Vida Humana
ESQUEMA 1
HORAS SANTAS
PARA ENFERMOS
Congregados con por el Espíritu de la Verdad, de la
esperanza de la comprensión y del consuelo en el Amor
Perfecto, es el único amor que es oblativo, agradable y
modelo de todos los demás amores, que desean
aproximarse a la plenitud de Dios mediante la comprensión
del dolor y padecimiento de la enfermedad que da frutos de
conversión en la Cruz de Cristo que inmolado por
obediencia, presente en la Hostia consagrada, nos
disponemos a adorarlo. Pidámosle el perdón de nuestros
pecados y la salud de nuestro espíritu, alma y cuerpo.
Canto: “Cantemos al amor de los amores”.
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
ORACIÓN:
Te visito con filiar afecto, amor mío sacramento
con el corazón te adoro; con todo él te amo y te
deseo, date a mí solo Señor y seré feliz, puesto que
fuera de ti, ya nada más quiero, y nada más deseo.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Creo en ti Jesús Sacramentado y te pido que
aumentes mi fe para saber comprender el dolor de mi
enfermedad y poner todas mis miserias en tus brazos
que consuelen las angustias de la vida y sana toda
enfermedad.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Espero en ti Jesús Sacramentado y te imploro
que me concedas esperar con esperanza viva y
oblativa en medio de mis padecimientos para ser
testigo tuyo de que vale la pena saber anhelar tu
regreso lleno de la Gloria del Padre.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Te amo Jesús Sacramentado y postrado ante ti,
te suplico que perfecciones y aumentes este amor
que por ti siento y tan doloroso a la vez hace que
sienta tu mismo amor en la cruz, en mi cuerpo frágil y
en ocasiones atormentado.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Confío en ti Jesús Sacramentado porque tú a pesar
de mis flaquezas te muestras misericordioso y
comprensivo. Aunque dudo de tu providencia por mi
debilidad, haces que mi confianza en ti sea cada vez más
plena, pura y gozosa en esos momentos de dolor de mi
corporeidad y me dispones a recibir de tu suma majestad
lo que más te agrada, has que nunca deje de confiar en ti,
en tu amor y asistencia… ven a mi, Señor….
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Me pesa haberte ofendido Jesús Sacramentado
con mi desesperación mi intolerancia, mi poca capacidad
para contemplarte en mis dolores, y por no considerar que
tú has sido y eres el primero de entre todos que sufren, el
que lleva nuestros dolores y padecimientos del cuerpo y
del espíritu. Concédeme la gracia de dolerme de mis fallas
y recibe de mi humano arrepentimiento la ofrenda de mi
enfermedad.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
Deseo recibirte con la mayor dignidad posible, amor
mío sacramento, absuélveme de toda culpa y procúrame
una abnegación profunda hacia ti para disponerme día a
día a encontrarme contigo desde ahora en la enfermedad,
en el lecho del dolor y en la última hora de mi existencia
para contigo en la eternidad estar. Haz que te reciba
siempre con el amor que tú te meres.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Alabemos y demos gracias, en cada instante y
momento. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.
ORACIÓN:
Soberano Señor Sacramentado, prenda segura
de la eterna gloria, esta estación recibe con agrado,
por ser de tu pasión tierna memoria, haz que
destruido el reino del pecado tu Iglesia santa cante la
victoria, asístela con tus gracias y dones en todas sus
necesidades y aflicciones. Amén.
LECTURA DEL LIBRO DE JOB 1, 1-22
Había en el país de Us un hombre llamado
Job. Este hombre era íntegro y recto, temeroso de
Dios y alejado del mal. Le habían nacido siete hijos y
tres hijas, y poseía una hacienda de siete mil ovejas y
tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y
quinientas asnas, además de una servidumbre muy
numerosa.
Este hombre era el más rico entre todos los
orientales. Sus hijos tenían la costumbre de ofrecer
por turno un banquete, cada uno en su propia casa, e
invitaban a sus tres hermanas a comer y a beber con
ellos. Una vez concluido el ciclo de los festejos, Job
los hacía venir y los purificaba; después se levantaban
muy de madrugada y ofrecían un holocausto por cada
uno de ellos. Porque pensaba “tal vez mis hijos hayan
pecado y maldecido a Dios en su corazón”.
Así procedía Job indefectiblemente. El día en
que los hijos de Dios fueron a presentarse delante
del Señor, también el adversario estaba en medio
de ellos. El Señor les dijo: ¿de dónde vienes? El
adversario respondió al Señor: “de rondar por la
Tierra yendo de aquí para allá”. Entonces el Señor
le dijo: ¿te has fijado en mi servidor Job?
No hay nadie como él sobre la Tierra es un
hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y
alejado del mal. Pero el adversario le respondió:
no por nada teme Job al Señor. ¿Acaso tú has
puesto un cerco protector alrededor de él, de su
casa y de todo lo que posee?. Tú has bendecido
la obra de sus manos y su hacienda se ha
esparcido por todo el país. Pero extiende tu mano
y tócalo en lo que posee. ¿Seguro que te
maldecirá en la cara?.
El señor dijo al adversario: “está bien todo lo que le
pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre
él”. Y el adversario se alejó de la presencia del Señor. El día
en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la
casa del hermano mayor, llegó un mensajero y dijo a Job: “los
bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos,
cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron,
pasando a los servidores al filo de espada. Yo solo puede
escapar para traerte la noticia”. Todavía estaba hablando,
cuando llegó otro y le dijo: “cayó del cielo fuego de Dios, he
hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos
yo solo pude escapar para traerte la noticia”.
Todavía estaba hablando cuando llegó otro y le
dijo: “los caldeos divididos en tres grupos, se lanzaron
contra los camellos y se los llevaron pasando a los
servidores a filo de espada. Yo solo pude escapar para
traerte la noticia”.
Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le
dijo: “tus hijos y tus hijas bebían en casa de su
hermano mayor y de pronto sopló un fuerte viento del
lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la
casa. Esta se desplomó sobre los jóvenes y ellos
murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia.
Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se
rapó la cabeza, se postró con el rostro en la tierra y
exclamó: “desnudo salí del vientre de mi madre y
desnudo volveré ahí”. El Señor me lo dio y el Señor
me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor!”.
En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno
contra Dios.
Palabra de Dios.
Un momento de silencio.
REFLEXIÓN U HOMILÍA
Ante el asunto de la enfermedad o adversidad es
necesario partir por lo más sencillo y aunque en
ocasiones parezca insignificante y sin sentido, puede ser
que sea lo más significativo e importante para la vida del
ser humano. Job lo posee todo, mujer, hijos, sirvientes
de buena familia, incluso “amigos” y bienes materiales…
Su relación con Dios, según el “adversario”, es por
“interés”. Sin embargo, Dios sabe muy bien qué existe
en el corazón de aquel que dice amarlo: Job.
La enfermedad y la adversidad no son “cosas”
que destruyen o aniquilan el sentido de la vida de
todo hombre mortal que está y estará a expensas de
Dios, siempre necesitará de Él.
Nuestros padecimientos nos enseñan a
reconocer de quien dependemos y junto con ellos, a
“ver”, cómo ha sido, cómo es y cómo debe de ser
nuestra vida. La vida es momentánea, pero la
inmortalidad nos aguarda; la eternidad nos espera en
un convivir con Dios.
Nuestras limitantes, fragilidades y defectos e
incluso nuestros errores, no son más que consecuencias
de estar lejos de Dios y vivir confiados a nosotros mismos
y el pensar que estamos con Dios y no lo estemos. Dios
siempre está a nuestro lado pero nosotros no siempre
estamos con él.
Job es la muestra de que aún en la prueba es
preciso estar con Dios e invocarlo con humildad a pesar de
nuestro desconcierto la “prueba” se torna un acrisolamiento
una purificación de nuestras vidas, nos ayuda a recordar
todos y cada uno de los momentos que hemos vivido,
de los que estamos viviendo y de lo que viviremos
nos ayuda a prever lo mejor para esperar
pacientemente en las cosas que cambiarán, de que
los que nos ocurre es por un motivo vivificante y
vivificador para con Dios para nuestro bien y para los
demás…Dios nos va descubriendo lo que hay dentro
de nuestro corazón y lo va mostrando a los que se
confunden con nuestros padecimientos… ya no sólo
acrisola nuestra vida sino también la de aquellos que
nos rodean.
La enfermedad es un don divino porque todo
procede de Dios y Dios siempre provee de lo mejor que
tiene a quien ama con dulzura y predilección, Dios nos
ama con estas características y otras que están
aguardando a que las descubramos. La ausencia de salud
nos conduce a analizar lo que somos: seres diminutos y
paradójicamente enaltecidos por el amor de Dios, que se
deja sentir en nuestros cuerpos que se deterioran día a día
con el transcurso del tiempo, que pesa sobre nuestras
vidas sedientas de Dios.
Y es ahí donde precisamente se va configurando
encarnadamente ese Dios de amor, de misericordia, de
paciencia, de abnegación con el esplendor de su gloria,
tan incomprensible para el resto del mundo obstinado en
desvalorar el sentido del dolor y del sufrimiento humano,
que transforma la faz de la tierra por el Espíritu Santo que
lo posee. En la enfermedad y en la adversidad se
descubre a Dios; en ese “grito de aflicción”, pues eso
significa Job. Al enfermo, Job, “el que grita en la aflicción”,
Dios le habla desde un torbellino.
Desde ese torbellino implacable, pero que deja
descubrir a Dios. También les habla a los implicados en el
trato con nosotros los que llevamos las llagas de
Jesucristo y de esas llagas se dimana una fragancia que
pocos logran percibir.
Quien la percibe comienza a dejar que Dios le
explique el sentido salvífico del dolor pues, el dolor de la
enfermedad capacita para esperar la liberación, la
aparición gloriosa de nuestro Salvador Jesucristo.
Canto: “Vaso nuevo” (el alfarero).
Un momento de silencio.
PETICIONES
Unidos como hijos de un mismo Padre, y
deseando tener en Él un solo corazón y una sola alma e ir
aprendiendo a ofrecer nuestras enfermedades para
conversión del mundo, oremos diciendo: Te rogamos,
óyenos.
1.Por la Iglesia, sacramento universal de salvación y de
unidad del género humano, para que la acción del espíritu
renueve en lo más íntimo y la una más profundamente a
nuestro maestro y Señor Jesucristo, el Cordero sin
mancha. Roguemos al Señor.
2.Por cuantos se consagran al apostolado de los que
sufren en la enfermedad, para que sus esfuerzos sean
comprendidos y apoyados con espíritu de caridad.
Roguemos al Señor.
3.Por los que tienen en sus manos los destinos de los
pueblos: que Dios padre de todos, fuente de toda
autoridad y fundamento de toda ley verdadera les
conceda su espíritu de sabiduría para que gobiernen
según su eterno plan de salvación y velen por los más
necesitados y débiles en su salud. Roguemos al Señor.
4.Por nosotros, los cristianos, para que seamos capaces
de decir a los hombres que el don de la enfermedad que
viene del amor de Dios es digno de respeto pues nos
ayuda a reconocer que sin Dios nada podemos.
Roguemos al Señor.
Dios, Creador y Salvador nuestro, renueva hoy los
prodigios de tu misericordia y has que reconociendo en la
historia las obras de tus manos, nos veamos reforzados
en nuestra vida para ser testigos de tu amor en el mundo.
Roguemos al Señor.
Ahora llenos de esperanza digamos la oración
que Jesucristo nos enseñó: PADRE NUESTRO…
Canto: ¡Oh buen Jesús!
Bendición con el Santísimo Sacramento.
Canto: “Bendito, Bendito, Bendito sea Dios”.
ESQUEMA 2
HORAS SANTAS
PARA ENFERMOS
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Canto: “El Señor nos invita ya”
ESTACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO
Breve momento de silencio y contemplación.
GUÍA: Padre nuestro que nos quieres tanto, que nos diste
a Jesús, para que nos ayudara a triunfar de los
sufrimientos y de las penas, mira a tus hijos e hijas
enfermas y compadécete de sus sufrimientos, como lo
hiciste con tu hijo Jesús. Amén.
Canto: “un mandamiento nuevo nos dio el Señor”
GUÍA: Dios nuestro, Tu eres digno de tosa gloria y
alabanza, comunícales tu fuerza que le diste a tu Hijo,
para que también estos hijos tuyos los enfermos puedan
ser testigos de tu bondad y de tu amor. Por nuestro
Señor Jesucristo, amén.
MONICIÓN
Nos acercamos a tu palabra, que nos ayuda a
reconocerte a través de unos rasgos tuyos y del tacto
que tú le dabas a los enfermos y que es tan difícil de
tener cuando se está sano, escuchemos con atención.
LECTURA DEL EVANGELIO DE LUCAS 6,6-11
Sucedió que entró Jesús otro sábado a la sinagoga y se
puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha
seca. Estaba al acecho de los escribas y fariseos por si curaba
en sábado, para encontrar de que acusarlo. Pero Él, conociendo
sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca:
“Levántate y ponte ahí en medio”. “Él levantándose se puso allí”,
entonces Jesús le dijo: “Yo les pregunto si en sábado es lícito
hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de
destruirla” Y mirando a todos ellos, les dijo: “Extiende tu mano”.
Él lo hizo, y quedó restablecida su mano, ellos se ofuscaron, y
deliberaban entre sí que harían con Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.
En un momento de silencio meditemos la
palabra de Dios.
REFLEXIÓN
Entra Jesús en la sinagoga, ahí se encuentra
un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho.
Podemos también suponer como esta discapacidad
comprometiera su capacidad de trabajo y su autosuficiencia, además de la vergüenza por la dificultad en
las relaciones; finalmente nosotros nos saludamos y
despedimos con un apretón con la mano derecha.
Jesús está proponiendo una nueva religión, un
nuevo culto, el enferme en este nuevo culto tiene un
lugar privilegiado, “el centro”: “Ponte ahí en medio”.
Según la mentalidad Judía el enfermo, según
una interpretación rígida
de la doctrina de la
retribución, debía ser marginado. En fin se trata la
enfermedad como castigo de Dios por un pecado del
mismo sujeto o de sus parientes. Jesús cambia la
perspectiva: el enfermo no es un “castigado”, un
reprochado por Dios.
Más bien, para Dios el lugar del enfermo es el
centro del culto, de la liturgia, de la comunidad, del
corazón e interés de los verdaderos creyentes. Su lugar
es el que todos ven, para poder ser el centro de los
corazones y cuidado de todos. Jesús da la salida y
dignidad a este ser humano: lo pone en el centro para
comunicarnos que ahí es su verdadero sitio, antes que
los mismos ritos.
Preguntémonos: ¿Está el enfermo en el centro
de nuestras comunidades cristianas, de nuestras
familias, de los hospitales y otros lugares para la salud?
Jesús nos pide un cambio de mentalidad.
Canto: “Una espiga dorada por el sol”
Todos:
Acto de Fe. Señor mío Jesucristo creo que
verdaderamente estas dentro de mí, con tu Cuerpo,
Sangre, alma y divinidad, y lo creo más firmemente que
si lo viesen con mis propios ojos.
ACTO DE ADORACIÓN
Oh Jesús mío te adoro presente dentro de mí y
me uno a María Santísima, a los ángeles y a los santos
para adorarte como mereces.
ACTO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Te doy gracias Jesús mío, de todo corazón,
porque has venido a mi alma. Virgen Santísima, ángel
de mi guarda, ángeles y santos del cielo, den por mí,
gracias a Dios.
Canto: “Oh María, oh Madre mía”
CONSAGRACIÓN A MARÍA, MADRE DE LA
EUCARISTÍA
Decimos todos:
Dios mío, yo creo que eres Uno en naturaleza,
igual en divinidad. Tres personas, presentes en la
Eucaristía. Ante ti; Dios Uno y Trino me postro en
adoración y te reconozco como mi Creador, Redentor,
yo, pequeño(a) y débil criatura, elevada por tu gracia a
la dignidad de ser hijo tuyo, deseo vivir las enseñanzas,
del Evangelio, ser un miembro dócil de la Iglesia,
aceptar los mensajes que nos has enviado a través de
la Madre de la Eucaristía.
Padre mío, necesito tu amor para dar significado,
dirección y propósito a mi vida nada puedo hacer sin Tí.
Jesús, dulce Maestro, propósito a mi vida nada puedo
hacer sin Tí. Jesús, dulce Maestro, deseo conocerte y
amarte más y más; alimenta, sostiene y fortalece mi
vida con la Eucaristía, Pan de Dios, Pan de Vida, Pan
vivo bajado del cielo.
Espíritu Santo dame tu luz para que pueda
comprender aunque sea por un instante, todo el infinito
amor a la Santísima Trinidad, que se me da en la
Eucaristía.
Oh Dios uno y Trino, me consagro a Ti por medio
de María Madre de la Eucaristía, creo que estás en
verdad presente en los sagrarios de las iglesias, donde
deseo ir a alabarte, adorarte y hacerte compañía.
Madre de la Eucaristía, Tú, quién nos has dado a
tu Hijo Jesús, con dolor y tanto amor, mientras pendía
en la cruz, ayúdame a vivir en la gracia, para siempre
estar listo para recibir a Jesús en mi corazón. Amén.
“María salud de los enfermos, ruego por ellos y
por todos los que sufren”. (tres veces)
PETICIÓN LIBRE DE LOS ENFERMOS.
Padre nuestro…
Canto: “Cantemos al amor de los amores”
BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO
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