1.- Reconoce tu pobreza, tu vacío.
2.- Reconoce tu debilidad: tú solo no
puedes alcanzar lo que tanto deseas.
3.- No te acomodes a tu pequeñez:
lucha por crecer, siempre más,
estírate, transciéndete.
4.- No te distraigas, no te entretengas,
vive con el alma de puntillas.
5.- Sé persona de grandes deseos:
no te conformes con las migajas
de la mesa de la esperanza.
6.- Grita, suplica, llora, ora.
Apasiónate. Crece en el deseo, crece en
el amor.
7.- Paciencia y perseverancia. Todo
tiene su tiempo para madurar La
espera aquilata y capacita.
8.- No duermas. Vigila. No dejes que tu
lámpara se apague.
9.- También la fe ha de estar despierta.
10.- Atento a cualquier signo, voz o
pisada. Los ojos y los oídos bien
abiertos, no vaya a pasar de largo
En aquel tiempo, el ángel Gabriel
fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea llamada Nazaret, a una
virgen desposada con un hombre
llamado José; la virgen se llamaba
María.
El ángel, entrando en su
presencia, dijo: “Alégrate, llena de
Gracia, el Señor está contigo. No
temas, María, porque has
encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a
luz un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús”
María dijo al ángel: “Aquí está
Donde tú quieras
quiero vivir.
Cuando tú
quieras, como tú
quieras.
A tu manera,
con alegría,
como tú hiciste,
sembrar mi vida.
Como tú quieras,
donde tú quieras.
Donde tú quieras quiero vivir.
Cuando tú quieras, como tú quieras.
Sin traducirte, fiel y sencillo,
dispuesto siempre
como tu Hijo.
Como tú quieras,
donde tú quieras.
Donde tú quieras quiero vivir.
Cuando tú quieras, como tú quieras.
A tu manera,
con alegría,
como tú hiciste,
sembrar mi vida.
Como tú quieras,
donde tú quieras.
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