La persona del Espíritu Santo
Jn 14:16-21
“Lo que la iglesia necesita hoy no es una mejor
maquinaria, ni nuevas organizaciones, ni
métodos novedosos, sino hombres que puedan
ser usados por el Espíritu Santo, quiero decir
hombres con poder en la oración”
E.M. Bounds (1835-1913)
Introducción
El dialecto karré del África ecuatorial
resultó ser difícil para los traductores del
Nuevo Testamento, especialmente
cuando se trató de la palabra
“Consolador” (en griego
parakletos). ¿Cómo podrían describir al
Espíritu Santo?
Un día los traductores se encontraron con un grupo de
cargadores que iba entre los matorrales con fardos sobre sus
cabezas. Observaron que en la fila de cargadores siempre había
uno que no portaba nada, y supusieron que era el jefe, quien
estaba allí para asegurarse que los demás cumplieran con su
trabajo. Sin embargo, los traductores descubrieron que no era el
jefe sino alguien que tenía un trabajo especial.
Estaba allí por sí alguien se caía
por el cansancio; entonces acudía y
recogía la carga del hombre y la
llevaba. A este cargador se le conocía
en el lenguaje karré como “el
que
está a nuestro lado cuando
caemos”.
Los traductores acababan de
descubrir cómo traducir parákletos, el
término que describe a la persona y a la
obra del Espíritu Santo entre nosotros.
El Espíritu Santo actúa en el
mundo de hoy. Es la manera por la cual
llegamos a conocer a Dios. Pensando
en las personas de la Trinidad, no
tenemos un directísimo contacto
personal ni con Jesucristo ni con el
Padre, sino siempre a través de la obra
del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es
la presencia misma de Dios, él es el
medio por el cual podemos tener una
relación viva y dinámica con Dios Padre
y Jesucristo.
Pero, ¿quién es? ¿cómo actúa?
¿dónde encontrar al Espíritu Santo?
Jesús mismo, en este pasaje nos da
importantes enseñanzas respecto a
esta preciosa persona de la Trinidad.
I. El Espíritu Santo es “el otro Jesús”,
Jn 14:16
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador”
Cualidades personales del
Espíritu Santo que registra
la Biblia:
A. Conocimiento/inteligencia,
Ro 8:26-27
B. Voluntad propia, 1Cor 12:11
C. Amor, Ro 15:30
D. Apreciación moral,
Jn 16:8-9
II. El Espíritu Santo es nuestro Consolador,
Jn 14:16
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador”
III. El Espíritu Santo está en nosotros para
siempre, Jn 14:16-17
“para que esté con vosotros para siempre... porque mora
vosotros, y estará en vosotros”
con
Conclusión
En la película “El
encantador de
caballos” (The Horse Whisperer),
Tom Booker, representado por el actor
Robert Redford, emplea su don
especial de amansar caballos.
Una emocionada editora de una revista de Nueva York no
daba crédito a sus ojos al ser testigo de la gradual
transformación del caballo de su hija, de nervioso a domado. En
una escena elocuente, el caballo, asustado por el sonido del
teléfono celular de la editora, galopa hasta el extremo más lejano
de un enorme potrero. Booker entra al potrero y se sienta, donde
aparentemente espera durante horas.
El caballo, llevado por la curiosidad, se acerca centímetro
a centímetro. Al fin, cautelosamente se acerca lo suficiente como
para tocar al “susurrador”, y se deja conducir de vuelta a la
seguridad de su establo.
Eso es lo que hace Dios cuando
“doma” a las personas indómitas o
traumatizadas que se alejan de él.
Dios lo hace a través de la
persona y de la obra del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, el otro Jesús, se
presenta como nuestro Consolador,
quien habrá de estar a nuestro lado
durante toda nuestra vida cristiana. La
presencia del Espíritu en nosotros es
permanente; nunca nos dejará, jamás
nos abandonará.
El Espíritu viene a
nosotros en el momento de la
conversión y nos guía a toda
la verdad en Jesucristo. La
presencia del Espíritu Santo
en la vida del creyente es uno
de los más valiosos recursos
para nuestra vida cristiana.
Debemos vivir en la plenitud
del Espíritu y manifestar el
fruto del Espíritu.
¡Vivamos la
realidad del Espíritu
Santo en nuestras
vidas!
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Quien_es_el_Espiritu_Santo_Jn 14.16