La pintura gótica, implica un gran cambio respecto a la pintura románica, debido a
la progresiva reducción de los muros y su sustitución por vidrieras, lo que supone
la búsqueda de otros soportes, desarrollándose la pintura sobre la tabla.
Aunque en pintura gótica es más difícil hablar de características generales,
ya que se suele analizar las diversas escuelas y tendencias, podemos señalar las
siguientes:
Las técnicas empleadas son variadas según los soportes: temple y óleo, en
pintura sobre tabla, y el fresco en las pinturas murales.
El dibujo tiene una gran importancia: delimita formas, marca modelados,
crea ritmos compositivos..
Importancia del modelado, desde tonos planos al juego de contraluces
La luz contribuye a destacar el volumen, pero en general no es una luz real y
puede tener contenido simbólico
El color es un elemento clave, se utiliza en gamas ternarias, con frecuencia
es un colorido irreal lleno de contenido simbólico
El interés por la perspectiva también evoluciona, aparece la preocupación
por el espacio pictórico a partir del siglo XIV, con los pintores italianos y el gótico
internacional
La composición tiene muy en cuenta el eje de simetría, con los elementos
orientados hacia el centro teórico del cuadro.
Las formas de expresión reflejan un nuevo ideal estético hacia un
naturalismo idealizado individual y expresivo, al igual que en la escultura.
La temática religiosa, y en menor escala también la profana
Tiene un carácter narrativo y finalidad didáctica y devocional
LA ESCUELA FLORENTINA:
GIOTTO
(Giotto di Bondone)
1267-1337.
Giotto di Bondone, mejor
conocido solo por su nombre
de pila (Colle di Vespignano,
1267? - Florencia, 8 de
enero de 1337) fue un
notable pintor, escultor y
arquitecto italiano del
Trecento. Se lo considera el
primer artista de los muchos
que contribuyeron a la
creación del Renacimiento
italiano y uno de los primeros
en sacudirse las limitaciones
del arte y los conceptos
medievales. Si bien se limitó
mayormente a pintar temas
religiosos, fue capaz de
dotarlos de una apariencia
terrenal, llena de sangre y
fuerza vital.
Giotto: precursor de la pintura del Renacimiento
Su revolucionario enfoque de la forma y su manera de representar el
espacio «arquitectónico» realista (sus figuras son a escala en relación con
los edificios y los paisajes que las rodean) marcan un gran salto hacia
delante en la historia de la pintura. Se considera que la pintura gótica
alcanzó su cumbre con Giotto, quien tan espléndidamente sumó y
revigorizó todo lo que se había hecho antes de él. Por primera vez
tenemos en la pintura europea lo que el historiador Michael Levey
denomina «una gran personalidad creativa». Sin embargo, la verdadera
era de las «personalidades» fue el Renacimiento, y no es por casualidad
que los escritores de la época siempre empiecen con Giotto. Como un
gigante, abarca los dos períodos, ya que era de su época y se adelantó a
ella. No obstante, sus fechas lo sitúan en el período que llamamos gótico,
con su clima de gracia espiritual y el deleite primaveral en la frescura del
color y en la belleza del mundo visible. Lo que los artistas góticos
consiguieron fue representar una solidez de forma donde los pintores
anteriores habían mostrado un mundo lineal, falto de volumen y con poca
sustancia, a pesar de su fuerza espiritual.
.
La Capilla de la Arena de Padua está decorada con la mejor obra de Giotto que ha llegado hasta
nosotros, un ciclo de frescos pintados alrededor de 1305-1306 que representan escenas de la vida
de la Virgen y de la Pasión. La Deposición de Cristo de Giotto (arriba), uno de ¡ los frescos de la
pared norte de la Capilla de la I Arena, es el final de la misma aventura cuyo comienzo vimos en la
Llamada de los apóstoles de Duccio. Giotto ha reunido todas sus fuerzas para plasmar uno de los
mayores episodios de la vida de Cristo. En contraste con las remotas alturas de las Madonas
entronadas de Duccio y Cimabue, Giotto sitúa la acción a la altura del ojo humano, creando así
una sorprendente veracidad y transformando el hecho conocido en un drama intensamente
conmovedor y real. El gran cuadro vibra de actividad; los santos muestran su dolor, todos
claramente diferenciados y atentos a una acción específica. La madre, una mujer con una
determinación casi masculina (Giotto siempre la pinta alta y majestuosa), sujeta el cádaver contra
su cuerpo, controlada y trágica. María Magdalena, que sujeta humildemente sus pies, contempla a
través de sus lágrimas las marcas de los clavos. San Juan aparece en un exagerado gesto de
dolor, con los brazos hacia atrás y su torso inclinado a la terrible realidad. Los hombres más
mayores, Nicodemo y José de Arimatea, permanecen de pie a un lado, reticentes y tristes,
mientras las compañeras de María, que la sujetan a los pies de la cruz, sollozan, se lamentan y
derraman las lágrimas que ella no derrama. Una tierra tan manchada de sangre no es un lugar
para los ángeles, pero éstos bajan en picado y dan vueltas en el aire con los gemidos de su dolor.
Un árbol solitario y sin hojas en la árida colina al fondo sugiere el horror de la muerte; sin embargo,
el azul oscuro del cielo tiene una secreta luminosidad. Giotto y sus contemporáneos sabían,
aunque quizá los apasionados ángeles no lo supiesen, que Cristo iba a resucitar. La extraña
contención de la VIrgen puede surgir de esa profética certidumbre interior, y es una medida de la
convicción narrativa de Giotto que nosotros consideremos estas posibilidades. Los colores y las
formas, tan claros, sólidos y completos, reafirman esta certeza mística sin otorgar ninguna
concesión a la aparente desesperanza. Seis siglos después, el artista Henri Matisse dijo que no se
necesitaba conocer la historia del evangelio para captar el significado del cuadro de Giotto: lleva su
propia verdad en su interior.
Giotto.
Capilla de
la Arena.
Padua.
LA ESCUELA DE SIENA
DUCCIO Y
SIMONE MARTINI
DUCCIO
Duccio di Buoninsegna, 1278-1319).
DUCCIO
Pintor italiano, precursor del estilo renacentista, que llevó a la cumbre el arte
medieval italiano de tradición bizantina. Nació en Siena y fue el fundador de la
escuela pictórica de esta ciudad. Sus trabajos, de carácter religioso, se caracterizan
por la sensibilidad del dibujo, la habilidad de la composición, la calidad decorativa
similar a los mosaicos y una intensidad emocional mayor que la del modelo
bizantino que seguía. Su obra más famosa, y la única firmada, es la Maestà (13081311), un gran retablo pintado por ambas caras; en la actualidad la mayor parte de
esta obra se encuentra en el museo de la Catedral de Siena. La parte frontal
muestra a la Virgen entronizada y rodeada de un gran número de ángeles, santos y
apóstoles, levemente naturalistas. El reverso del retablo (que fue separado en 1795)
contiene 26 escenas del magisterio y la pasión de Cristo. En algunas ya puede
verse un tratamiento nuevo, más realista de la perspectiva. Las escenas de la
predela (pintura de la zona inferior del retablo bajo el panel central) se hallan
dispersas en varios museos. Otra pieza fundamental de Duccio di Buoninsegna es la
Madonna Rucellai (encargada en 1285). Se trata de un retablo que muestra a la
Virgen sentada en el trono con el Niño Jesús, con un fondo de oro de tradición
bizantina y flanqueada por ángeles de rodillas. Esta obra la pintó para la iglesia de
Santa María Novella de Florencia y en la actualidad se encuentra en la Galería de
los Uffizi. Entre todas las obras que se le atribuyen están algunos paneles pequeños
y polípticos de la Virgen.
Durante los siglos XIII y XIV , la ciudad de Siena rivalizó con Florencia en cuanto al esplendor de sus artes. Si
Giotto revolucionó el arte florentino, Duccio y sus discípulos fueron responsables de la pequeña, pero
importante, revolución en el sur. Duccio es un pintor de fuerza tremenda. Su mejor obra es su Maestá,
encargada para la catedral de Siena en 1308 e instalada allí con gran ceremonia, en 1311. Un cronista
describió las festividades: «Los sieneses la llevaron [la Maesta] a la catedral el 9 de junio con grandes
devociones y procesiones [...] haciendo sonar campanas de alegría, y ese día las tiendas cerraron por
devoción». Parece increíble que esta gran obra fuese fragmentada y vendida, en parte porque ya no se
apreciaba. El único beneficio de esta locura cultural es que ahora museos de todo el mundo tienen tablas de la
Maestá.
Duccio pintó la Maestá por ambos lados; la parte frontal estaba dividida en tres partes. El panel principal
(arriba) mostraba a la Madre y al Niño sentados en un trono rodeado de ángeles y santos. En la base había
una predela (franja pictórica situada en la parte inferior) decorada con escenas de la infancia de Cristo. La
franja de la parte superior estaba decorada con escenas de los últimos años de la vida de la VIrgen; las dos se
han perdido. La parte trasera estaba pintada con escenas de la vida de Cristo (se conocen 26).
Entre las escenas de la parte trasera de la Maestá que se conservaron en Siena se encuentra Las mujeres
santas en el sepulcro (izquierda). Es el momento de la Pasión en el que las tres Marías descubren la tumba
vacía de Cristo, y el arcángel Gabriel les comunica que ha resucitado. Esta pintura tiene una austeridad y una
gracia tan poderosas que hacen que nos demos cuenta de la urgencia del mensaje cristiano.
Lo que interesa a Duccio no es la psicología de las mujeres (como le interesaría a Giotto), sino el milagro de la
sagrada influencia recíproca en ese punto tan importante de la Pasión. Las figuras de la pintura se acercan
unas a otras y sin embargo, no llega a existir contacto entre ellas. Nos están mostrando un mundo de
espiritualidad que ninguno de nosotros puede comprender, ni siquiera el mismo artista. La maravillosa reserva
e independencia de la obra de Duccio es una de sus cualidades más características.
Duccio parece pintar desde la distancia, mientras que Giotto se identifica totalmente con sus historias, crea
verdaderos dramas y nos involucra al explicárnoslas. Aunque la composición rígida y formal de la parte frontal
de la Maestá revela fuertes lazos de unión con la tradición bizantina, la influencia del norte de Europa (que
Duccio recibió de segundas a través de la escultura de Nicola y Giovanni Pisano) puede apreciarse en las
formas agraciadas y onduladas de las figuras -un ejemplo temprano del encanto refinado que caracteriza a
todo el arte gótico.
DUCCIO. LA MAESTÁ
SIMONE MARTINI
Simone Martini
es uno de los más originales e influyentes artistas de la escuela de Siena,
su ciudad natal. Basándose en las técnicas de representación
tridimensional del espacio desarrolladas por el maestro sienés Duccio de
Buoninsegna, Simone añadió una refinada línea de contorno y de gracia y
serenidad a la expresión. Pintó muchos frescos, introduciendo la técnica de
esta pintura en la escuela de Siena. Realizó también paneles para retablos,
como el de La virgen y el niño (1320) para la iglesia de Santa Catalina de
Pisa. Simone vivió en Asís durante un tiempo y realizó uno de sus mejores
frescos, ilustrando algunos momentos de la vida de san Martín para la
capilla del mismo nombre. En 1339, a petición del papa Benedicto XII, fue a
Avignon, donde realizó los frescos del palacio papal y la catedral. Entre sus
obras destacan San Juan Bautista (Galería Nacional de Arte de
Washington) y La Anunciación (1333, Galería de los Uffizi de Florencia),
considerada como una de las mejores realizaciones de la escuela de Siena
El artista gótico por excelencia es Simone Martini (h. 1285-1344). De los
pintores sieneses, es el único del que se puede decir que rivalizó con su
maestro, el gran Duccio. Puesto que Simone era, artísticamente hablando,
un descendiente directo de Duccio, su arte todavía tiene nexos de unión
con la tradición bizantina de remota espiritualidad. También reconoció las
innovaciones espaciales de Giotto y el elegante estilo gótico de Europa del
norte (representado por Francia), que en aquella época era popular en
Siena. En 1260, el monarca francés Roberto de Anjou trasladó su corte
aNápoles, y antes de 1317, Simone fue llamado a la corte para pintar un
encargo del rey. Simone estaba muy influido por el arte de la corte de
Anjou, con su característica elegancia y su refinamiento cortesano que
diferenciaba al gótico francés de las primeras evoluciones italianas. La
influencia del estilo gótico del norte en el arte italiano es más visible en la
obra de Simone: su preocupación por la forma elegante, por las líneas
ininterrumpidas que fluyen libremente y por el dibujo; el manierismo y los
gestos delicados de sus figuras, y la preciosa cualidad de artesano de sus
pinturas lo revelan como el artista definitivo del estilo gótico italiano y
como un exponente temprano del estilo gótico internacional.
Las figuras de Simone tienen una extraordinaria fluidez física; tanto si son
angelicales como humanas, vibran y recorren la escena de una forma
sorprendentemente bella, como sifuesen habitantes mágicos de nuestro
mundo y del cielo. Tienen los pies, firmemente apoyados en la tierra y, !sin
embargo, todo el ser respira los hechizos de otra realidad. No hay ningún
artista parecido a Simone, ni en el gran atrevimiento de sus combinaciones
de colores ni en la fuerza persuasiva con la que nos invita a entrar en el
mundo de su singular imaginación. Su sentido del drama queda bien claro
en El ángel y la Anunciación (arriba), expuesto en la galería Uffizi, en
Florencia. En este cuadro vemos cómo María se encoge, casi asustada por
la solemnidad de la petición de que dé a luz al Hijo de Dios. Pero incluso en
este momento de perplejidad espiritual,
El ángel de la Anunciación
(derecha), otra versión del
mismo tema, se cree que fue
un díptico cuyo panel derecho
se ha perdido. En él se veía a
la Virgen a quien el ángel
extiende el brazo en el que
lleva una rama de olivo. La
ausencia de la Virgen es casi
un felix culpa (un feliz
infortunio), ya que ahora nos
vemos forzados a ponemos en
su lugar y a entrar en el drama
silencioso.
María vibra con la gracia gótica
tan característica del arte de
Simone. Va toda de azul, color
que generalmente simboliza el
cielo; el ángel, deslumbrante en
tonos dorados. El observador se
da cuenta del encuentro sagrado
en el que el cielo y la tierra se
convierten en uno solo. María y
el ángel, que cierran los ojos, se
conmueven el uno al otro.
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Tema 24 - historiadelartebachillerato