El Dios del Antiguo Testamento es un
Dios misionero
Gén 12:1-9
“La obra de la iglesia se arraiga en la compasión de
Dios, en el carácter histórico de la revelación bíblica,
en la dimensión misionera del sufrimiento del
testimonio y es como obra de Dios mismo en el
mundo”
David J. Bosch
Introducción
Robert E. Speer afirmó: “Los
argumentos supremos para la misión
no se encuentran en ninguna palabra
específica. Están en el mismo ser y
carácter de Dios donde la base para la
empresa misionera se encuentra. No
podemos pensar en Dios excepto
teniendo una idea misionera. A pesar
de que las palabras podrían revelarnos
un deber misionero eterno, el
fundamento está en el ser y en el
pensamiento de Dios, en el carácter del
cristianismo, en el objetivo y propósito
de la iglesia cristiana y en la naturaleza
de la humanidad, su unidad y su
necesidad.”
Es refrescante leer este
fundamento teocéntrico en medio de
las corrientes modernas que explican la
misión. Corrientes antropo-, cosmo- y
eclesiocéntricas. La misión es
teocéntrica y allí encuentra su fuente,
dinámica y propósito más allá de
tiempo y espacio en eternidad.
El Dios que en el AT se identifica a sí mismo como el Dios
de Abraham, de Isaac y Jacob, que revela a Moisés su nombre
propio, Yahvé, es el Dios de todo el mundo. La experiencia de
unos patriarcas y después de la nación de Israel con este Dios
extiende el horizonte a incluir el mundo entero. La visión del Dios
del AT nunca fue tener un pueblo privilegiado –que además era de
los pueblos antiguos el más insignificante—, que viviera en la
exclusividad y gozara egoístamente de los beneficios de Dios.
¡No! El deseo de Dios era que
ese pueblo, ese minúsculo pueblecito,
fuera como la levadura en la masa, es
decir, que ese pueblo fuera catalizador
y testimonio en medio de muchos
pueblos. El deseo de Dios es que la
humanidad sea su pueblo.
Para llevar a cabo esta tarea, el Señor realiza tres
acciones con su pueblo, mismas tres acciones que quiere
realizar con nosotros hoy. Veamos estos tres pasos y consideremos
el actuar del Dios del Antiguo Testamento.
“El Dios del Antiguo Testamento:”
I. Nos exhorta a caminar en comunión con él, Gén 17:1
“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”
En la Biblia destaca la figura de
Enoc.
Desde Adán, Enoc fue el séptimo
hombre de su generación y primero en
mencionarse específicamente que “caminó
con Dios” (Gn 5:24). En Amós 3:3, el
profeta hace una sencilla, pero penetrante
pregunta: ¿caminarán dos junto si no
estuvieran de acuerdo? Para caminar con
Dios, entonces, hay que estar de acuerdo
con él.
¿Qué implica estar de acuerdo
con Dios?
Implica:
Reconciliación. Necesitamos
estar en buenas relaciones, en armonía y en
comunión de intereses con Dios.
Correspondencia de
naturaleza. La luz no tiene relación con
las tinieblas. Un pecador no puede caminar
con Dios, pues no tiene nada en común con
él.
Comunión espiritual.
La
palabra “caminar” implica progreso y
permanencia. Enoc no caminó un mes con
Dios, sino sus 365 años.
“El Dios del Antiguo Testamento:”
II. Nos escoge para ser bendición del mundo, Gén 12:1-3
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu
nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los
que te maldijeren maldeciré, y serán benditas en ti todas las familias de
la tierra”.
“El Dios del Antiguo Testamento:”
III. Nos envía para proclamar redención al mundo,
Sal 96:2-3
“Cantad a Jehová, bendecid su nombre; Anunciad de día en día su
salvación. Proclamad entre las naciones su gloria, (anunciad) en todos
los pueblos sus maravillas”.
Conclusión
Después que la Biblia termina su
registro del juicio de Dios sobre las
naciones, geográficamente descrito en
el pasaje de la Torre de Babel, en
Génesis 12 cambia al llamamiento
divino a Abraham para dejar Ur de los
caldeos. Algunos dirán que “El Dios de
toda la tierra” enfoca con mucho
interés su vista a la historia privada de
una familia y de una tribu, pero nada
podría ser mas apartado de la verdad.
En las palabras de Groot, “Israel es la
palabra inicial en la proclamación
salvadora de Dios , no el Amén.”
De aquí en adelante, Israel, “el
pueblo de Abraham” es separado de las
otras naciones, pero solamente para
que a través de Israel, Dios pueda
preparar el camino hacia el
cumplimiento de sus objetivos
mundiales. En la elección de Israel
como una fracción de toda la
humanidad, Dios nunca apartó sus ojos
de las otras naciones; Israel fue una
minoría llamada para servir a la
mayoría.
Dios escoge un pueblo para que a través de él la
humanidad entienda los propósitos divinos; éstos
sencillamente son comunión,
redención.
bendición,
Dios quiere guardar una íntima comunión con el
hombre; lo hizo con personajes antiguos como Enoc, Noé,
Abraham, Jacob, Moisés, Josué y muchas otras luminarias del
AT.
Dios quiere traer bendición al hombre. El deseo de nuestro
Dios es bendecir al hombre. En mitología antiguas prevalece el enojo,
y en algunas veces hasta el coraje y la envidia, de los dioses hacia el
hombre. Pero el Dios de la Biblia es un Dios cuyo deseo y propósito
es bendecir al hombre que ha creado. Dios quiere otorgar redención
al hombre. Por causa del pecado, el hombre se extravió y se fue tras
sus propios deseos; por eso, Dios quiere otorgar redención y vida
eterna.
Yo te exhorto a que
consideremos el actuar de Dios, que
veamos sus propósitos de comunión,
bendición y redención y no cometamos
el error del pueblo de Israel, sino que
seamos testigos de Dios en mundo que
lo necesita. Que comprendamos que el
Dios del Antiguo Testamento es un Dios
misionero y que nosotros somos sus
testigos.
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El_Dios_del_AT_es_un_Dios_misionero_-_Gn_17.1_