Hace mucho tiempo, en
una isla muy, pero que muy
lejana, escondida en los
mares del sur vivía una
familia que siempre había
deseado tener un niño.
Por fin después de
muchos intentos
consiguieron que naciera
Colum. Sus padres
esperaban ese momento con
gran entusiasmo, ilusión,
alegría, cariño y amor.
Nació a las doce de una noche lluviosa, fría y oscura,
pero más tenebrosa fue cuando vieron el rostro de su hijo.
Tenía unos ojos blancos del tamaño de su cara, brillaban
como el sol y cegaban a la gente.
Pasaba el tiempo y el problema no se solucionaba.
Sus padres no sabían qué hacer, el niño ya tenía cinco
años y seguía con su problema.
Cuando pasaba por la calle la gente de la isla le decía:
-”Mirad que viene el luminoso”, el niño se echaba a llorar
y la gente se reía más.
Pero un día por la noche hubo un gran apagón en la
isla y se quedó todo, todo, todo sin luz pero Colum
iluminaba con sus ojos. Entonces toda la gente
sorprendida por la luz que daba le dijo: - “Oye, por qué no
vas encendiendo todas las faroles de la isla con tus ojos?”
Así lo hizo, fue
encendiendo farola
por farola. A la
gente le sorprendió
y le llamaban el
gran dios de la luz.
Cuando había
algún problema con
la luz le llamaban y
él siempre iba
dispuesto a
arreglarlo. Se hizo
muy famoso en
toda la isla.
Pero él en el fondo no era feliz, él
quería ser como toda la gente, como sus
amigos y su familia. Todas las noches
pedía que le saliesen puntitos en los ojos
como a todo el mundo.
Una noche su deseo se hizo
realidad. El duende pecoso bajó de la
montaña, entró en la habitación de
Colum, se quitó dos pecas y se las puso
en los ojos
A la mañana siguiente se miró al
espejo y se sorprendió, tenía dos pecas
en sus ojos.
Fue a enseñárselo a su madre. Ella
le dio un besazo y se puso muy
contenta. Colum salió de su casa feliz
porque ya era como los demás.
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El niño de la luz