Cayetana Alberta Giménez
nace en Pollensa el 6 de Agosto
de 1837. Sus padres : D.
Alberto Giménez y Dª
Apolonia Adrover viven con
sencillez, en armonía y paz.
Su madre, ama de casa e
incansable trabajadora y su
padre, sargento, educan a
Alberta en la fe cristiana y la
convierten en una gran mujer.
Pollensa
Barcelona
Palma
Ciudadela
Felanitx
Su padre, militar, era
trasladado a menudo a
diferentes pueblos.
Su hermano y ella son educados en
los valores del perdón, el amor, la
fidelidad a la Iglesia, el espíritu de
trabajo y familia.
De niña sueña con
ser como su madre.
Alberta tiene una infancia feliz y ya desde
muy pequeña se caracteriza por su entrega a
los demás.Recibe una completa formación:
va al colegio, aprende a bordar y ayuda a su
madre. En 1851 obtiene el título de maestra.
Una noche, D. Francisco se
retrasa . Alberta lo espera
sentada en el sofá y piensa que
si su marido la encuentra tan
tarde bordando notará su
preocupación, por
eso retrasa el reloj y
D. Francisco no se
da cuenta de que es
tarde.
El 7 de abril de 1860 contrae
matrimonio con su profesor D.
Francisco Civera, con el que
comparte su ilusión por la
educación, en la Iglesia de San
Nicolás de Palma. Él cuenta con
33 años de edad y ella con 23.
Alberta y Francisco
tienen cuatro hijos. A
ella le agrada mucho
la vida en familia y es
feliz en la compañía
de los suyos. Después
abre un colegio para
niñas, que fue el sueño
de su vida.
Sin embargo, mueren tres de sus hijos dejándola con el
corazón destrozado. En 1869 tras el nacimiento de su
cuarto hijo Albertito, muere su marido, lo que supone
para Alberta una verdadera tragedia.
Al quedar viuda, se consagra a Dios en al vida religiosa y
es entonces cuando el Obispo de Mallorca le pide que se
haga cargo, como directora , del colegio Pureza de Palma,
que se encontraba en una situación decadente. Alberta
llega ahí el 23 de abril de 1870 y en dos años, transforma
el centro. El 19 de septiembre de 1874 forma la primera
comunidad religiosa .
Fallece en Palma el 21 de diciembre de 1922
en la paz del Señor y con el equilibrio moral
que le acompañó en todo momento de su
vida.
Madre Alberta fue una mujer
excepcional que jugó un papel
muy importante en el ambiente
pedagógico de su tiempo.
Destaca como madre, maestra
y educadora. Actúa siempre
como pedagoga incansable con
naturalidad y sencillez,
siempre deseosa de progreso y
perfección humana y cristiana.
Su visión clara de la época que le
toca vivir, y su capacidad de
enjuiciar los problemas que se le
plantean, hacen que sea querida,
respetada y consultada por todos
aquellos que tienen la suerte de
convivir con ella. En su camino
destaca su modo extraordinario de
vivir lo ordinario en la vida
buscando cumplir en todo la
voluntad de Dios.
La vida de madre Alberta es un ejemplo
para todos: su lucha incansable por
ayudar a los demás y por conseguir un
mundo mejor, hacen de ella una
persona a la que imitar. Madre Alberta
fue una persona serena y siempre
equilibrada. La serenidad y el
equilibrio sobresalen de modo
admirable en su personalidad. Éstos
provienen de su tierra natal, de sus
padres y de la gracia de Dios que actúa
elevando y perfeccionando la
naturaleza. La gracia convierte los
actos naturales en virtud y la vida
humana en ejercicio de santidad.
Madre Alberta se esforzó por ser fiel a Dios: “Haré
siempre lo mejor y del mejor modo posible.” En su
modo de gobernar destacan cuatro virtudes: bondad,
inteligencia, equilibrio y oportunidad. Madre
Alberta es la oración personificada. Para ella, la
vida de oración no consiste sólo en recitar oraciones
sino vivir en la presencia de Dios, unirse más a Él,
consiste en ofrecer el propio ser a Dios. Para Madre
Alberta, sin oración no se vive, es imprescindible. Y
sus dos pilares son la Virgen y la Eucaristía. Las
tres características en la vida de oración de Madre
Alberta son : la confianza en Dios, la voluntad de
Dios y su gloria. “Tranquilícese, en manos de la
providencia, Dios dirige los acontecimientos para
mayor gloria y para nuestro bien.”
SU CONGREGACIÓN SE CARACTERIZA
POR:
• Amor a la Virgen.
• Consagración a la educación.
• Voluntad de superación.
• Vida eucarística.
• Amor y fidelidad a la Iglesia.
• Espíritu de Familia.
• Espíritu de trabajo.
Es María el Dulce Nombre
Son tus días, buena Madre, Nunca lo haremos bastante,
de nuestra Madre del Cielo
felicitarte queremos,
pues más ha de merecerlo
y es tu nombre, Madre mía,
grato deber de justicia,
la Madre del Dios Hombre,
muy justo es que lo cantemos.
con placer lo cumpliremos.
a quien todo lo debemos.
Podemos cantarlo en prosa,
Que cien años te conceda
Después de cumplir con Ella
podemos cantarlo en verso,
de días y de contento,
como mejor lo podremos,
venerarlo de rodillas
el Dios Todopoderoso
réstanos cumplir contigo,
y celebrarlo en extremo.
que escuchará nuestro ruego. con muy gran gusto lo haremos.
Pocos serán de
presente
en los que yo pueda
verlo,
pero le pido al Señor
que, al dejar este
destierro,
nos veamos todas
juntas
Madre Alberta fue una enamorada de la
Virgen, quien era su modelo y su ejemplo.
En la Pureza no se da un paso sin la
Virgen.
Una educación que desde la fe y comprometida con los valores evangélicos
se centra en la persona y de forma integral le ayuda a desarrollar todas sus
capacidades. Una educación que facilita el conocimiento y amor a
Jesucristo, manifestación del amor del Padre y camino para participar en la
misma vida divina a través del Espíritu.
A nivel humano, espiritual, de trabajo...
“Mira los santos, eran personas como tú y
como yo y llegaron a ser santos porque
supieron superarse día a día.”
“De la Eucaristía se alimenta el amor
fraterno que es paciente, servicial,
desinteresado, que todo ,lo escucha y
todo lo soporta.”
De la Iglesia recibimos nuestra misión educativa
y debemos colaborar con ella en la construcción
de una sociedad más humana, más justa y más
solidaria. Una sociedad más acorde con los
valores del reino de Dios.
En el ambiente de familia cada persona se
siente conocida, valorada, querida. Ambiente
que facilita crecer en la verdad, el amor y la
libertad.
“Cualquier trabajo, aún el más
humilde, hecho ante los ojos de
Dios tiene un valor inmenso.”
Madre Alberta fue una mujer excepcional a la que
imitar. Persona valiente que cumplió la voluntad de
Dios sin temor y sin dudar de Él. Dedicó toda su
vida a los demás. Puso todo su empeño en la
reconstrucción del colegio Pureza de María y
nosotras somos testigos del resultado.
Gracias a ella miles de niños en todos los
rincones del mundo pueden recibir una
educación. En este trabajo queremos darle
gracias por la creación de la gran familia de la
Pureza de María de la que todos formamos
parte y por los sacrificios y esfuerzos que hizo
porque merecieron la pena. ¡ ¡GRACIAS
MADRE ALBERTA!!
TRABAJO REALIZADO POR:
CRISTINA BERRIOZABAL ARMESTO Nº 9
SONIA PIÉROLA ABRALDES Nº17
2º B - BACHILLER
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Madre Alberta, Alumnos Bachillerato