El educar y
la educación
Las cuatro instancias del
proceso de enseñanza
aprendizaje
Programa de capacitación a líderes de organizaciones de base
Primer instancia
La información
Educar no es informar
La información es la transmisión
de datos, en el sentido
positivista del término.
Su sustento es la memoria.
Después de haber cultivado
durante siglos una educación
mnemónica, se nos ha ido la
mano en la dirección opuesta:
ahora resulta que la amnesia es
considerada un atributo
intelectual y hasta un signo de
genialidad.
Hay teoremas, fechas y
nombres que es preciso
recordar, en la medida en
que operen como puntos de
articulación para el
pensamiento.
Educar no es establecer una
estructura relacional de
poder, en donde el profesor
avasalla a su alumno en
virtud de mayor
conocimiento en un área
específica del saber.
La autoridad
La autoridad se inspira.
La autoridad es la
admiración ante la excelencia
intelectual y humana del
educador.
El autoritarismo
El autoritarismo es la actitud
dictatorial que el profesor
asume cuando tiene íntima
conciencia de su inanidad
intelectual.
Al autoritarismo, delata
siempre un estado de
bancarrota intelectual: es el
rostro del fanfarrón académico
que, ante la imposibilidad de
suscitar respeto, se contenta
con generar temor.
El talento
El talento pedagógico tiene por
fundamento el respeto y genera
respeto.
La vocación
La vocación es el talento
cuando se aúna a la noción
de destino, de misión, de
trascendencia.
Segunda instancia
El conocimiento
La memoria es una función de
atención, del gozo, del
interés.
El cerebro humano está
programado para recordar lo
que le genera entusiasmo y
para olvidar lo que le aburre.
El conocimiento es la
información procesada,
digerida, interiorizada.
Cuando los datos han sido
transformados en sistemas
coherentes, se convierten en
conocimiento.
Tercer instancia
La cultura
El conocimiento, dista
todavía de ser el terminus
quem del proceso educativo.
Al conocimiento se le debe de
añadirse la cultura.
Por cultura entendemos
sensibilidad y, nos apresuramos
a señalarlo, no únicamente
sensibilidad artística; la
sensibilidad entraña un proceso
de identificación, de asociación
cordial –del latín corde:
corazón- con una realidad
concreta.
Sensibilidad humana,
sensibilidad histórica,
sensibilidad social… Esta
universal vibración ante la
totalidad del quehacer humano
constitutiva del hombre culto.
La cultura exige lo que
Bergson llama un esfuerzo
de “empatía imaginativa”.
Cuarta instancia
La sabiduría
El sabio tiene la
información, el conocimiento
y la cultura.
Sabiduría es el saber para la
vida.
Sabiduría es el aprendizaje, el
ejercicio de la solidaridad, del
respeto y de la paz.
La educación no es mero
pedagogismo:
No basta con saber cómo
se enseña.
Hay que saber cómo se
aprende.
Estamos en el mundo para
encarnar dos figuras:
vivir es aceptar que
seremos alumnos de nuestros
alumnos,
y a la vez maestros de
nuestros maestros.
Consignas de la
educación
El alumno es un fuego que
espera ser encendido.
Educar es contagiar un
fervor, un entusiasmo.
El profesor es un entusiasta.
El profesor es alguien que
tiene pasión.
La pasión genera una
convicción.
La convicción incita a
descubrir una vocación.
Maestro, alumno: papeles
permutables e intercambiables.
Tanto aprende el discípulo
del profesor como el profesor
del discípulo.
Créditos
Producción: Fabio Rojas Carballo
Fuente:
Presentación diseñada para capacitar a líderes de
organizaciones de base, textos del artículo:
Educar de Jacques Sagot, publicado en el diario
La Nación de Costa Rica, del 29 de agosto del
2005, página 45A.
Publicación aprobada por la Delegación Ejecutiva de la Fundación
Instituto Internacional de Liderazgo en Desarrollo Local (Fundación
ILIDES) el día 18 de mayo del 2006.
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