“Venga usted a escuchar a
un predicador con el mismo
mensaje de siempre.”
El predicador del evangelio
tiene sólo un mensaje, es el
mismo que se ha predicado
desde el principio, y es un
mensaje que no ha
cambiado.
Ese mensaje puede
resumirse en una palabra.
“VENID”.
Isaías
55:1-3
El pasaje presenta la
invitación hecha por Dios
al pueblo de Israel para
que aceptaran Su
redención. Ésta era una
invitación que el pueblo
no podía rechazar.
Dios te está
extendiendo a ti, aquí
y ahora, una invitación
que tú no puedes
ni debes rechazar.
¿En qué consistió
aquella invitación que
Dios extendió al pueblo
de Israel, misma que te
está extendiendo a ti
en este día?
Estas palabras del
profeta Isaías fueron
dirigidas al pueblo
de Israel.
No era un mal trato para
el pueblo pero como ellos
decidieron desobedecer al
Señor, Él permitió al rey
de Babilonia venir contra
Israel, vencerlo y llevar
cautivo al pueblo a
Babilonia por 70 años.
Todo esto tuvo lugar
alrededor del año
605 al 535 A. C.
Se trataba de un
mensaje de salvación.
Aquella era…
A. Una invitación universal
Obsérvese que la invitación
dice, “A todos los sedientos:
Venid a alas aguas;
y los que no tienen dinero,
venid, comprad y comed.”
(Isaías 55:1).
1. La naturaleza de la
necesidad.
Dios está hablando acerca
de una necesidad que
tenemos todos los hombres:
LA NECESIDAD
DE LA SALVACIÓN
PERSONAL,
LA NECESIDAD DE
ESTAR EN PAZ CON ÉL.
Todos los hombres,
grandes y pequeños,
ricos y pobres, sabios o
iletrados, necesitan estar
en paz con Dios, y todos
han buscado la manera
de conseguirla.
2. Buscando satisfacción a la
necesidad. Para lograr su
objetivo …
a. Hay quienes han optado por la
vida de soledad.
b. Otros han seguido la ruta del
sacrificio personal.
c. Muchos se han ido en pos de los
dioses falsos.
d. Incluso algunos han tratado de
comprar a Dios.
NINGUNA DE ESAS ES
LA MANERA DE
SATISFACER ESA
URGENTE E INTENSA
NECESIDAD.
3. El requisito para ser
beneficiario de la invitación.
La invitación del profeta era,
“A todos los sedientos”.
a. Aquí no se está aquí hablando de
agua física; por tanto, es obvio que
tampoco se está hablando de una
sed física.
Se está hablando de la necesidad de
reconciliarse con Dios.
b. La invitación “A todos los
sedientos”, va dirigida a todos los
que reconozcan que tienen la
necesidad de estar en paz con Dios.
c. La invitación es a “todos”, y el
único requisito que se pedía a los
invitados es que reconocieran su
necesidad.
Los únicos excluidos serían aquellos
que se excluyeran a sí mismos.
Esos, tristemente, no respondieron
a la invitación.
B. Una invitación generosa
1. La invitación decía, “Venid
a las aguas; y los que no
tienen dinero, venid,
comprad y comed.”
El profeta sigue usando un
lenguaje metafórico.
Él está hablando a los que se
reconocían no tener nada que
ofrecer a Dios para lograr
ponerse en paz con Dios.
2. La invitación era generosa
porque Dios es
sumamente generoso.
Él no espera a que nosotros
vayamos a buscarlo a Él,
Él viene a buscarnos a nosotros.
Es como si Dios estuviera en
medio de un mercado, o de
una plaza, implorando a la
gente que venga a Él para
que encuentre lo que
realmente necesita.
3. Ésta generosa invitación es
una que sólo Dios puede ofrecer.
Él dice, “Venid,
comprad, sin dinero
y sin precio, vino y
leche.”
Las palabras del texto son una
verdadera paradoja -- algo que
sería absurdo si no fuera cierto.
¿Cómo puede
ser cierto esto?
¿No parece más bien
una contradicción?
Es una contradicción aparente
que tiene por objeto dar mayor
énfasis a esta gran verdad.
Lo que sucede es que el
Señor ha revertido
totalmente las reglas
comerciales de los hombres.
Cuando venimos delante de
Dios a buscar la satisfacción de
nuestra más profunda e intensa
necesidad, la necesidad de
salvación, la necesidad de estar
en paz con Él, necesitamos
reconocer nuestra absoluta
pobreza espiritual delante de Él.
En este caso,
nuestro dinero no vale,
nuestras buenas obras
no valen,
nuestros contactos o
relaciones no valen.
Tenemos que hacernos a la
idea de que no hay nada que
podamos hacer para salvarnos
excepto poner nuestra fe en el
sacrificio de Cristo Jesús y
recibir, gratuitamente
-- por Su gracia -- el perdón
de nuestros pecados.
Éste es el único lugar en
el que el que recibe no
paga nada; todo lo paga
el que otorga la
salvación.
C. Aquella fue una
invitación abundante.
La oferta no sólo cubría las
necesidades básicas de la vida.
El ofrecimiento incluía vino y leche
-- sólo lo mejor. Eso era lo que el
Señor les estaba ofreciendo.
¡Lo mejor, sólo lo mejor!
D. Era una invitación que
requería una respuesta
urgente.
No sentir la necesidad de
comunión con Dios es una
penosa situación.
Y es, además, una peligrosa
situación …
Si bien Dios había sido
paciente, la invitación
no estaría abierta en
forma indefinida.
“Buscad a Jehová
mientras puede ser
hallado, llamadle en
tanto que está
cercano”.
“… He aquí ahora el
tiempo aceptable; he
aquí ahora el día de
salvación.”
(2ª a los Corintios 6:2).
A. La respuesta
profetizada.
¿Por qué?”,
pregunta a sus oyentes,
desperdiciáis
vuestras vidas?
La inferencia de esta
pregunta del profeta es que,
aunque sea difícil de creer,
hay muchos que rechazan
la invitación universal
y generosa de Dios a recibir
la vida eterna.
Pero, volviendo a las palabras
del profeta Isaías,
lo escuchamos diciendo,
“Por qué gastáis vuestro
dinero en lo que no es pan,
y vuestro trabajo
en lo que no sacia?”
¿Por qué?
B. El desconcertante y
consistente amor de Dios.
No obstante aquella
desconcertante respuesta del
pueblo, Dios aun los seguía
amando, llamando,
ofreciendo, y aun invitando.
“Inclinad vuestro oído y
venid a mí; oíd, y vivirá
vuestra alma; y haré con
vosotros pacto eterno…”
Les estaba dando una
segunda, y muy valiosa,
oportunidad.
La gran invitación de Dios
presentada a Su pueblo a
través del profeta Isaías es
presentada a nosotros ahora
mismo, con un urgente
llamado a aceptarla.
Es la oferta de vida eterna.
Nosotros somos los que
hemos desobedecido a Dios y
estamos exilados, lejos de
Dios, cautivos en tierra de
pecado, deseando disfrutar
de la cercanía y de la
comunión con Dios, sin hallar
la manera de hacerlo.
No obstante, Dios te sigue
amando, y vuelve a ofrecerte
la oportunidad de un nuevo
principio. Nuestro Dios es el
Dios de las segundas
oportunidades.
La invitación es “venid,
comprad y comed” ...
Hay un requisito definitivo:
que recibamos ese pan,
y “lo comamos”.
“Oíd”, dice el Señor,
“y vivirá vuestra alma”.
Si tú te decides a escuchar la
invitación del Señor, y a
responder a ella, tu vida será
asegurada por medio de un
pacto eterno, tal y como había
sido prometido a David.
Cristo Jesús es el mediador
del Nuevo Pacto
y todos los creyentes en Él
son ahora miembros
de la familia de Dios.
No hay objeción que valga.
Tú debes responder
sin demora.
La invitación muestra
el gran amor de Dios para
contigo y te dice que si estás
sedientos de Su gracia,
de Su amor y de Su salvación,
puedes venir al Señor y
hallarás inagotable perdón.
Serás rescatado, sanado,
restaurado, perdonado,
todo a través de Cristo
Jesús, nuestro Señor
y Redentor.
El Señor te está diciendo
“VENID”, y te daré la
vida eterna.
¿Vendrás?
Confío en que lo harás.
No te lo pierdas.
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